¿Puede la mente dañar al cuerpo?


Según recientes investigaciones que evidencian la interacción mente-cerebro-cuerpo a nivel molecular, celular y del organismo, nuestro cuerpo responde a la forma como pensamos, sentimos y actuamos, impactando sobre nuestra salud, pero ¿hasta qué punto está comprobado que los pensamientos negativos causen enfermedades? Según Oakley Ray, psicólogo, investigador, docente de psicología y psiquiatría y profesor asociado de farmacología en la Universidad Vanderbilt, USA, quien es secretario de la American Association of Neuropharmacology y del Colegio Internacional de Neuropsicofarmacología, “nuestra mente es el resultado del funcionamiento del cerebro. Cuando algo falla en el cerebro y la conexión se altera, podemos pasar de la normalidad a la locura. Así, los pensamientos, las creencias o las ideas resultan de actividades eléctricas y químicas que tienen lugar en las células nerviosas del cerebro. Cuando cambia nuestro pensamiento cambia nuestro cerebro, cuando cambia el cerebro cambia el cuerpo y al cambiar nuestra mente ésta cambia nuestra biología. De hecho, la psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) se refiere a la relación entre la psique, el sistema inmune y el sistema endocrino; por lo que se necesitan nuevas formas de caracterizar los problemas médicos ya que ahora se conocen los factores no médicos que ayudan a la gente a resistir la enfermedad y a vivir más. La mente es la primera línea que tiene el cuerpo para defenderse contra la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. De allí que lo que pensamos tiene efectos positivos o negativos sobre nuestra salud. Ahora, la ciencia debe determinar qué mecanismos psicobiológicos están implicados. Por algo Hipócrates dijo: “Lo más esencial es conocer al paciente que tiene una enfermedad que conocer la enfermedad que tiene el paciente”; y en el siglo XVII, el filósofo francés Descartes acuñó la frase: “Pienso, luego existo”, pretendiendo definir al ser humano. Siglos después, esto sigue ocupando a científicos, filósofos, místicos y curiosos, preocupados por resumir la esencia de la naturaleza humana, debido a que no obstante el avance de la ciencia, la mente sigue siendo un enigma. En este sentido, hoy día diversos estudios que demuestran la influencia de la mente en el cuerpo son aceptados por la comunidad científica, siendo la novedad una nueva ciencia interdisciplinaria que viene a poner orden entre quienes estudian la interacción mente-cuerpo: la psiconeuroinmunología (PNI), rama de la medicina que demuestra cómo las neuronas pueden contagiar al sistema encargado de proteger el organismo. En la era de los Trastornos de Ansiedad, la PNIE (psicología, psiquiatría, neurología, inmunología y endocrinología) trata el impacto en la salud de pensamientos, emociones y sentimientos, intentando unificar las especialidades que se trataban por separado, reformulando la dicotomía mente-cuerpo, porque, como lo señala la psiquiatra Andrea Márquez de López Mato, docente en la Universidad Barceló y directora del Instituto de Psiquiatría Biológica “La mente es la expresión del cerebro, pero tenemos que entender que nuestra conducta y emociones exceden incluso a lo que llamamos mente, puesto que respondemos como una totalidad, por lo que ya se habla, a nivel científico, del poder de la mente para curar o enfermar”. No obstante, Alberto Intebi, director del Instituto Argentino de PNIE, advierte, “Hay que tener cuidado cuando se habla de tal poder, puesto que hay enfermedades que siguen su curso por mucha buena voluntad que se ponga. La mente ayuda, pero decir que puede curar todo es una barbaridad”. Las dolencias debidas a causas mentales se llaman psicosomáticas (psique: mente, soma: cuerpo) y su historia es tan larga que ya en los años 20, el médico alemán Georg Groddeck escribió sobre la importancia de los factores psíquicos en las enfermedades: “Un ojo que a diario esté obligado a contemplar mil veces algo que no desea ver, finalmente se cansa y decide no verlo, volviéndose miope”. Por su parte, el doctor Bruce McEwen, director del Laboratorio de Neuroendocrinología de la Universidad Rockefeller, en Manhatan, autor del libro El fin del estrés tal como lo conocemos, sostiene, “se ha demostrado que el estrés severo debilita el sistema inmunológico, presiona al corazón, daña las células de la memoria y deposita grasa en la cintura, en lugar de en las caderas y glúteos, lo que es un factor de riesgo para padecer males cardiacos, cáncer y otras enfermedades. Igualmente, se ha comprobado que el estrés incide en el envejecimiento, la depresión, los males cardiacos, la artritis reumatoide y la diabetes. Las tensiones psicológicas pueden causar enfermedades. Cuando las presiones son muchas y sostenidas el organismo se desequilibra, pudiendo lesionar los sistemas cardiaco, inmunológico y neurológico. Somatizar, es decir, poner el conflicto en el cuerpo, es una conducta frecuente en los humanos, quienes no elegimos que esto ocurra de manera consciente, puesto que las somatizaciones corresponden al terreno de lo inconsciente”. Si la mente puede enfermarnos también puede curarnos. Por ende, mantener una actitud positiva, mirar el vaso medio lleno en lugar de medio vacío y visualizar que nuestro cuerpo goza de perfecta salud, es fundamental.
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¿ Humanos-cibernéticos ?

Casi sin notarlo, la especie humana está dando pequeños pero decisivos pasos en su escala evolutiva y, según científicos expertos en nuevas tecnologías, la era de los cyborgs (criaturas con componentes biológicos y mecánicos) ya está aquí. “Nos dirigimos hacia el hombre-máquina, inmune al dolor y al tiempo. El inusitado desarrollo de la robótica, la cibernética y la nanotecnología hace prever un futuro de humanos-cibernéticos con autonomía propia, con chips, prótesis y sensores artificiales incorporados en su cuerpo”. El avance tecnológico-informático ha afectado los procesos inteligentes del ser humano y en ciertas actividades mentales (memoria, lógica y toma de decisiones), vemos que las máquinas sustituyen al hombre en aspectos que no sólo son suplantados artificialmente sino que son más rápidos, poderosos y confiables. Ahora mismo existen muchos cyborgs, como el norteamericano Matthew Nagle, lisiado que sufre de parálisis total, quien usa una computadora moviendo el cursor con su cerebro, gracias a un biochip incrustado en la zona del córtex, que controla su mano izquierda. Asimismo, biochips identificadores; implantes eléctricos computarizados; marcapasos que marcan el latido del corazón; corazones y extremidades artificiales; implantes en el oído que pueden trasmitir sonidos y repetirlos en el sistema nervioso y bombas que dosifican calmantes e insulina han sido colocados en humanos, a la par que se prueba un sistema de electroestimulación cerebral para combatir la depresión y está en fase experimental un sistema similar para tratar migrañas, adicciones y obesidad. Del mismo modo, más de 40.000 enfermos de Parkinson llevan electrodos en su cerebro que controlan sus temblores y muchas personas caminan, corren o nadan con piernas computarizadas. En 1998, Kevin Warwick, profesor jefe del Departamento de Cibernética de la Universidad de Reading, Inglaterra, (dedicado a la investigación de inteligencia artificial, robótica y cyborgs), se implantó un chip en su brazo izquierdo, conectando su sistema nervioso a una computadora que le permitía manejar a distancia aparatos electrodomésticos y comunicarse con su esposa, a la que también se implantó un chip. “Esto nos permitió elevar nuestras capacidades humanas, mejorando nuestros sentidos, siendo capaces de realizar complejas operaciones”. El cerebro humano y las computadoras están cada vez más relacionados. Según algunos científicos, en el futuro veremos sorprendentes desarrollos en el campo de la medicina, la cual está a las puertas de un territorio desconocido, donde existe la posibilidad de tratamientos con éxito en enfermedades y dolencias para las que hoy no existen alternativas. Los nanorobots viajarán por nuestra corriente sanguínea de órgano en órgano, buscando y removiendo células cancerígenas. La fuente de poder de los equipos tecnológicos será el cuerpo humano y la comunicación será a través de señales y no hará falta hablar. Tal conexión directa abre un mundo de posibilidades. Se trata de un cambio científico pero también filosófico que nos obliga preguntarnos: ¿Quiénes somos realmente? “Las máquinas son superiores a los humanos porque tienen memoria casi ilimitada, extraordinaria capacidad de cálculo, posibilidad de comprender más de tres dimensiones, captan ultrasonidos, emiten infrarrojos y se comunican sin hablar. Esta conexión física y metafísica ya ha empezado a convertirnos en cyborgs. Por ejemplo, una persona implantada con un marcapasos puede considerarse un cyborg, puesto que no podría sobrevivir sin ese componente. El 10% de norteamericanos es cyborg, pues cuenta con marcapasos electrónicos, articulaciones artificiales, miembros protésicos y piel artificial". Somos sólo un eslabón de la cadena evolutiva. Hasta ahora pensábamos que éramos el final de la evolución. Estamos comenzando a aceptar que somos parte de un proceso evolutivo que se acelera vertiginosamente. Entonces, ¿Por qué creer que la evolución de la inteligencia, desplegada durante cientos de millones de años se detuvo repentinamente en el nivel humano? Es probable que una nueva forma de vida inteligente surja y sobrepase al hombre, igual que éste sobrepasó al Australopithecus; pero, a diferencia de muchas otras especies, el Homo Sapiens quizás no se extinga sino que se transforme en Homo Ciberneticus.
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Sorprendentes vínculos mascotas-humanos


Según investigadores del comportamiento animal (etólogos), los animales entienden nuestros diferentes estados de ánimo. “El vínculo emocional es tan grande que permite que muchos entrenadores logren que un animal ejecute órdenes sin siquiera hablarle. Esto ocurre gracias a la existencia de un sentimiento empático muy desarrollado entre el hombre y el animal, puesto que para la mascota nosotros somos sus cuidadores, los alimentamos y les damos cariño y comprensión; de ahí que se sientan agradecidos y lo demuestren con gestos y miradas llenas de ternura”. De acuerdo a investigaciones realizadas en el campo de la etología (parte de la biología que estudia el comportamiento de los animales), se ha demostrado la existencia de conductas anticipatorias en los animales. Rupert Sheldrake, naturista de Harvard, es uno de estos científicos que ha desarrollado tales experimentos. Según él, estas conductas podrían tener relación con capacidades extrasensoriales tales como la telepatía. “Existen casos sorprendentes como el de Jackson, un perro de Virginia, USA, cuya dueña estaba casada con un capitán de barco que pasaba mucho tiempo fuera de casa y cuyas fechas de retorno eran imprevisibles pero, gracias a su mascota, ella sabía cuándo atracaba el barco de su marido en el muelle, pues, increíblemente, el aviso llegaba a través de los continuos ladridos del perro, el cual, nervioso y excitado, salía de la casa y se colocaba en la puerta mirando en dirección al lugar por donde aparecía el auto de su amo”. Según las investigaciones, las conductas observadas establecen una pauta: la mascota comienza a actuar de forma diferente, justo cuando su dueño emprende la vuelta a casa, independientemente de que éste se encuentre en sitios lejanos. “Cuando el dueño del animal emprende su regreso, el animal reacciona justo cuando el auto comienza a andar, mientras que si se trata de un vuelo de varias horas, el estado de alerta de la mascota arranca justo cuando el avión despega. Incluso se han comprobado vínculos post-mortem”. Uno de esos casos fue el de un pastor escocés, en Moscú, cuyo dueño sufrió una enfermedad y, tras convalecer unas semanas, falleció. Durante el velorio, el perro se mantuvo velando su cuerpo y, al parecer, la tristeza le afectó tanto, que ante el asombro de todos se lanzó por la ventana desde el regazo del cadáver, matándose al instante. Otro sorprendente ejemplo de fidelidad lo dio Joe, un hermoso can, cuando su dueña perdió a su marido tras una enfermedad. Un mes después del deceso, Joe se escapó de casa durante varios días, pero la sorpresa se produjo cuando la viuda fue al cementerio y lo encontró sobre la tumba de su esposo. Lo increíble es que Joe no había ido nunca al cementerio. “Vale decir también que no es raro que un gato intente descolgar el teléfono que suena, si es su amo el que llama, o el caso de gatos que han recorrido muchos kilómetros para encontrar a su dueño. Algunos perciben cuando su amo está en peligro o saben cuando va a llegar a casa, incluso, los días que llegan a horas distintas a las habituales”. Otros etólogos afirman que los animales tienen una percepción especial para detectar fantasmas. “En ocasiones se ha observado como perros y gatos se quedan ladrando o aullando mirando fijo a un punto en la nada. Es una especie de sexto sentido que les permite sentir la presencia de seres espectrales, cuya compañía parece no gustarles”. Relacionado con este extraño comportamiento, Marie Andersen, residente en Bostón, señaló: “En una noche tranquila, donde no se oía ningún ruido, de repente nuestro gato echó las orejas hacia atrás. Con las pupilas dilatadas, el pelo erizado, moviendo el rabo y soplando, se quedó mirando fijamente en dirección a nada. Estaba aterrado y en posición de defensa ¿Pero de qué? Tal vez pudo sentir algo no perceptible a nosotros”. Por su parte, el parapsicólogo norteamericano Robert Morris, sostiene que la sensibilidad de los animales hacia los fenómenos paranormales es inquietante. Morris ha utilizado animales como “controles” en varios experimentos. “En una ocasión investigué una casa supuestamente habitada por fantasmas, concretamente una habitación en la que había ocurrido una tragedia. En tal ocasión utilicé un perro, un gato, una rata y una serpiente. Cuando intenté meter al perro, este empezó a gruñir negándose a entrar. Luego llevé en mis brazos al gato. Estando cerca de la puerta saltó inmediatamente sobre mi espalda, luego brincó al suelo y se acercó a una silla, donde se detuvo erizado, bufando, mirándola fijamente hasta que lo sacamos. La serpiente adoptó rápidamente una postura de ataque contra la misma silla. Luego giró lentamente la cabeza hacia la ventana, para luego apartar la vista de ella y adoptar de nuevo la posición de ataque. El único animal que no reaccionó fue la rata. Posteriormente, fuera de la habitación se comportaron normalmente”. Si estos reportes se confirman científicamente, podrían ser utilizados en el futuro como un sistema de alerta para los humanos.
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¿Cuándo comienza la vejez?


De acuerdo a la tendencia demográfica, la población mayor de 60 años, donde predominan las mujeres, se ha incrementado en Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón y en algunos países sudamericanos. Ante esto, cabe preguntar ¿cuándo comienza la vejez? Un adolescente diría: “A los 20 ó 25 años”. Según los científicos, aún no existe respuesta, aunque muchos de ellos afirman que cada vez comienza más tarde, debido a que es el proceso más multifactorial y diverso, en el que cada célula envejece de manera diferente, a la vez que con el tiempo la expectativa de vida aumenta. Se puede ser viejo a los 60 ó a los 40. Todo depende del espíritu y ansia de vivir. “A los 50 se inicia el proceso gerontológico, pero no sucede en todos. A esa edad se define la calidad de vida de las siguientes décadas dependiendo si la persona se mantiene o no en actividad física y mental. Biológicamente no existe una edad establecida para el inicio de la vejez. Esta comienza cuando se pierde interés y motivación por el entorno y la persona se aísla, acelerando el envejecimiento”. Al nacer se pone en marcha el reloj biológico en el que la vejez está genéticamente determinada como pérdida progresiva de la capacidad de auto-regeneración de las células. Aún así, los científicos sostienen que estamos programados para vivir entre 100 y 120 años, señalando que nadie muere por causas directas del envejecimiento sino por enfermedades asociadas. Este proceso natural tiene lugar después de la maduración reproductiva y es el resultado de la disminución de la energía capaz de mantener el funcionamiento celular. Según recientes investigaciones, el organismo está preparado para vivir determinada edad sin grandes cambios degenerativos puesto que existen formas para retrasar o adelantar el envejecimiento. Lo primero se logra con un estilo de vida saludable que incluya ejercicio físico para prevenir problemas óseos, alimentación saludable (frutas, verduras y cereales integrales) y desarrollar una actividad intelectual. Lo segundo lo provocan los malos hábitos de vida (fumar, ingesta alcohólica excesiva, alimentación inadecuada, inactividad física, vivir bajo estrés y acumulación de sustancias tóxicas). Según el profesor Ian Robertson, decano de investigación del Instituto de Neurociencias del Trinity Collage: “Antes de que se instale la vejez, la nueva edad adulta oscila entre los 50 y los 80 años. La barrera es el deterioro de las funciones cerebrales y en este sentido, a partir de los 60, la ejercitación y la estimulación cognitiva permite rejuvenecer la mente unos 14 años. A los mayores de 50, el ejercicio los vuelve más ágiles mentalmente y menos olvidadizos”. Otro científico, Pankaj Kapahi, profesor del Instituto Buck de Investigación del Envejecimiento, de USA, sentenció: “La expectativa de vida aumenta. En el siglo pasado creció más que en 2000 años. Mientras un habitante de la antigua Roma no superaba el promedio de 20 a 22 años de vida, un ciudadano europeo de 1900 podía vivir hasta los 50. Ahora, según la ONU, un bebé tiene una expectativa de vida de 81 años si nace en Japón, o de 74 si nace en Argentina”. Por su parte, el doctor León Schurman, jefe de Metabolismo Fosfocálcico del Servicio de Endocrinología del Hospital Francés, de Argentina, expresó: “Aún cuando a partir de los 35 la estructura ósea comienza a envejecer y empieza un proceso de reducción lenta que en la mujer se acelera con la menopausia y en el hombre es más lento, yo opino que la vejez empieza cuando uno quiere. Si no, vean mi caso: tengo 75 y no sólo me siento joven sino que me desempeño como tal”. Razones similares aduce el gastroenterólogo Juan Gregorio, (alumno del premio Nobel Bernardo Houssay); quien a sus 85 atiende dos consultorios y hace gimnasia cada día: "Mi secreto: mantener la memoria y el cuerpo activo. El aparato digestivo no envejece, lo que cambia el tiempo es la capacidad de moverse del colon y esto produce constipación o incontinencia urinaria". “¿Se puede considerar viejo a quien tiene en perfecto estado su funcionalidad orgánica y realiza de manera independiente actividades básicas de la vida (alimentación, continencia, transferencia, uso del sanitario, vestido y bañado); e instrumentales (cocinar, hacer compras, labores domésticas, utilizar el teléfono, lavar ropa, viajar, tomar medicamentos o administrar los gastos personales?”. Robertson contesta: “Definitivamente No. Ser viejo no es estar enfermo, sentirse inútil, desplazado, retirado o no deseado. Simplemente es una condición de vida que hay que asimilar con inteligencia. Sólo las sociedades ignorantes y atrasadas reaccionan con desdén ante la vejez. En cambio, en las inteligentes y avanzadas, la experiencia se considera un recurso valioso. Envejecer no significa aislarse. Gracias a los nuevos medicamentos y a los avances de la ciencia ya nadie puede considerarse viejo debido a achaques o deficiencia sexual”. Ser viejo es sólo una actitud mental y espiritual. El secreto: Siéntase joven y actúe como tal.
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Astrología ¿ciencia o fraude?


Según el diccionario, astrología es la ciencia que estudia el efecto de los astros sobre los seres biológicos, o la disciplina que observa, analiza y estudia las posiciones y movimientos de los astros, relacionándolos con el desarrollo de los acontecimientos que se producen en la Tierra. Desde la antigüedad ha sido utilizada por el hombre aceptando que tiene paralelismos simbólicos en todas las religiones y en las manifestaciones culturales, por cuya razón la catalogó como un saber-puente, raíz de culturas. La astrología tuvo su origen en diferentes regiones del planeta, siendo los primeros en desarrollarla los babilonios, los griegos, los caldeos y los mesopotámicos. Luego, los chinos, la antigua India y las civilizaciones mayas de Centro y Norteamérica desarrollaron otras variedades; mientras que filósofos como Pitágoras y Platón, en Grecia, la incorporaron a sus estudios sobre religión y astronomía. En otro tiempo, Carlos Gustavo Jung, eminente psicoanalista, creador de la teoría del inconsciente colectivo, se interesó en ella hasta el punto de hacer un estudio astrológico de una serie de parejas a fin de comprobar la influencia de los astros en la problemática de sus relaciones. No obstante, durante siglos la ciencia han rechazado sus principios, pese a que millones de personas sigue creyendo en ella. De este modo, el efecto del Cosmos, que puede describirse exactamente por medios astronómicos, muestra en cada persona características diferentes e individuales. De ser esto cierto, ¿deberíamos aceptar que nuestra vida sigue un curso predestinado que no podemos cambiar? ¿Y que desde la perspectiva de los estudios astrológicos supuestamente serios y profundos, cada individuo es una entidad psicológica compleja con una personalidad de variados aspectos que a menudo están en conflicto? Quienes creen en ella, atribuyen a su influencia que algunos días parecen ser simplemente malos, que nada funciona, mientras que en otros, todo parece salir bien, y que en otros uno se siente triste y deprimido, aparentemente sin razón. Asimismo, que existen días cuando uno desea el contacto humano y otros, cuando desea estar solo. Según los astrólogos, los cambios que se generan en cualquier período de nuestra vida se deben a los tránsitos de los planetas, puesto que sus efectos a menudo son registrables por varios meses y aún, por años. Sostienen también que la posición de los astros en el momento exacto del nacimiento de una persona refleja el carácter de esa persona y por tanto, su destino. Se cree que la astrología es la actividad racional más antigua conocida por el hombre, ya que a través de la observación y estudio del comportamiento de los astros (el Sol, la Luna y los planetas visibles a simple vista), diversas civilizaciones conocieron su razón de ser sobre la Tierra. Basado en esto, para muchas civilizaciones, el cielo no es otra cosa que el mismo cosmos de donde provienen las fuerzas físicas planetarias que afectan el comportamiento general de nuestro planeta, incluido, por supuesto, el de sus habitantes, de sus estaciones y de sus movimientos internos. Pese a ello, la astrología ha sido asociada a superstición, fraude e irracionalismo, aunque, según los astrólogos, está al lado de las llamadas ciencias humanas, al mismo nivel que la psicología, la sociología o la historia; siendo en sus inicios inspiración a la medicina, la meteorología, la música, la química del renacimiento y la ilustración (Galileo, Kepler, Newton, Lavoisier), y la psicología de la personalidad y el comportamiento (Jung). En el siglo XX, Albert Einstein, quien poseía amplios conocimientos de esta materia, siempre fue respetuoso con ella. Aunque parte de datos numéricos, cuantitativos y medibles, sus conclusiones no lo son, y por tanto no son demostrables en términos físico-matemáticos. Durante la edad media fue ampliamente practicada en Europa, a pesar de que las autoridades cristianas la condenaron. Hasta el siglo XVI muchos sabios consideraron a la astrología y la astronomía como ciencias complementarias. En aquella época, los descubrimientos realizados por astrónomos como Nicolás Copérnico y Galileo Galilei socavaron algunos de sus fundamentos y a partir de entonces, los científicos dejaron de prestarle atención, catalogándola como seudo-ciencia (doctrina de carácter esotérico desprovista de algún valor científico, asimilable a las creencias, basada en afirmaciones indemostrables y no verificables). Desde entonces, la astrología permanece inadmisible dentro del sector científico en todo el mundo, aunque cada vez más gente cree en ella.
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La estupidez humana


El diccionario define la estupidez como “la torpeza notable en comprender las cosas; o el dicho o hecho propio de un estúpido, necio, o falto de inteligencia”. Al respecto, hace algún tiempo el catedrático italiano Carlo Cipolla, quien exploró el controvertido tema de la estupidez humana, formuló su famosa Teoría de la estupidez, basado en las cinco siguientes leyes: 1. Subestimamos el número de estúpidos que circulan por el mundo. 2. La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica. 3. Un estúpido es una persona que causa daño a otra sin obtener provecho para sí, o incluso, perjudicándose a sí mismo. 4. Los no estúpidos subestiman el potencial nocivo de los estúpidos, olvidando que en cualquier momento, lugar, o en cualquier circunstancia, tratar o asociarse con ellos representa un gran error. Y, 5. El estúpido es la persona más peligrosa que existe, siendo más peligrosa que el malvado. “Avalada por años de observación y experimentación, tengo la convicción de que los hombres no son iguales: algunos son estúpidos y otros no lo son. En consecuencia, estimo que todos estamos incluidos en cualquiera de las siguientes categorías: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos. Los incautos: Estos realizan acciones cuyo resultado genera pérdida para ellos y ganancia para otros. Los inteligentes: Suelen realizar acciones de la que ambas partes obtienen provecho, comportándose alguna vez como incautos o como malvados. Pero, puesto que son inteligentes, la mayor parte de sus acciones tendrán que ser inteligentes. Los malvados: ¿Quién no recuerda que desgraciadamente estuvo relacionado con alguien que obtuvo una ganancia causándole perjuicio? Existen dos tipos de malvados; el malvado perfecto que con sus acciones causa a otro, pérdidas equivalentes a sus ganancias; y, el deshonesto: aquel que obtiene ganancias mayores que las pérdidas que ocasiona a otros. Los estúpidos: En muchas ocasiones sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad o buen humor por culpa de las acciones de algún sujeto al que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daño, frustraciones o dificultades, sin que él gane nada. Entonces nadie entiende por qué ese sujeto hace lo que hace. Se trata solo de un estúpido, cuya mayoría insiste en causar daño a otras personas sin obtener ganancia alguna. Lo más inverosímil es que con sus acciones no solo causan daño a otros, sino también a sí mismos. En este caso se trata de súper estúpidos”. En su obra Cipolla sigue planteando: “Con diferente intensidad los estúpidos influyen sobre otras personas, algunos causando pequeños perjuicios y otros ocasionando daños terribles, incluso a comunidades enteras. Su “capacidad” de hacer daño depende del factor genético o del grado de poder o autoridad que ocupen. Son funestos porque a las personas razonables les resulta difícil entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado, puesto que esta sigue un modelo de racionalidad, aunque perversa, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado siempre quiere añadir más a su cuenta causando menos al otro; lo que no es justo, pero sí racional, y si es racional uno puede preverlo. Con un estúpido esto es imposible ya que este actuará sin razón o sin plan preciso en los momentos y lugares menos esperados. Por ello, frente al estúpido uno siempre está desarmado ya que no existe modo racional de prever cómo, cuándo o dónde actuará; de allí que generalmente su ataque nos coge por sorpresa. Otra circunstancia nos desarticula frente al estúpido: el inteligente sabe que es inteligente; el malvado, que es malvado; el incauto, que está imbuido de su propia candidez; y, al contrario, el estúpido no sabe que es estúpido. ¿A casi todos no nos ha ocurrido que, como si hiciese la cosa más natural del mundo, con una sonrisa en sus labios, aparece inesperadamente un estúpido para amargarnos la vida, echarnos a perder el momento, destruir nuestra paz, complicándonos todo, haciéndonos perder tiempo, dinero, buen humor, apetito, productividad o todo, sin malicia, sin remordimientos y sin razón, sino por la simple razón de que él es un estúpido? Sorprende que generalmente se cree que un estúpido sólo se hace daño a sí mismo, lo que significa que se confunde estupidez con candidez. Paradójicamente esto viene a ser una estupidez de quien lo crea. Otro grave error es creer que el número de ellos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una en ascenso. La diferencia está en que en la sociedad en declive los estúpidos se vuelven más activos por la permisividad de los otros. En un país en decadencia, el porcentaje de estúpidos sigue siendo igual; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de incautos. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Esto depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos. Caso contrario, inevitablemente se refuerza el poder destructivo de estos últimos, conduciendo a los países a la ruina. Es más dañino el estúpido que el malvado, porque el malvado comete maldades cuando tiene ocasión, mientras que el estúpido lo hace, incluso sin querer, a tiempo completo".
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Muerte aparente, catalepsia y letargia


A lo largo de la historia, son muchos los casos de personas que aparentemente han fallecido y que luego de pasado algún tiempo, inexplicablemente han vuelto a la vida. Con el acta de defunción en sus manos, los familiares de Cornelio Cepeda preparan la casa para rendirle cristiana despedida. Por la noche, en la vivienda se escuchan llantos y rezos. Horas después, un hecho insólito horroriza a los presentes que huyen despavoridos del lugar. El “difunto” se ha levantado de la urna, y sentado balbucea incoherentes palabras. Entre aturdida y asustada, su esposa se atreve a acercársele y le acaricia la cara aún sumamente fría, lo que no le importa porque su compañero ha regresado a la vida. La extraña noticia corre como pólvora y algunos tratan de explicar lo sucedido como un error de los médicos al diagnosticar la muerte de aquel hombre. ¿Se trata de muerte aparente, de catalepsia o de letargia ? Otras personas que sufrieron experiencias similares no tuvieron la suerte de no haber sido enterradas vivas, tal como le ocurrió a
Carlos Castañeda, quien no podía mover su cuerpo pero sentía sus honras fúnebres, los sollozos de su familia y la mecánica actuación de los sepultureros que lo enterraron. Desesperado, Castañeda ansiaba gritar “¡Estoy vivo!”, “¡Estoy vivo!”, pero todos lo dieron por muerto. Dos días después, esperanzado, escuchó a los sepultureros exhumar su cuerpo, pero siguió sin poder dejarse notar y con pánico escuchó cómo iba a ser diseccionado. Luego llegaron las descargas eléctricas para livianizar su rigor mortis y se aproximó un forense con una lámina afilada que penetró en su pecho... Entonces pudo gritar y su alarido se oyó en kilómetros. ¡Había revivido! Determinar qué es la muerte y cuáles son los síntomas que la certifica es una vieja lucha de la medicina que parece que aún no ha sido ganada. Quizá la explicación a muchos casos similares se halle en la probabilidad de que una muerte aparente no sea tal y que los resucitados no hayan, en realidad, atravesado el tétrico umbral. En muchos países, a menudo diversas personas son enterradas vivas. Por ejemplo, cuando fueron repatriadas numerosas víctimas de la Guerra de Vietnam, los féretros de un 4% de ellos presentaron sus cuerpos retorcidos, sus puños roídos y la madera arañada. Habían revivido en sus urnas sin poder salir de ellas. Igual sucede con cierta regularidad en algunos hospitales, donde hombres y mujeres despiertan a la vida en los fríos depósitos de cadáveres, o luego, en sus viviendas cuando reciben las honras fúnebres y, a veces, en el transcurso de sus propios entierros. En otros casos, muchos no tan afortunados despiertan bajo tierra, tal y como confirmaron sepultureros parisinos en la década de los 70, cuando señalaron que muchos cadáveres al ser exhumados mostraban signos de aparente "resurrección". La muerte aparente pudiera tener su explicación en la catalepsia y la letargia, estados similares en donde las funciones del cuerpo cesan y los signos vitales desaparecen; pero hasta ahora los médicos no han podido encontrar los orígenes de estas dos extrañas condiciones que no representan en el hombre algún tipo de enfermedad, sino más bien un proceso cuyas implicaciones y orígenes se encuentran en el espíritu, por lo que la doctrina espirita los considera como fenómenos anímicos, “pudiendo incluso llegar a ser procesos mediúmnicos, puesto que no existe una respuesta en la ciencia que de fin a las interrogantes que esto produce”. Vale decir que la catalepsia se diferencia de la letargia en cuanto al grado de profundidad en el que se produce el adormecimiento del cuerpo que sucede de forma sectorizada y por menor tiempo. En la letargia, el adormecimiento es total y el proceso puede durar varios días, generando incluso signos de descomposición orgánica. Cuando nos referimos al concepto muerte hay que diferenciar los vocablos cadáver, muerto, y difunto, usados regularmente en forma errónea, otorgándoles igual significado o parecido, cuando en realidad no expresan lo mismo. Veamos: cadáver proviene de "caer". Se interpreta como "inmóvil" o que carece de movimiento. Para otros significa "carne entregada a los gusanos". Difunto es quien ha exhalado el "último suspiro". Agonía: deriva de agon, que significa combate (lucha entre la vida y la muerte). Muerto es quien carece de existencia. También significa cesación o negación de la vida. Actualmente, el médico posee un conjunto de conocimientos para efectuar, sin margen de error, un correcto diagnóstico de la muerte de una persona. Sin embargo, esto no quiere decir que todo está resuelto y que pueda descuidarse este aspecto, ya que de cometer alguna equivocación, esto implica sanciones legales. Asimismo, hoy en día, los plazos exigidos por la mayoría de las legislaciones y un correcto diagnóstico hacen prácticamente imposible la existencia de inhumaciones prematuras.
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¿La reencarnación de Mozart?


Con apenas diecisiete años se le considera como el mayor genio musical de los últimos 200 años. Se llama Jay Greenberg, nació en New Haven, Connecticut y comenzó a tocar el violonchelo cuando tenía tres años. Después aprendió a tocar el piano sin que nadie lo enseñara. Según sus maestros, la crítica especializada y el editor de Claves Musicales, “su gran talento para la composición y dirección y su versátil repertorio, desde sonatas y conciertos para piano hasta profusas sinfonías, ha sido comparado con Mozart, Mendelssohn y Saint—Saëns. Su Obertura al 11-09 recibió el Primer Premio de Composición en la Juilliard School of Music, de donde es egresado y en 2004, 2005 y 2006 ganó el premio para jóvenes compositores de la Fundación Morton Gould”. Jay ha suscitado un enorme interés en los Estados Unidos, sorprendiendo gratamente a quienes han escuchado algunas de sus obras. Su caso es sorprendente e insólito: Greenberg, quien firma sus obras con el seudónimo de Bluejay, teniendo dos años dibujó un violonchelo y le pidió a sus padres que le compraran uno. Según su madre, nunca antes había visto un instrumento musical. -“Quedamos sorprendidos ya que la música no jugaba un rol importante para nosotros y no teníamos ningún tipo de contacto con instrumentos. Cuando acudimos a la tienda musical se abalanzó sobre un mini-violonchelo y comenzó a tocar”. A los tres años comenzó a componer creando en pocos minutos notas para todos los instrumentos. En la escuela se la pasaba escribiendo partituras sin prestar atención a las materias por lo que sus padres fueron llamados varias veces, debido a su comportamiento "problemático". A los diez años ingresa al Conservatorio Julliard, de New York. A los trece ya había escrito cinco sinfonías. Una de ellas, su 5ª Sinfonía, la comenzó a escribir en su escuela, aburrido con la clase de historia, mientras miraba "ausente" un mapa en la pared. Cuando fue grabada por la Sinfónica de Londres Jay oyó por primera vez su obra que tiene 190 páginas, pues asistió al estudio de grabación para ver si las notas eran tocadas tal como él las había imaginado. Es el compositor más joven que ha firmado contrato con Sony Classical e IMG Artists. Según su mentor, el reconocido compositor Sam Zyman, “Jay está al nivel de los mayores genios de la historia en el área de la composición. Es un fenómeno raro ya que cuando uno compone tiene que contestar miles de preguntas como ¿qué notas debe tocar el oboe? ¿Qué ritmo debe tener otro de los instrumentos? ¿Cuándo deben entrar los violines? Etc; y él, delante de uno puede componer una estupenda sonata para piano en sólo 25 minutos, mientras que tradicionalmente compositores muy talentosos logran componer de cinco a seis sinfonías en toda su vida y Jay a los doce años de edad ya había logrado eso”. No precisa de ningún instrumento, le basta con su mente para escribir sin tachaduras y no relee lo que escribe porque todo le sale bien. "Oigo la obra tal cual es, como si alguien ya la hubiese escrito. Cada instrumento viene por si mismo. No sé de dónde viene la música, pero viene con la velocidad de la luz.” Su oído es mucho más sensible que el de las personas normales. Para no ser perturbado por los ruidos de la ciudad, que para él son mucho más altos, se tiene que tapar los oídos, pero aún así no logra desligar el sonido de la música. "Mi cerebro logra controlar dos o tres músicas diferentes al mismo tiempo, en simultáneo con los otros sonidos”, afirma Jay. Cuando la Sinfónica de Londres tocó la parte final de su obra, sacó un papel y se puso a escribir otra. Recientemente, el canal CBS hizo un especial sobre él. Allí, su maestro Sam Zyman señaló: “Jay tiene la capacidad de los mejores compositores clásicos que han influenciado el mundo musical. Puede escribir maravillosas piezas en minutos y una sinfonía completa en pocas horas. ¿Cómo explicar un talento tan exquisitamente desarrollado a esa edad? ¿Cómo explicar que en menos de una hora un niño de sólo ocho años pudo componer -sin un piano- una sonata para piano en el estilo de Beethoven? ¿Cómo pudo componer a los 10 años, en apenas unas semanas, un concierto en tres movimientos, totalmente orquestado?”. Su profesor de piano en el conservatorio, considerado como uno de los mejores virtuosos de ese instrumento, expresó a CBS: “Ya en aquel tiempo yo casi no podía tocar lo que él componía porque era demasiado complicado. Un día me sorprendió tocando una sinfonía de Beethoven, de atrás hacia delante y no fui capaz de seguirlo.” En un concierto que grabó la CBS en Nueva York, en el cual se tocó su sinfonía Store, el público se entusiasmó tanto que parecía estar fuera de quicio, suscitando ovaciones de varios minutos. CBS lo grabó también en su casa. Allí les mostró cómo compone y dirige estando en su computadora, donde sus dedos corren velozmente sobre el teclado. “Frecuentemente se cae el sistema porque soy demasiado rápido”. Las obras de Jay están siendo tocadas por diversas orquestas en el mundo. Su concierto para violín fue ovacionado en su estreno mundial en el Carnegie Hall. Cuando Sony editó su primer disco en agosto de 2006, él ya tenía escritas más de 100 piezas, incluyendo 5 sinfonías, 17 sonatas para piano y 3 conciertos para piano. Jay conduce con enorme talento a través de una gama de emociones, entusiasmo y lirismo. ¿Se trata acaso de un niño índigo? quienes desde temprano demuestran que pertenecen a una generación especial, siendo portadores de un alto nivel de inteligencia, pertenecientes, según los psicólogos, a una generación espiritual, especial para este momento de gran transición de pruebas y expiaciones que permitirá alcanzar la regeneración de la humanidad. ¿O se trata de la reencarnación de Wolfgang Amadeus Mozart ?
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¿Ovnis desde siempre?


El tema de la presencia de ovnis en la Tierra siempre ha estado presente a lo largo de nuestra historia, generando una serie de creencias, dudas y contradicciones. Según algunos autores, las naves espaciales comenzaron a aparecer en 1947, mientras que los ufólogos plantean que han estado aquí desde siempre, aduciendo que culturas místicas como la egipcia y la maya muestran evidencias de su existencia desde la antigüedad. “Hay que recordar que personajes bíblicos como la madre de Jesús y el profeta Elías fueron ascendidos a los cielos en carros de fuego. Asimismo, una nave extraterrestre visita La Tierra cada seis minutos; el 5% de la población del planeta ha tenido algún tipo de encuentro cercano; y el 6% de la población de USA muestra los síntomas de las personas que han sido abducidas por extraterrestres. Según esos relatos, la NASA vendría manteniendo contacto con seres de otros planetas, a la vez que guarda muchos secretos y un gran archivo de fotos que registran, entre otros aspectos, la presencia de naves extraterrestres ocultas en el desierto de Nevada. Pese a la polémica de la presencia de extraterrestres en la Tierra, existe una extensa lista de personajes, que a lo largo de la historia han defendido esta tesis. Veamos algunos de esos personajes: En el siglo XV a.c. Tutmosis III el Grande y sus soldados vieron objetos volantes no identificados; Alejandro Magno y Timoleón en el siglo IV a.c. también vieron ovnis; Aulio Postumio, vio apoyada su batalla contra Tarquino y Ocatavio Manilio (año 498 a.c.), por la repentina presencia de dos extraños jinetes de estatura superior a la humana, que se pusieron a la cabeza de las tropas y volcaron la batalla a su favor. En el año 322 a.c. Alejandro Magno fue ayudado por varios escudos volantes que propiciaron el asalto y toma de Tiro. El día de la batalla de Cannae, año 216 a.c. los romanos y cartagineses observaron objetos redondos durante toda la noche. En el año 205 a.c. en Fregallae, cerca de Roma, la noche se volvió como el día y en Setie una luz brillante fue vista volar en el cielo. En el siglo I a.c. Cayo Julio Cesar y Pompeyo vieron objetos voladores. En el Libro de los Prodigios, Julio Obsequens recoge textos de Cicerón, Tito Livio, Séneca y otros: "Siendo cónsules Cayo Mario y Lucio Valerio, se pudo ver en diversos lugares de Tarquinia un objeto que semejaba una antorcha encendida que súbitamente cayó del cielo. Hacia el anochecer se vio un objeto volador circular llameante que cruzaba el cielo”. Personajes como Hermes Trismegisto, sumo sacerdote de Egipto; Metrodoro de Quíos, filósofo griego; Tito Lucrecia Caro, poeta latino; Giordano Bruno, filósofo italiano; Nicolás Copérnico, astrónomo polaco; Johannes Kepler, astrónomo y filósofo alemán; Galileo Galilei, astrónomo y físico italiano: Aristóteles, matemático y filósofo griego; Platón, filósofo griego; Sócrates, filósofo griego; Empédocles, filósofo griego; Lorenzo Hervás y Panduro, escritor y filósofo conquense; Jules Verne, escritor francés, Tomás de Aquino, filósofo y teólogo italiano, y otros más, también estuvieron convencidos de la existencia de seres superiores en la Tierra. Por su parte, Isaac Newton también defendía la existencia de estos seres en el globo terráqueo. Del mismo modo, Johannes Kepler, astrónomo y filósofo alemán, señaló: “Seres celestes tienen su morada en nuestro Sol y nos visitan constantemente”. William Herschel, astrónomo alemán, descubridor de Urano, sostenía que inteligencias superiores nos visitaban. Igualmente, Cristóbal Colón refirió en su diario, durante su proeza del descubrimiento, hechos extraños referentes a luces y seres bajados del cielo; mientras que Albert Einstein creía en los textos escritos por Platón en sus libros Timeo y Crítias, en los que se refería a la Atlántida. En una entrevista publicada en la revista Argosy, Einstein expresó al respecto: “Yo creo que los ovnis son pilotados por la gente que se fue de la Tierra hace 10.000 años atrás, y ahora están volviendo”. Él conocía que la Atlántida habría desaparecido entre 10 y 12 mil años atrás. Del mismo modo, Voltaire habló de las Lunas de Marte en su obra Micromegas, aludiendo a la existencia de vida inteligente de otros mundos en la Tierra. Otro de esos personajes fue Benjamín Franklin, inventor, científico y estadista norteamericano, quien sostuvo que seres superiores ayudaban a los hombres de la Tierra. Estas han sido sólo algunas de las célebres personalidades que a través de la historia han sostenido que desde tiempos inmemoriales estamos siendo visitados por seres de otros mundo, pero, debido a lo extenso del tema se podría escribir un libro sobre todos esos personajes que llegaron a intuir que el Creador no se limitó a crear la vida en la Tierra, sino por doquier en el universo.
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¿Se extinguirá la especie humana?


La Tierra tiene aproximadamente 5000 millones de años, por lo que es fácil entender que el hombre no es nada frente a su devenir histórico y que ésta puede echarle en el momento menos esperado, ya que el hombre se ha dedicado más a destruir que a construir. Debido a la sobrepoblación, la deforestación y quema de los bosques, la contaminación del agua, el recalentamiento global, la contaminación electromagnética, y la radioactividad, puede que llegue el momento que podamos extinguirnos como especie. La Tierra tiene ahora 6.645.518 millones de habitantes. ¿Podremos frenar la actual explosión demográfica? ¿Qué población tendrá en el 2050? ¿Podrá alimentar a su población en esa época? ¿Alcanzarán sus fuentes renovables de energía? ¿Seguirán existiendo los automotores? ¿Cómo serán las ciudades? ¿Cuál será el nivel y el estilo de vida? Según la ONU, en el 2025, llegará a 8500 millones; y en el 2050, a 10 mil millones, límite máximo para que el planeta pueda alimentar a sus habitantes. Observemos: en 1800 la población mundial fue de 1000 millones; en 1925, 2000 mil millones; en 1974, 4000 mil millones; y en 1999, 6000 mil millones. Actualmente estamos utilizando energía solar almacenada durante millones de años en forma de carbón, petróleo y gas; pero una vez que se agoten las reservas de petróleo y gas natural hacia el 2050, y de carbón hacia el 2100, esa población no será sostenible. Según WWF/Adena, en el 2050 los recursos serán insuficientes para cubrir las necesidades. “Hacia el 2050 la fuente principal será el carbón, el cual se agotará hacia el 2100”. Un informe del Centro de Biodiversidad y Conservación de la Universidad británica de Leeds, publicado en la revista Nature, señala que la mitad de los bosques del planeta y el 25% de los arrecifes de coral han desaparecido. “Los incendios queman anualmente un área equivalente a la mitad del tamaño de Australia. El 12% de los pájaros, el 25% de los mamíferos y el 30% de los anfibios se encuentran en peligro de extinción debido al calentamiento global. Para 2050, el 37% de las especies podría extinguirse debido al cambio climático. El peligro de extinción es el paso previo a la extinción definitiva. En el 2050 harán falta los recursos de dos planetas como la Tierra para satisfacer las necesidades de sus habitantes, si es que esos recursos no se han agotado antes”. Otro informe, presentado en Living Planet, indica que entre 1970 y 2005, las poblaciones de especies animales (desde peces a mamíferos), descendieron un tercio debido a la contaminación, la deforestación y sobre pesca. “Un gran riesgo ecológico nos amenaza porque consumimos recursos más rápido de lo que la Tierra puede reponerlos. Para evitarlo, tenemos que reducir el uso de combustibles fósiles y mejorar la gestión de los sistemas productivos, desde la agricultura hasta la pesca”. Según la ONU, para el 2050 habrá mucha más gente, más viejos y menos niños. La edad promedio será de 37 años y, en su mayoría, la gente vivirá 75 años. Durante el período 2000/2050 los países que sumarán más inmigrantes serán Alemania, Australia, Canadá, Reino Unido y USA. Los economistas creen que el crecimiento siempre es bueno, pero se han olvidado que la Tierra tiene un límite, y lo estamos sobrepasando. Ahora estamos prácticamente en el punto de no retorno. La racionalidad en el hombre ha entrado en contradicción con su condición de especie, porque al destruir su hábitat también se puede autodestruir. De seguir actuando así, puede ejercer las funciones de un verdadero mutante con respecto a su especie y eso no pasa con ninguna otra especie animal, donde rige un comportamiento basado en instintos preservativos y reproductivos. Ninguna especie destruye su medio ambiente, ni siquiera en conflicto con otras especies. En este caso, el hombre es la única especie que lo hace. ¿No es paradójico y lamentable que aun habiendo alcanzado su máximo desarrollo de civilización, una debilidad intrínseca lo domine hasta el punto de que puede colocarse en el límite de su propia autodestrucción? Desde que se extinguieran los dinosaurios hace unos 65 millones de años atrás, ahora vivimos en el período de mayor extinción de especies vegetales y animales. La historia de la vida en la Tierra abarca al menos cinco períodos en los que desaparecieron para siempre enormes cantidades de especies, debido a los cambios del clima y al nivel de los mares. Desde 1950 hasta ahora han desaparecido unas 600 mil especies, y casi 40 mil más están actualmente amenazadas. El ritmo de extinción puede acelerarse por obra del consumo humano y la contaminación de los recursos naturales, lo que unido al calentamiento mundial y el alza resultante del nivel de los mares, adquiriría proporciones alarmantes. Algunos científicos temen que estemos al comienzo de una sexta extinción a causa de la errada utilización de los recursos del planeta. ¿Podemos suponer que la vida en la Tierra como la conocemos puede continuar cualesquiera que sean las condiciones ambientales? ¿O estamos preparando el escenario para llegar finalmente a la sexta extinción? La nuestra.
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