¿Tendremos que abandonar nuestro planeta?

Según la Organización de Naciones Unidas - ONU, en la actualidad la población mundial alcanza alrededor de unos 6.600 millones de habitantes, pero, lo alarmante es que a mediados del año 2012 se estima que llegaremos 7.000 millones de seres humanos poblando la Tierra. De acuerdo a ese organismo, las mayores aglomeraciones en el mundo estarán localizadas en África y Asia, seguidas por China y sus alrededores y, como tercera concentración, estarían Tokyo, Nueva York, Ciudad de México, Bombay y Sao Paulo.  Hemos entrado en el siglo de las amenazas. Uno de los mayores problemas de la humanidad para el presente siglo es la superpoblación. Esta superpoblación, ávida de energía, está consumiendo el planeta de forma insostenible. Tenemos que atacar al problema por sus dos vertientes: Reducir el consumo abusivo y reducir las tasas de natalidad. No obstante, sin pretender ser apocalípticos hay que señalar que estamos destruyendo el planeta y parece que no nos damos cuenta: la disminución de los recursos naturales, el auge de la contaminación y las modificaciones en el sistema climático generadas por la acción del hombre dan como resultado que la superficie habitable de la Tierra cada vez sea menor. La realidad es alarmante, pues, se estima que la población crecerá hasta llegar al doble de lo que es hoy y, para entonces, la Tierra habitable será la mitad de lo que es actualmente. Debido al crecimiento desmedido de la población humana que provoca una ingente pérdida de biodiversidad, en los últimos años el hombre ha propiciado un desequilibrio global, deforestación, pesca y consumo ganadero excesivo, es decir, un consumo excesivo de todo en general.  En particular, el consumo excesivo de carne se hace insostenible al ser tantos humanos generando este consumo. En Estados Unidos, la mitad de las hectáreas cultivadas son para producir alimento para animales (sin contar lo invertido en la alimentación de mascotas domésticas). Para producir un kilo de carne de vaca se necesitan 16 kilos de granos y forraje. Dicho de otra forma, los vegetales necesarios para que una persona coma carne vacuna son suficientes para que 16 personas pudieran mantenerse comiendo directamente esos vegetales. Esa relación de 16/1 para la carne vacuna, varía en otros alimentos, como el cerdo (6/1), el pavo (4/1), la gallina (3/1) y los huevos (3/1). Además, para que la carne producida sea barata se maltrata a los animales (hacinamiento), se les medica en exceso, se les administra alimento poco natural y se les engorda artificialmente. En general, una alimentación básicamente vegetariana es más saludable, menos contaminante y evita sufrimientos a los animales.

Según el programa de las Naciones Unidas para la alimentación mundial, la capacidad del mundo es muy discutida. Mientras algunos ponen el tope en 8 billones, otros hablan de 50 billones, pero, eso sí, alimentados a base de pan y agua. En este sentido, el físico italiano Cesare Marchetti habla de un billón de personas alimentadas exclusivamente con comida sintética y usando principalmente energía nuclear. Los más realistas no se plantean ese problema, sino que se preguntan de qué sirve que la población actual pueda ser teóricamente alimentada, si en la práctica, todos los días mueren miles de personas por el hambre, una persona cada 3.6 segundos y el 75% de ellas son niños. La alarmante explosión demográfica es realmente asombrosa si examinamos cómo el crecimiento ha ido haciéndose cada vez mayor: En 1830 la población mundial llegó a los 1000 millones de habitantes. Un siglo después, en 1930 se alcanzaron los 2000 millones. Apenas 45 años después, en 1975 ya se habían alcanzado los 4000 millones. A principios de 1999 se llegó a los 6000 millones. Se espera que en el 2012 se alcancen los 7000 millones y que en el 2033 se llegue a los 9000 millones o se sobrepase esa cifra. En la actualidad hay más de 6000 millones de personas sobre la Tierra y cada año se suman aproximadamente 95 millones más. Los hechos demuestran que dar de comer a tantas bocas está generando un fuerte deterioro medioambiental que deja especial huella en los países del Tercer Mundo, donde la pérdida de los bosques y especies, la contaminación de lagos, ríos y océanos, la acumulación de gases invernadero y destrucción de la capa de ozono preservadora de la vida terrestre, son consecuencias derivadas de malas políticas llevada a cabo por distintos gobiernos. De este modo, la pobreza les ha conducido a una sobreexplotación de los recursos naturales en un intento fallido por pagar su deuda externa. Al final, los pobres han vendido o alquilado sus mejores tierras a los ricos por no poder atenderlas y ellos se han tenido que ir a los bosques, a degradar suelos para poder alimentar a sus familias. Nos hallamos ante una espiral descendente donde la pobreza contribuye directamente a un crecimiento de población: Se necesitan hijos para trabajar en el campo, llevar dinero a casa y asegurar en cierta forma el sustento en la vejez.    En este mismo orden, el agotamiento de los acuíferos, la escasez de alimentos y la deforestación están empezando a afectar a las perspectivas económicas mundiales, pero más que por la cantidad -a juzgar por los hechos- por la distribución, por el desigual reparto que permite que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres. Sólo EE.UU. consume la mitad de los recursos no renovables del planeta y su población sólo supone el 5% de la población mundial. En 1982 en el Reino Unido se gastaron más de 235 millones de dólares en ayudas para adelgazar, mientras que se donaron 50 millones para el Tercer Mundo. Siguiendo con esas incongruencias, un porcentaje muy elevado de la población china actual es obesa debido a una sobrealimentación y se han triplicado los casos de diabetes y cáncer debido a un consumo excesivo de grasas animales como parte de la dieta diaria. Estos datos apoyan sin duda la afirmación que realizó en 1992 el Fondo de Población de Naciones Unidas que aseguraba que "existen suficientes recursos para acabar con la pobreza, alcanzar un desarrollo social y económico significativo para la mayor parte de la población mundial, proteger el medio ambiente y conservar al mismo tiempo las comodidades y ventajas que ha aportado la tecnología moderna".
Como dato interesante vale decir que las 20 ciudades o metrópolis más pobladas del mundo son, en el orden siguiente, 1. Tokyo, Yokohama, Japón, con 36.800.000 de habitantes; 2. Seúl, Incheon, Corea del Sur, con 24.200.000; 3. Cantón, Foshan, Dongguan, Zhongshan, Jiangmen, China, con 23.200.000; 4. Ciudad de México, con 23.400.000 (más de los habitantes que tenía todo México en 1939); 5. Delhi, India, con 23.200.000, (La India tiene una población de 1.100 millones de habitantes); 6. Bombay, La India, con 22.800.000;  7. Nueva York, USA, con 22.200.000;  8. Sao Paulo, Brasil, con 20.900.000; 9. Manila, Filipinas, con 20.075.000; 10. Shanghái, China, con 18.400.000; 11. Los Ángeles, USA, con 17.900.000;  12. Osaka, Kobe, Kioto, Japón, con 17.310.000; 13. Calcuta, India, con 16.300.000; 14. Karachi, Pakistán, con 16.200.000; 15. Shanghai, China, con 18.400.000, (China tiene 1.300 millones de habitantes, la misma población que en 1939 tenía todo el planeta); 16. Dhaka, Bangladesh, con 14.648.000; 17. Buenos Aires, Argentina, con 13.300.000; 18. Moscú, Rusia, con 13.670.000; 19. Pekín, China, con 13.200.000 y, 20. Estambul, Turquía, con 12.800.000. En  la India hay tres ciudades millonarias: Delhi, Bombay y Calcuta. Vista esta descomunal explosión demográfica mundial, es importante destacar que tenemos conocimiento, recursos, medios tecnológicos, sólo resta combinarlo todo para sentar los cimientos de un desarrollo humano sostenible para satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones. Dicho de otra forma, mantener una correcta relación con la Tierra ya que de ella se extrae casi el 90% de los alimentos que ingerimos. Aunque si analizamos los resultados de la última Cumbre del Clima vemos que nos encontramos ante una cuestión que exige compromisos esencialmente políticos que sin duda reflejen un cambio de valores y como quedó patente, muy pocos gobiernos están dispuestos a variar sus líneas de actuación.  La superpoblación hace referencia a todo tipo de crecimiento desmesurado de la población humana,  la cual se refleja en la notoria deficiencia de los recursos disponibles y la renovación de estos. Este efecto maligno se ha convertido en el más grande cáncer de la sociedad, pues los alimentos que más se utilizan son productos primarios de la Tierra, los cuales, de continuar el deterioro de los ecosistemas, pronto serán poco renovables; pero esto no es lo más grave, las reservas de cada país no están dando abasto a tanta demanda de alimento, por lo cual la superpoblación se convierte en un problema relacionado con el medio ambiente. En los países mas desarrollados, a pesar de los serios problemas de fertilidad de sus habitantes, la superpoblación es evidente; ahora, si para estos es una problemática, para los países en vía de desarrollo es una enfermedad casi que incurable, por los bajos niveles económicos a los que estos se enfrentan y los diversos factores sociales, ya sean estos religiosos o culturales, los cuales constituyen un agravante mas que podríamos denominar un  virus internacional de carácter social y ambiental.
La Tierra está enferma y su  enfermedad se llama superpoblación. Más de 6500 millones de personas ya no caben en sus ciudades y ya comienzan a surgir problemas para alimentarlas. No hay trabajo para toda la población, la energía se está agotando, las especies animales se están extinguiendo y la contaminación global es imparable. Se trata de un panorama preocupante y lamentable. Más, sin hacer abstracción de otras “enfermedades” que padece el globo terráqueo tales como, contaminación atmosférica, escasez de agua, escasez de alimentos, consumismo excesivo en los países ricos, calentamiento de los Polos, deshielo de glaciares, excesivo desarrollo tecnológico, etc.   Una proyección de la economía mundial realizada por el Earth Policy Institute revela que el tradicional modo de vida americano es inviable a escala planetaria. El caso más evidente es el de China, donde de seguir el ritmo actual de crecimiento, en 2031 su población alcanzaría los 38.000 dólares de renta per cápita y la realidad es que no hay recursos para soportar esta demanda en productos esenciales como la energía, alimentos del campo o papel, por lo que una catástrofe ecológica sería inevitable. El Earth Policy Institute muestra así un nuevo enfoque de una antigua evidencia: la superpoblación y el agotamiento de los recursos no pueden hacer frente al nivel de consumo y de contaminación del ser humano, lo que sin duda requerirá a medio y largo plazo una readaptación del hombre a su entorno para poder sobrevivir. Coincidiendo con tal planteamiento, el astrofísico Stephen Hawking, cosmólogo y divulgador científico del Reino Unido, miembro de la Real Sociedad de Londres; de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos; titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas (Lucasian Chair of Mathematics) de la Universidad de Cambridge,  hasta 2009 y quien posee  doce doctorados Honoris Causa de las más prestigiosas universidades del mundo,  advirtió que la humanidad enfrentará su extinción si es que no logra colonizar el espacio durante el próximo siglo. Esta advertencia fue calificada por el propio Hawking como su primera “llamada urgente” a los seres humanos: “Estamos entrando en un periodo crecientemente peligroso de nuestra historia. Nuestra población y nuestro uso de los recursos finitos de nuestro planeta están creciendo exponencialmente. De seguir así,  será difícil evitar desastres en los próximos 100 años y aún menos en un millón de años”, dijo Hawking según la página Big Think.  “Nuestra única posibilidad de supervivencia es poder llegar a habitar otros planetas. Hemos logrado progresos destacables en los últimos años, pero si queremos continuar existiendo en los próximos 100 años, nuestro futuro está en el espacio. Por ello es que estoy a favor de las misiones tripuladas por personas al espacio”.
Otros científicos opinan que una catástrofe ecológica se perfila el día que China alcance el nivel de vida norteamericano: “Ese día el modelo de desarrollo colapsará”. Según esos científicos, en los países en desarrollo se ha creado un círculo vicioso entre pobreza, degradación ambiental y fertilidad elevada. “Los países ricos salieron de ese ciclo gracias a la mejora paulatina de la sanidad y a que los excedentes demográficos emigraron a América, Australia, etc. En los países en desarrollo la rápida mejora en sanidad ha reducido la mortalidad infantil sin dar tiempo a las parejas a adaptarse a esa concienciación. Incluso, las empresas de alimentos infantiles han fomentado sus productos en países en desarrollo, lo que hace que se pierda la alimentación materna y con ello aumenta la posibilidad de que la madre quede nuevamente embarazada, aparte de que el uso de esos alimentos con agua sin esterilizar hace aumentar las enfermedades infantiles. Se demuestra que tan sólo el crecimiento de la riqueza no reduce todos estos problemas y, además, ese crecimiento suele dejar al margen a la mayoría de la población”. Por su parte, Lewis Preston, quien fuera presidente del Banco Mundial, advierte: "Si no nos ocupamos del rápido crecimiento demográfico no vamos a reducir la pobreza y el desarrollo no será sostenible. El Fondo para la Población de las Naciones Unidas participa activamente en la solución de esos problemas, pero aún queda mucho por hacer”. La aparición de nuestra especie dio lugar a grandes cambios que afectaron al planeta a lo largo de su existencia y, por otra parte, el crecimiento demográfico actual preocupa por el posible agotamiento de los recursos.  El incremento de la población humana del planeta supone un problema medioambiental, porque para cubrir las necesidades de las personas hay que recurrir a los recursos de la Tierra y si no se realiza una gestión adecuada, muchos de ellos pueden agotarse. Además, también debe considerarse que existe un reparto desigual de la riqueza: mientras que los países industrializados consumen el 80% de los recursos, más de la mitad de la humanidad tiene que sobrevivir en condiciones límite y un tercio vive en una situación de pobreza absoluta. Nuestra especie Homo sapiens surgió hace solo 100.000 años, pero nuestros antepasados más remotos aparecieron hace unos 4 millones de años; evidenciando que la historia de nuestra especie es muy corta, comparada con la de la vida en la Tierra. Para comprender esto, se suele emplear una analogía: suponiendo que la historia de la Tierra se concentrase en 24 horas. Así, si se formase la Tierra a las 0:00, las primeras evidencias de vida aparecerían en el mar a las 5:15. A las 21:30, el mar estaría lleno de vida. Comienza la vida terrestre. A las 23:00 aparecerían los dinosaurios y se extinguirían a las 23:42. Justo un minuto antes de medianoche surgirían los primeros antepasados de la especie humana. Y, por último, 1,7 segundos antes de las 24:00, aparecería nuestra especie. El crecimiento de la población impone demandas crecientes al ambiente, pero esa demanda de cada individuo al entorno depende de qué y cuánto consume.
Cada nueva compra representa cierta carga adicional en los recursos para producirla, así como más desechos originados en su producción, uso y eliminación. Por lo tanto, los efectos negativos en el ambiente también crecen radicalmente con el aumento en el consumo, además, crecen también con el aumento de la población. Así, los expertos miden el impacto ambiental como una ecuación que multiplica el tamaño de la población por su nivel de consumo y lo divide por la consideración ambiental que exista en esa sociedad.  Según algunos estudiosos del problema, en los países con una agricultura de subsistencia y un crecimiento rápido de la población se dan algunos efectos que están bien justificados en el siguiente orden: A. Dividir las fincas entre los hijos de la siguiente generación o intensificar el cultivo (agotando la tierra en muchos casos). B. Crear nuevas tierras de cultivo arrebatándoselas a los ecosistemas naturales (bosques...). C. Migración a las ciudades y creación de focos de pobreza en ellas. D. Buscar “trabajo” en actividades ilegales (drogas, armas...). E. Emigrar a otros países (legal o ilegalmente). Además de eso hay que añadir que también puede generarse un agotamiento de los recursos pesqueros e hidráulicos, caza furtiva, extinción de la fauna silvestre y diversas enfermedades como consecuencia de los focos de pobreza que se crean. Por supuesto, todo ello tiene consecuencias para los países desarrollados, y uno de los que más preocupaciones despiertan es el aumento de los inmigrantes: En Estados Unidos hasta 1875 era legal toda inmigración: quienquiera que se las arreglara para llegar podía quedarse y hacerse ciudadano. Incluso, esta apertura está inscrita en la estatua de la Libertad. En la actualidad, todos los países industrializados imponen duras medidas para evitar ser “invadidos” por los habitantes de los países pobres. Pareciera lógico que sea haga necesario limitar esa inmigración pero, ¿hasta qué punto es necesario imponer restricciones? Sin duda, se trata de un tema complejo pero parece claro que es necesario ayudar a los países en vías de desarrollo para evitar que su población tenga que emigrar. Así, la condonación de la deuda externa parece ser una herramienta importante para ello, a parte de salvar de la pobreza extrema a millones de personas.  Para que esa ayuda sea efectiva es necesario saber los factores que influyen en el tamaño de las familias e intentar influir en estas. Los expertos reducen a seis esos factores: 1. Seguridad en la vejez: Como en los países pobres no existe la seguridad social, ni las jubilaciones y los servicios médicos deseables, entonces los ancianos necesitan de los hijos para ser cuidados. 2. Mortalidad infantil: Está muy relacionado con lo anterior, ya que si esta mortalidad es elevada se producen tasas de fertilidad mayores. Tener una alta mortalidad infantil no estabiliza la población y, por supuesto, es inaceptable. 3. Explotación infantil: Cuando los niños en vez de ir al colegio contribuyen notablemente al trabajo familiar, entonces los hijos son vistos como ayudas y no como cargas. En los países desarrollados los hijos no contribuyen notablemente al bienestar familiar por lo que son vistos como cargas: alimentarlos, vestirlos, educarlos... 4. Educación: Es evidente la relación de este factor con el anterior. Cuando los niños van a la escuela se les retira del trabajo familiar y suponen una carga extra (vestido, material...). La educación de las niñas es todavía vista como innecesaria en multitud de países. Por supuesto, la educación ofrece multitud de oportunidades nuevas. 5. Condición de las mujeres: La discriminación de la mujer (acceso restringido a educación, a negocios, a la propiedad...) obliga a que sean vistas casi exclusivamente como cuidadoras de hijos. 6. Disponibilidad de anticonceptivos: Los estudios demuestran una fuerte correlación entre tasas menores de fertilidad y el porcentaje de parejas que los utilizan. Ante este alarmante y preocupante panorama, pareciera que horrores se avecinan a nuestro mundo en el siglo XXI, ya que una conjunción peligrosa nos acecha: conflictos, penurias y enfermedades. El problema radica en que la rapidez de estos procesos dificulta la aplicación de soluciones, desde nuevos medicamentos hasta nuevas reglas sociales, mientras no se puede huir de esta realidad porque no hay sitio donde ir: todo está contaminado por la crisis.

“…Y sobre la Tierra angustia de naciones por no conocer la salida. Mientras que los hombres desmayan por el temor y la expectación de las cosas que vienen sobre la Tierra habitada”.   Evangelio de Lucas. Capítulo 21, Versículos 21 y 26.


Visitantes de otros mundos

De acuerdo a investigadores y estudiosos del fenómeno ovni, desde su origen la humanidad ha tenido interrelación con civilizaciones extraterrestres avanzadas, por lo que se podría afirmar que no estamos solos en este planeta y que nunca lo hemos estado. Uno de estos investigadores, el biólogo español, nacionalizado estadounidense, Francisco José Ayala, genetista y biólogo molecular, profesor de la Universidad de California, Irvine, Estados Unidos, especialista en evolución; discípulo de Theodosius Dobzhansky (genetista estadounidense de origen ruso. autor de Genética y el origen de las especies y Herencia e imagen humana); quien es considerado como uno de los mayores especialistas del mundo en evolución y representa a la segunda generación en la lista de los más ilustres investigadores del neodarwinismo, sostiene con respecto al origen del hombre: “Nuestra especie Homo Sapiens ha evolucionado de antepasados que no eran humanos y vino a existir, en su forma presente, hace más de cien mil años. Esto nos hace saber sobre nuestro origen y nuestro parentesco con el resto de los seres vivientes”. Tal declaración debe considerarse como de suma contundencia en el ámbito científico mundial, puesto que Ayala es un científico reconocido y poseedor de un brillante currículum, el cual destaca, entre otros méritos, ser miembro de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos de Norteamérica y de la Academia de Ciencias de Madrid, España; presidente de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias, que edita la reconocida revista Science; profesor de distintas universidades y doctor Honoris Causa de una quincena de universidades; asimismo, forma parte como miembro extranjero de las Academias de Ciencias de España, Rusia, Italia, México y Serbia, entre otras. Ayala, quien en 1994 fue asesor científico del presidente Bill Clinton, formó parte del Comité Presidencial de Consejeros sobre Ciencia y Tecnología de Estados Unidos; en 2001, el presidente George W. Bush le concedió la Medalla Nacional de la Ciencia; tiene publicados más de una docena de libros y unos 500 artículos científicos; se licenció en Ciencias Físicas en Madrid y posteriormente en Teología en Salamanca. En 1960 se ordenó sacerdote dominico (aunque luego se secularizó) y continuó sus estudios de doctorado en la Universidad de Columbia (EE UU), para posteriormente lograr la cátedra de Ciencias Biológicas en la Universidad de California en Irvine; ganador del premio Templeton, el galardón anual con mayor valor monetario del mundo, recientemente fue catalogado por The New York Times como "el hombre renacentista de la evolución", lo que implica una mente amplia, rica y abierta a muchos conocimientos. Pero ¡ojo! que no estamos diciendo que Francisco José Ayala, sostenga que descendemos de los extraterrestres, sino que nos deja a todos pensando que esto podría ser así: “Nuestra especie Homo Sapiens ha evolucionado de antepasados que no eran humanos…”

Según los mismos estudiosos del fenómeno ovni, más allá de nuestro Sistema Solar habría un sinfín de lugares de los que han venido nuestros visitantes. Por tal razón, las visitas regulares son sobre todo de seres extraterrestres que habrían intervenido en nuestra evolución, tales como los pleyadianos, los sirios, los de Orión, los andromedanos y los arturianos. “Seres generalmente humanoides, pero también quizás reptilianos e insectoides”. Con esta tesis de la visita de seres extraterrestres a la Tierra coincide Erich von Däniken investigador suizo del fenómeno ovni y escritor de estos temas, conocido por haber difundido la hipótesis de que la Tierra pudo ser visitada por extraterrestres desde la antigüedad. Se estima que de sus 26 libros escritos se han vendido más de 63 millones de ejemplares que han sido traducidos a 32 idiomas. Del mismo modo, David Icke, en su obra El mayor secreto, habla sobre los sumerios y sus tablillas escritas 5000 a.C. y de como el ser humano evolucionó gracias a la intervención de los extraterrestres. “Entre los ríos Tigris y Eufrates se extiende un gran valle que reúne más privilegios que ningún otro lugar del orbe para ser considerado cuna de la civilización. Al sur de esta alargada cuenca, los sumerios, decididos y emprendedores comenzaron a levantar las primeras ciudades del mundo hace mas de 5.000 años. Asimismo, idearon un sistema de escritura, descubrieron el bronce y fueron quienes primeramente utilizaron la rueda en sus vehículos. Conscientes de la fuerza de su magna organización y del valor de las aguas que habrían de defender, los primeros pobladores sostuvieron las guerras más antiguas de la historia, completamente diferentes de las simples escaramuzas. El territorio colonizado por los sumerios era conocido por los griegos, como Mesopotamia, "país entre dos ríos". Posteriormente el nombre se aplicó a toda la longitud del valle que siglos más tarde acogería también a los acadios, babilonios y asirios. Estos pueblos llegaron como conquistadores, pero absorbieron paulatinamente gran parte de la civilización de sus predecesores y la añadieron a sus propios conocimientos de arquitectura, escultura, astronomía, matemáticas y medicina. Estos pueblos sobrevivieron durante más de 3.000 años hasta que la conquista de Babilonia por los persas en el 539 a.C. convirtió a Mesopotamia en parte de un vasto imperio. La traducción de algunas tablillas, realizadas por lingüistas destacados, muestra una civilización sumeria muy avanzada. Con la ayuda de sus dioses, especialmente Enlil (el Rey del Cielo y la Tierra), los sumerios transformaron una tierra llana, árida y azotada por los vientos en un reino fértil y floreciente. Muchos investigadores han descubierto en los textos sumerios aparatos como cohetes y naves de los dioses. ¿Eran acaso descripciones de una civilización de origen extraterrestre que se desarrolló en esa zona del mundo hace más de 5000 años? Toda la vida sumeria giraba en torno a sus dioses. Estos tenían cuerpo físico y a ojos de los sumerios eran los An.Unna.Ki (“Aquellos que vinieron del Cielo a la Tierra”.). Esos dioses instruyeron al pueblo en la construcción de templos en lugares escogidos. Con el tiempo, se desarrollaron diversas confrontaciones bélicas entre los dioses. En la región del Mar Muerto se han encontrado evidencias de una confrontación nuclear en torno al año 2040 a.C. En esta región se conservan aún anomalías radioactivas y partículas nucleares. La onda nuclear originó un ciclón radioactivo que acabó con la civilización sumeria. Un texto sumerio dice: “En la Tierra cayó una calamidad descomunal desconocida para el hombre, una que no se había visto nunca antes... una gran tormenta del cielo... una tormenta que aniquiló toda la Tierra… un viento diabólico como un torrente enfurecido... acompañada de un calor abrasador... durante el día robó a la Tierra de su sol radiante, por la noche las estrellas no brillaban... La gente aterrorizada, podía apenas respirar... Las bocas se llenaron de sangre... hizo que las casas se abandonaran... los ríos de Sumeria afluían con aguas amargas... los pastos crecían con hierba marchita... Los dioses evacuaron Uruk, se escondieron en las montañas, escaparon más allá de las lejanas llanuras...”. Las narraciones sumerias sobre “aquellos que llegaron del cielo” se interrumpen en este punto. Los supervivientes al Armagedón nuclear de los Anunakis sufrieron un retroceso enorme, sumiéndose en el caos y la confusión. En Génesis 6 se habla de Dios, o Nefilim, en sus versiones más antiguas. En realidad la Biblia judía está refiriéndose a una versión de los Anunakis sumerios cuyo término Sitchin traduce “los que descendieron”. El descubrimiento arqueológico del mundo antiguo y la traducción de sus tablillas, textos y demás registros muestra que la Biblia (el Antiguo Testamento) es un calco de historias mucho más antiguas. El origen de nuestra humanidad esconde muchos misterios que nadie ha podido descubrir... Los Sumerios, sus habitantes, fueron los primeros en fundar ciudades, Estados e Imperios, fueron los primeros en inventar la escritura, crear los primeros contratos comerciales, los primeros códigos jurídicos, instituir las primeras escuelas, en idear la bóveda y la columna, en asentar las bases de la ciencia, posteriormente perfeccionada por los griegos. Aparte de todos estos hechos positivos, también fueron los precursores de otros negativos, como las primeras guerras, la esclavitud, el despotismo, los campos de concentración. Podríamos decir que la historia de la humanidad comienza en Sumeria ¿Fue esa humanidad inducida por unos seres extraterrestres que los sumerios consideraron como dioses? Los Anunaki, unos seres extraterrestres, mitad humanoides, mitad reptoides. A pesar de no tener una base científica contrastada, se tiene conocimiento de su existencia, desde hace más de cuatro mil años, en el legado que se ha conservado, hasta nuestros días, de la civilización Sumeria.

Algunos científicos han sostenido que nuestros visitantes nos alcanzan a través de un viaje interdimensional y que sus naves tienen una multiplicidad de diseños. “Los extraterrestres utilizan trajes espaciales, pero otras veces se presentan sin tales equipos. El discurso hablado como tal es poco común, ya que en su lugar utilizan la telepatía y no tienen dificultad en hacernos llegar sus pensamientos o leer los nuestros. Cuando ellos han hecho contacto, a menudo ha sido para traernos mensajes sobre su preocupación por lo que hemos estado haciendo a La Tierra. En otras ocasiones el contacto se evita y sólo parecen preocupados por cualquier proyecto que vinieron a realizar”. Muchos terrícolas sospechan que nuestro globo terráqueo encierra muchos más misterios y enigmas que los aceptados por la ciencia actual. Uno de esos misterios es el relativo a la existencia o no de ovnis (objetos voladores no identificados), puesto que desde la antigüedad en cualquier lugar de la Tierra han existido, existen y seguirán existiendo historias, relatos y tradiciones orales que hablan de la existencia y aparición de seres de otros mundos que han venido a visitarnos. Estas historias y demás hechos insólitos ocurridos en supuestos encuentros entre terrícolas y seres alienígenas o extraterrestres han ido pasando de generación en generación, sin que hasta ahora gobierno alguno se haya referido a este tema. En todo caso, estemos o no solos, esta es una de las mayores incógnitas con la que se enfrenta la humanidad. De este modo, la búsqueda de vida más allá de la Tierra es profundamente fascinante para los seres humanos. Percibiendo este gran interés, la NASA ha reconfigurado su estrategia de investigación y fundó el Instituto de Astrobiología de la NASA, dedicado al estudio de la vida en el Cosmos, enfocando su búsqueda en Marte por su relativa proximidad. Pero hace más de veinte años, como resultado de la misión Viking 1976, muchos de ellos se desanimaron, debido a que en ese tiempo un par de naves espaciales pasó a través de su atmosfera extremadamente delgada, tocaron la superficie y encontraron que era un desierto congelado y seco, liofilizado con los mortales rayos ultravioleta. Entonces, la nave espacial, equipada con brazos robóticos, extrajo suelo marciano, para que éste pudiera ser examinado, buscando señales de actividad biológica. Los resultados del análisis fueron poco concluyentes, pero generalmente negativos, y las esperanzas se desvanecieron, de encontrar incluso simples microbios en la superficie de Marte. Hoy día las perspectivas son mucho más optimistas, por lo que varias pruebas están programadas para visitar Marte y seguir buscando señales de vida extraterrestre. Este interés renovado es debido, en parte, al descubrimiento de organismos viviendo en algunos ambientes notablemente hostiles en la Tierra (lo cual abre la posibilidad de vida en Marte en aquellos lugares que no examinaron las sondas Viking), y en parte a una mejor información acerca de la antigua historia del planeta. Los científicos ahora creen que Marte tuvo una vez una atmósfera más gruesa, temperaturas más altas, ríos, inundaciones y una extensa actividad volcánica, siendo todas esas condiciones consideradas favorables a la aparición de la vida. Vale recordar que la Tierra y Marte son conocidos por intercambiar material en forma de rocas de las destruidas de la superficie de los planetas, por los violentos impactos de asteroides y cometas. De esta forma, los microbios podrían haberse enganchado a un paseo en estos escombros, elevando la posibilidad de que la vida haya comenzado en la Tierra y fue transferida a Marte o viceversa.

Desde tiempos antiguos diversas culturas han ido hablando de generación en generación de una supuesta presencia extraterrestre en la Tierra, planteamiento que si lo tomamos como cierto, entonces nuestro pasado, presente y futuro estaría ligado a civilizaciones de otros planetas. Si ha sido así ¿por qué entonces hasta ahora no tenemos evidencias de que existen seres poblando otros lugares de nuestro universo? Si existen, esto nos daría pie para efectuar interrogantes tales como ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Cómo podemos reconocerlos o identificarlos? ¿Cómo toman cuerpo y se manifiestan en el planeta? ¿Desde cuándo están entre nosotros? ¿Qué nos quieren decir? ¿Cómo se comunican con nosotros? ¿Vienen a ayudarnos? ¿Podemos comunicarnos con ellos? ¿Habrá presencia de naves visibles pronto? ¿Cómo diferenciar los amigables de los no amigables?, etc. Intuimos que todos deseamos crear una atmósfera de paz, confianza y serenidad, que permita dar un paso hacia adelante para así poder transmitir la información y los mensajes que eventualmente habríamos de recibir. De producirse el gran encuentro entre las dos especies y ante la premisa de que vienen en son de paz, no sería cuestión de tener miedo, pues el miedo enturbia nuestra capacidad de conocimiento, sino que se trataría de disponer de información y conocer aquello que necesitamos saber, a fin de tener en cuenta y aprender a desenvolvernos con una de las supuestas realidades más importantes de nuestro planeta, en este momento tan especial por el cual pasa. Del mismo modo, los científicos se hallan ante parecidas interrogantes y por dicha razón, la Royal Society de Londres (Real Academia de la Ciencia) que está celebrando 350 años de su fundación, entre sus actividades conmemorativas llevó a cabo el 25 y 26 de enero pasado un congreso con especialistas en física y astronomía de la NASA, las Naciones Unidas y Universidades prestigiosas, enfocado a responder preguntas que todos nos hemos hecho en relación con la presunta existencia de vida fuera del planeta Tierra. No cabe duda que los tiempos cambian y, si antes este tema era un tabú para los científicos, el que ahora se hayan reunido para discutir y analizar si nos encontramos o no solos en el universo, ya es un gran adelanto en cuanto a la ciencia se refiere. Se preguntarán ellos también ¿Hay formas de vida similares a la nuestra? ¿Qué aspecto tienen? ¿Qué pasaría si llegaran a hacer contacto con los humanos? Algunos de esos científicos sostienen que encontrar vida extraterrestre no es una posibilidad tan remota, dado que los avances científicos y tecnológicos han permitido descubrimientos astronómicos que hace un siglo eran impensables y que nos podrían ayudar a detectar otras formas de vida y que vale la pena hacer esfuerzos por contactarla; pero el asunto no es tan sencillo. Aunque existan los extraterrestres, ¿cómo localizarlos, si no tenemos ni idea en dónde viven?; ¿cómo dirigirnos a ellos, si no sabemos cómo se comunican entre sí, menos aún qué idioma hablan?; ¿qué les decimos, si no sabemos cuáles son sus intereses? Ante tantas dudas, y ante nuestra imposibilidad de viajar a través del espacio, lo que hemos hecho ha sido intentar establecer contacto por medios indirectos. Les hemos enviado "cartas" (discos con imágenes y sonidos grabados y mensajes de radio, con la esperanza de que los reciban y nos contesten, y también los hemos tratado de localizar buscando en el cielo señales provenientes de ellos). ¿Cómo comunicarnos con los extraterrestres? La mejor respuesta que hemos encontrado es utilizar las señales que más rápido viajan, y esas son las ondas electromagnéticas. Las que nos resultan más familiares son las ondas de luz, pero las hay de muchos tipos (ondas de radio, de televisión, rayos X y otras más). Todas ellas viajan a través del espacio a la máxima velocidad posible en el Universo: la velocidad de la luz (300.000 km por segundo). En consecuencia, constituyen la forma más veloz y, por lo tanto, la más eficiente de comunicarnos a grandes distancias. Las ondas que se utilizan para tratar de establecer contacto son las de radio, que tienen la ventaja de que las conocemos muy bien: sabemos cómo generarlas de manera simple y barata, pues las usamos continuamente para nuestras comunicaciones internas, y contamos con numerosos dispositivos para detectarlas y analizarlas. Entre los instrumentos que las generan y las perciben se encuentran los radiotelescopios. Obviamente, tenemos dos posibilidades: enviar mensajes o tratar de captarlos, y hemos hecho las dos cosas. En 1960, el astrónomo Frank Drake apuntó un radiotelescopio a dos estrellas semejantes al Sol, relativamente cercanas a nosotros, con la esperanza de captar alguna señal inteligente proveniente de ellas. Las estrellas fueron Tau Ceti y Epsilon Eridani. Desafortunadamente, tras una semana de esfuerzos no se captó nada, pero se había hecho el primer intento serio por establecer contacto.

Ante la posibilidad de la existencia de otro tipo de vida en los confines del cosmos, llama la atención que si realmente esta no existiera, ¿por qué los gobiernos de algunos países desarrollados han tratado de silenciar siquiera la posibilidad de tal existencia? Esto lo señalamos por cuanto recientemente se supo que el primer ministro de Inglaterra, Winston Churchill, ordenó clasificar los expedientes sobre OVNI durante 50 años. De esos documentos recientemente desclasificados, se desprende que efectivamente Churchill ordenó que se mantuvieran ocultas durante 50 años las visiones de ovnis por parte de aviones de la Fuerza Aérea, a fin de no provocar un pánico masivo entre la población. En ese entonces, el gobierno de Londres encargó a un comité de expertos en cuestiones de inteligencia la presentación de un informe semanal sobre visiones de ovnis. Según Nick Pope, uno de esos expertos, citado por la BBC, “la mayor parte del material de archivo de los años cincuenta fue destruido. Pero ocurrió, que un científico cuyo abuelo era uno de los escoltas de Churchill dijo que éste y el presidente de EEUU Dwight Eisenhower, ordenaron ocultar al público una extraordinaria visión de ovnis por la tripulación de un avión de la Royal Air Force que regresaba de un bombardeo”. Del mismo modo, el astronauta Edgar Mitchell ha solicitado al presidente Obama desclasificar los documentos relativos al fenómeno OVNI. Pese todos los encubrimientos y desmentidos, Mitchell insiste en sus declaraciones: “Las misiones de la NASA fueron seguidas y observadas por entidades no humanas. Por ello, he solicitado al presidente Obama que libere la información retenida por más de 50 años”. Mitchell fue uno de los astronautas del programa Apolo en abril de 1966, asignado el Grupo 5. Sirvió como astronauta de apoyo en la misión Apolo 9 y como sustituto del piloto del módulo lunar en la misión Apolo 10. En 1971 integró la misión Apolo 14 como piloto del módulo lunar, donde le acompañaron como comandante de la misión el astronauta Alan Shepard y como piloto del módulo de mando Stuart Roosa. Durante la misión recogieron 100 kg de rocas, marcando record como el de la estancia más larga en la superficie lunar (33 horas) y el paseo lunar de mayor duración (9 horas y 17 minutos). Fue también sustituto del piloto del módulo lunar en la misión Apolo 16. Vale destacar que Michell fue el primer astronauta que declaró abiertamente y sin temor que el contacto terrícolas-alienígenas es un hecho. En 2008 aseguró en una entrevista: “Una fuente en la NASA tuvo contacto con extraterrestres pequeños de tamaño y con ojos y cabeza grandes. Nuestra tecnología ni siquiera se acerca a la de los seres del espacio y que de haber sido hostiles ya habríamos desaparecido. Estos hechos han sido ocultados por nuestros gobiernos durante 60 años, pero poco a poco se han ido filtrando”. Edgar Dean Mitchell, el sexto hombre de la Tierra en pisar la Luna, sostiene que desde tiempos inmemoriales ha habido contactos con seres extraterrestres pero tales hechos han sido ocultados por los gobiernos norteamericanos y la NASA. Llama la atención que todos los astronautas que han tenido el privilegio de ir al espacio han vuelto con una perspectiva mental cambiada y con una sentida reverencia hacia nuestro planeta Tierra. He aquí algunas de las frases de algunos de ellos: “Las fronteras de todo tipo desaparecen entre las naciones. Todos pertenecemos al mismo pueblo y cada uno es responsable del delicado y frágil equilibrio del planeta”. El doctor y comandante Mitchell tiene el récord de ser el hombre que más ha caminado por la superficie lunar, durante nueve horas y 17 minutos, en 1971. Por su parte, Gordon Cooper, quien participó en los años 60 en el programa Gemini, de la NASA, también declaró haber tenido varios contactos con seres extraterrestres.

De las miles de fotografías tomadas de nuestra Luna se han encontrado muchas anomalías y, en algunos casos, un claro argumento para apoyar la tesis de que los cráteres se han trabajado desde dentro. Evidenciando que una numerosa maquinaria se coloca dentro de ellos con la intención de tomar material para propósitos que son desconocidos para nosotros. Se han encontrado muchas pistas que conducen de un cráter a otro, y se han observado estructuras que no se consideran ser el resultado de fenómenos naturales. Muchas de éstas son circulares y a menudo abovedadas. La mayor evidencia parece existir en el lado lejano de la Luna, y quizás la razón de esta ubicación fue el mantener a nuestros entrometidos ojos fuera de ello. Los astronautas han coincidido en similares razonamientos: “Quizás no es una coincidencia que no hayamos vuelto a la Luna desde que alunizamos allí. Se dice que comenzamos a realizar experimentos que eran molestos y consideraron que era una interferencia con su trabajo. No es una sorpresa que los extraterrestres reconozcan su presencia sobre la Luna y que afirmen tener muchas bases allí, algunas durante cientos de años”. El histórico Apolo XI descendió en la Luna el 21 de julio de 1969 y un experimento que los astronautas estadounidenses hicieron implicó el dejar cargas de explosivos colocadas en lugares estratégicos para tomar lecturas de sonido del interior de la Luna. Los resultados fueron los más asombrosos; ¡la única conclusión que pudieron obtener demostró que estaba hueca! Uno no puede olvidarse del momento poco después de que los astronautas de EE.UU. aterrizaron y parecían haber sido saludados por una fiesta de bienvenida al encontrar a los extraterrestres y a sus naves espaciales, alineadas justo al otro lado del borde de un cráter próximo a ellos. Desde muchos satélites que han orbitado la Luna se han filmado naves espaciales saliendo de la Luna al espacio; luces inmóviles y relámpagos de luz también se han visto a menudo, a veces incluso desde la Tierra. En vista de esta evidencia, no hay duda alguna de que los extraterrestres utilizan la Luna para sus bases. Ha habido bastantes contactos de seres que afirman vivir en lunas de diversos planetas. Hay quienes creen que los astronautas vieron ovnis y fueron perseguidos o vigilados por ellos y que en la Luna existen ruinas de otras civilizaciones. La versión más difundida de los supuestos avistamientos se atribuye al Apolo 11. Otto Binder, ex empleado de la NASA, dijo que esta conversación entre Houston y el Apolo 11 fue escuchada casualmente por unos radioaficionados que pudieron captar un canal reservado para estos mensajes. Una versión similar, traducida al español fue publicada por el ufólogo y novelista J. J. Benítez, en su libro Ovnis: SOS a la humanidad. En todo caso y en resguardo de nuestra tradicional objetividad periodística, debemos decir que hasta ahora no se ha encontrado ninguna evidencia sólida que nos induzca a pensar que, durante los viajes lunares, los astronautas del programa Apolo efectivamente avistaran extraterrestres o encontraran estructuras artificiales.

Según sostienen algunos analistas del fenómeno ovni, entre las muchas razas que nos habrían visitado, algunas podrían ser los habitantes de continentes perdidos (Atlántida, Lemuria o Mu) que antes de que éstos fuesen sepultados por el océano, buscaron refugio en algún lugar seguro y recóndito de la Tierra, en un recinto de naturaleza material o etérica, conservando todos sus avances tecnológicos, entre ellos, los dispositivos de moderno diseño para vencer el espacio. Sea que provengan de otros planetas o planos, o de la propia Tierra, de manera transitoria o permanente estos podrían utilizar recintos especialmente acondicionados como bases de operaciones. Al respecto, ha especulado mucho sobre la posibilidad de que existan bases alienígenas secretas en áreas remotas como la Antártida, Groenlandia, la selva amazónica, las montañas del Tíbet y muchos otros lugares deshabitados o poco explorados. Según Raymond Bernard, no todos los ovnis serían extraterrestres. Algunos vendrían del interior del globo terráqueo que es parcialmente hueco y posee sendas aperturas en los polos. Se dice que el Almirante Byrd, explorador del Polo Norte, penetró en esa región desconocida, encontrando una tierra de clima templado con montañas, bosques, ríos, lagos, vegetación y vida animal. Para Brinsley le Poer Trench, miembro de la Cámara de los Lores británica, este mundo subterráneo habría sido construido por los habitantes de la Atlántida, para protegerse de catástrofes oceánicas y sísmicas. “Las dos entradas localizadas en los polos, que habrían sido incluso fotografiadas por los satélites americanos, son las que dan acceso al mundo exterior. Allí se alojan desde hace más de once mil años los “barcos del espacio” que nos visitan en la actualidad. Robert E. Dickhoff y Michael Barton, también son partidarios de la hipótesis de un mundo subterráneo. Según ellos, los platillos volantes son oriundos de una gran conjunto urbano integrado por siete metrópolis subterráneas, comunicadas entre sí por unos conductos huecos y con aperturas que afloran en el Tíbet, Siberia, América del Norte, Sudamérica y ciertas remotas cumbres montañosas, las cuales fueron construidas por los marcianos que habían acudido a colonizar la tierra y que se establecieron en ellas con el fin de escapar a la radioactividad que siguió después de un conflicto atómico entre la Atlántida y Lemuria. “De ese modo, sus naves interplanetarias entran y salen por las mencionadas aberturas superficiales y su propulsión se basa en las corrientes magnéticas planetarias. Sus tripulantes supervisan desde hace siglos el destino de la humanidad”. Antonio Ribera, Will Carson y Otto Binder dan como posible un origen subacuático a los ovnis. El setenta y uno por ciento de la superficie del globo está cubierta por las aguas, con profundidades de hasta diez mil quinientos metros, lo suficiente como para sumergir el monte Everest. “¿Qué mejor sitio para ocultarse de los pobladores de la tierra firme? Se han registrado centenares de observaciones de cuerpos raros sumergiéndose en el mar, evolucionando en sus aguas o emergiendo del mismo. A veces con tal asiduidad que han dado pie a especulaciones sobre la existencia de “platillopuertos”, como los de la zona de Malasia en el océano indico o los del golfo San Matías en la Patagonia. Ivan T.Sanderson, uno de los más competentes estudiosos de lo insólito, después de Charles Fort, mantenía la tesis de que en cada medio (agua, tierra y aire) podrían florecer complejas culturas inteligentes separadas entre sí como en compartimentos estancos. “Concretamente, en el inmenso volumen del agua oceánica habitarían razas conscientes capaces de surcar los cielos”. La humanidad está próxima a experimentar un cambio mundial increíble. Una especie de encrucijada del destino cósmico en la que los terrícolas deberemos tomar trascendentales decisiones que influirán en la vida en la Tierra en el futuro de lo que llamamos tiempo. De tal modo, necesariamente debemos abrir de par en par las puertas de nuestras prisiones mentales y emocionales que nos han limitado durante miles de años y también abrir los brazos de par en par en señal de aceptar una vez por todas, nuestra inevitable conexión con el universo y los demás seres que lo habitan. Los patrones de movimiento de las placas tectónicas nos advierten que la historia crucial de la humanidad todavía no ha sido contada.

¿Seremos capaces los terrícolas de poner la atención debida y pensar que ellos vuelven para salvarnos, como cuando vinieron a destruir los gigantescos dinosaurios y demás animales descomunalmente grandes, a fin de que el Homo Sapiens pudiera no sólo habitar la Tierra sino a vivir en paz en ella? La desaparición de esos grandes monstruos no se debió a la colisión de un asteroide, como muchos creen.