¿Puede la mente dañar al cuerpo?


Según recientes investigaciones que evidencian la interacción mente-cerebro-cuerpo a nivel molecular, celular y del organismo, nuestro cuerpo responde a la forma como pensamos, sentimos y actuamos, impactando sobre nuestra salud, pero ¿hasta qué punto está comprobado que los pensamientos negativos causen enfermedades? Según Oakley Ray, psicólogo, investigador, docente de psicología y psiquiatría y profesor asociado de farmacología en la Universidad Vanderbilt, USA, quien es secretario de la American Association of Neuropharmacology y del Colegio Internacional de Neuropsicofarmacología, “nuestra mente es el resultado del funcionamiento del cerebro. Cuando algo falla en el cerebro y la conexión se altera, podemos pasar de la normalidad a la locura. Así, los pensamientos, las creencias o las ideas resultan de actividades eléctricas y químicas que tienen lugar en las células nerviosas del cerebro. Cuando cambia nuestro pensamiento cambia nuestro cerebro, cuando cambia el cerebro cambia el cuerpo y al cambiar nuestra mente ésta cambia nuestra biología. De hecho, la psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) se refiere a la relación entre la psique, el sistema inmune y el sistema endocrino; por lo que se necesitan nuevas formas de caracterizar los problemas médicos ya que ahora se conocen los factores no médicos que ayudan a la gente a resistir la enfermedad y a vivir más. La mente es la primera línea que tiene el cuerpo para defenderse contra la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. De allí que lo que pensamos tiene efectos positivos o negativos sobre nuestra salud. Ahora, la ciencia debe determinar qué mecanismos psicobiológicos están implicados. Por algo Hipócrates dijo: “Lo más esencial es conocer al paciente que tiene una enfermedad que conocer la enfermedad que tiene el paciente”; y en el siglo XVII, el filósofo francés Descartes acuñó la frase: “Pienso, luego existo”, pretendiendo definir al ser humano. Siglos después, esto sigue ocupando a científicos, filósofos, místicos y curiosos, preocupados por resumir la esencia de la naturaleza humana, debido a que no obstante el avance de la ciencia, la mente sigue siendo un enigma. En este sentido, hoy día diversos estudios que demuestran la influencia de la mente en el cuerpo son aceptados por la comunidad científica, siendo la novedad una nueva ciencia interdisciplinaria que viene a poner orden entre quienes estudian la interacción mente-cuerpo: la psiconeuroinmunología (PNI), rama de la medicina que demuestra cómo las neuronas pueden contagiar al sistema encargado de proteger el organismo. En la era de los Trastornos de Ansiedad, la PNIE (psicología, psiquiatría, neurología, inmunología y endocrinología) trata el impacto en la salud de pensamientos, emociones y sentimientos, intentando unificar las especialidades que se trataban por separado, reformulando la dicotomía mente-cuerpo, porque, como lo señala la psiquiatra Andrea Márquez de López Mato, docente en la Universidad Barceló y directora del Instituto de Psiquiatría Biológica “La mente es la expresión del cerebro, pero tenemos que entender que nuestra conducta y emociones exceden incluso a lo que llamamos mente, puesto que respondemos como una totalidad, por lo que ya se habla, a nivel científico, del poder de la mente para curar o enfermar”. No obstante, Alberto Intebi, director del Instituto Argentino de PNIE, advierte, “Hay que tener cuidado cuando se habla de tal poder, puesto que hay enfermedades que siguen su curso por mucha buena voluntad que se ponga. La mente ayuda, pero decir que puede curar todo es una barbaridad”. Las dolencias debidas a causas mentales se llaman psicosomáticas (psique: mente, soma: cuerpo) y su historia es tan larga que ya en los años 20, el médico alemán Georg Groddeck escribió sobre la importancia de los factores psíquicos en las enfermedades: “Un ojo que a diario esté obligado a contemplar mil veces algo que no desea ver, finalmente se cansa y decide no verlo, volviéndose miope”. Por su parte, el doctor Bruce McEwen, director del Laboratorio de Neuroendocrinología de la Universidad Rockefeller, en Manhatan, autor del libro El fin del estrés tal como lo conocemos, sostiene, “se ha demostrado que el estrés severo debilita el sistema inmunológico, presiona al corazón, daña las células de la memoria y deposita grasa en la cintura, en lugar de en las caderas y glúteos, lo que es un factor de riesgo para padecer males cardiacos, cáncer y otras enfermedades. Igualmente, se ha comprobado que el estrés incide en el envejecimiento, la depresión, los males cardiacos, la artritis reumatoide y la diabetes. Las tensiones psicológicas pueden causar enfermedades. Cuando las presiones son muchas y sostenidas el organismo se desequilibra, pudiendo lesionar los sistemas cardiaco, inmunológico y neurológico. Somatizar, es decir, poner el conflicto en el cuerpo, es una conducta frecuente en los humanos, quienes no elegimos que esto ocurra de manera consciente, puesto que las somatizaciones corresponden al terreno de lo inconsciente”. Si la mente puede enfermarnos también puede curarnos. Por ende, mantener una actitud positiva, mirar el vaso medio lleno en lugar de medio vacío y visualizar que nuestro cuerpo goza de perfecta salud, es fundamental.
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