Muerte aparente, catalepsia y letargia


A lo largo de la historia, son muchos los casos de personas que aparentemente han fallecido y que luego de pasado algún tiempo, inexplicablemente han vuelto a la vida. Con el acta de defunción en sus manos, los familiares de Cornelio Cepeda preparan la casa para rendirle cristiana despedida. Por la noche, en la vivienda se escuchan llantos y rezos. Horas después, un hecho insólito horroriza a los presentes que huyen despavoridos del lugar. El “difunto” se ha levantado de la urna, y sentado balbucea incoherentes palabras. Entre aturdida y asustada, su esposa se atreve a acercársele y le acaricia la cara aún sumamente fría, lo que no le importa porque su compañero ha regresado a la vida. La extraña noticia corre como pólvora y algunos tratan de explicar lo sucedido como un error de los médicos al diagnosticar la muerte de aquel hombre. ¿Se trata de muerte aparente, de catalepsia o de letargia ? Otras personas que sufrieron experiencias similares no tuvieron la suerte de no haber sido enterradas vivas, tal como le ocurrió a
Carlos Castañeda, quien no podía mover su cuerpo pero sentía sus honras fúnebres, los sollozos de su familia y la mecánica actuación de los sepultureros que lo enterraron. Desesperado, Castañeda ansiaba gritar “¡Estoy vivo!”, “¡Estoy vivo!”, pero todos lo dieron por muerto. Dos días después, esperanzado, escuchó a los sepultureros exhumar su cuerpo, pero siguió sin poder dejarse notar y con pánico escuchó cómo iba a ser diseccionado. Luego llegaron las descargas eléctricas para livianizar su rigor mortis y se aproximó un forense con una lámina afilada que penetró en su pecho... Entonces pudo gritar y su alarido se oyó en kilómetros. ¡Había revivido! Determinar qué es la muerte y cuáles son los síntomas que la certifica es una vieja lucha de la medicina que parece que aún no ha sido ganada. Quizá la explicación a muchos casos similares se halle en la probabilidad de que una muerte aparente no sea tal y que los resucitados no hayan, en realidad, atravesado el tétrico umbral. En muchos países, a menudo diversas personas son enterradas vivas. Por ejemplo, cuando fueron repatriadas numerosas víctimas de la Guerra de Vietnam, los féretros de un 4% de ellos presentaron sus cuerpos retorcidos, sus puños roídos y la madera arañada. Habían revivido en sus urnas sin poder salir de ellas. Igual sucede con cierta regularidad en algunos hospitales, donde hombres y mujeres despiertan a la vida en los fríos depósitos de cadáveres, o luego, en sus viviendas cuando reciben las honras fúnebres y, a veces, en el transcurso de sus propios entierros. En otros casos, muchos no tan afortunados despiertan bajo tierra, tal y como confirmaron sepultureros parisinos en la década de los 70, cuando señalaron que muchos cadáveres al ser exhumados mostraban signos de aparente "resurrección". La muerte aparente pudiera tener su explicación en la catalepsia y la letargia, estados similares en donde las funciones del cuerpo cesan y los signos vitales desaparecen; pero hasta ahora los médicos no han podido encontrar los orígenes de estas dos extrañas condiciones que no representan en el hombre algún tipo de enfermedad, sino más bien un proceso cuyas implicaciones y orígenes se encuentran en el espíritu, por lo que la doctrina espirita los considera como fenómenos anímicos, “pudiendo incluso llegar a ser procesos mediúmnicos, puesto que no existe una respuesta en la ciencia que de fin a las interrogantes que esto produce”. Vale decir que la catalepsia se diferencia de la letargia en cuanto al grado de profundidad en el que se produce el adormecimiento del cuerpo que sucede de forma sectorizada y por menor tiempo. En la letargia, el adormecimiento es total y el proceso puede durar varios días, generando incluso signos de descomposición orgánica. Cuando nos referimos al concepto muerte hay que diferenciar los vocablos cadáver, muerto, y difunto, usados regularmente en forma errónea, otorgándoles igual significado o parecido, cuando en realidad no expresan lo mismo. Veamos: cadáver proviene de "caer". Se interpreta como "inmóvil" o que carece de movimiento. Para otros significa "carne entregada a los gusanos". Difunto es quien ha exhalado el "último suspiro". Agonía: deriva de agon, que significa combate (lucha entre la vida y la muerte). Muerto es quien carece de existencia. También significa cesación o negación de la vida. Actualmente, el médico posee un conjunto de conocimientos para efectuar, sin margen de error, un correcto diagnóstico de la muerte de una persona. Sin embargo, esto no quiere decir que todo está resuelto y que pueda descuidarse este aspecto, ya que de cometer alguna equivocación, esto implica sanciones legales. Asimismo, hoy en día, los plazos exigidos por la mayoría de las legislaciones y un correcto diagnóstico hacen prácticamente imposible la existencia de inhumaciones prematuras.
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