U-65 el submarino embrujado

Durante buena parte de la Primera y Segunda Guerra Mundial las tensiones bélicas provocaron en algunos países una vorágine constructora de equipos y maquinaria de guerra. Uno de esos países fue la Alemania gobernada por Adolf Hitler, la cual hizo que se fundieran miles de toneladas de acero para construir aviones, barcos y un sinfín de submarinos. Estos últimos fueron, por sus características, los que más millas recorrieron en aguas enemigas para espiar, perseguir  y de ser necesario, destruir a las flotas enemigas. Por ello, en los anales de lo misterioso e inexplicable, el mundo de los submarinos no es ajeno a las leyendas de fantasmas y de fenómenos extraños, que a lo largo del tiempo han hecho que estas naves infundan respeto y hasta miedo a quienes han tenido la ocasión de navegar en ellas.  Cualquier acción en un submarino siempre tiene algo de desafío a las fuerzas demoníacas del destino. La sola vista de una nave de este tipo atracada en un muelle, con sus extrañas formas de monstruo marino revestidos de metal negro o gris, resultan impresionantes. En relación a estas historias macabras, muchos de esos tripulantes sostienen haber escuchado en diferentes fechas y ocasiones misteriosos pasos y voces a pesar de no haber nadie a bordo, así como ver a marineros y oficiales uniformados que se desvanecían ante sus atónitos ojos. Del mismo modo, sentir fuertes corrientes de aire en camarotes completamente cerrados y también que el instrumental náutico se ponía en marcha solo, entre otros eventos extraños que no tienen explicación racional para la mente humana, pero aún así, entre esas historias las leyendas de barcos fantasmas siempre han estado presentes entre los mitos de los marineros, porque adentrarse en el océano o en peligrosos mares siempre ha causado temor al hombre y es que el desconocimiento de un medio hostil en el que su vida depende de factores que no están en sus manos es capaz de doblegar la más valerosa actitud cuando se adentran en el mar durante semanas o incluso meses a bordo de un barco,  sin más vista que el horizonte. Son muchas y variadas estas historias, como la de buques sin otra tripulación que los fantasmas de los marineros que perecieron en la nave mientras navegaban, convertidos luego en almas en pena destinadas a surcar los mares eternamente por haber osado enfrentarse con la fuerza de las aguas y subestimar su poder.
Una de estas macabras historias se refiere al submarino alemán U-65, de la Primera Guerra Mundial, cuya extraña historia se inicia antes de abandonar los astilleros de Brujas, Bélgica. El U65 fue construido en los astilleros Vulcan, de Hamburgo y entró en servicio en la Marina Imperial en agosto de 1917. Sus pruebas de mar se llevaron a cabo sin ninguna novedad pasando a formar parte de la flotilla de submarinos con base en Bremerhaven, Alemania.  Posteriormente, su misión se desarrollaría entre las islas Sheland y las Hébridas. Algo más tarde tendría como misión la vigilancia de las aguas del canal de Saint-  Georges, en las cercanías de Irlanda. El U-65 desarrolló todas sus misiones en diferentes aguas con éxito. El U65 fue encargado con el número de construcción 90, en los astilleros Vulcan, de Hamburgo, el 20 de Mayo de 1916, conjuntamente con otros seis submarinos. Botado el 26 de enero de 1917, entró en servicio en la Marina Imperial el  18 de agosto de 1917 y desde sus inicios fue protagonista de una enigmática historia de tragedias, muertes y desapariciones, que se inició antes de abandonar los astilleros dónde fue construido, ya que al comienzo de la primera gran confrontación militar se comenzaron a usar los submarinos como medio de defensa por lo que en los distintos astilleros se preparaban estos sumergibles para participar en la lucha. La sucesiva cadena de hechos extraños durante la existencia operativa del U65 comenzó incluso antes de poner la quilla en contacto con el mar, cuando uno de los operarios que trabajaban en su construcción en los astilleros falleció tras ser golpeado por una viga que formaría parte de la cubierta. Luego, en una de sus primeras pruebas en mar abierto, tres tripulantes quedaron atrapados en la sala de máquinas al atascarse la compuerta que comunicaba con el resto del submarino y murieron asfixiados por gases tóxicos. La investigación oficial no ofreció resultados concluyentes sobre las causas del accidente, ya que, sorpresivamente al ir los mecánicos a revisar dicha puerta, esta se abrió sin problema alguno, ante el asombro de todos, pero la cosa no paró ahí; pues en unas pruebas en alta mar junto a sus submarinos gemelos el U63 y el U64, el capitán de la nave ordenó a un marinero la inspección de la cubierta e inexplicablemente este desapareció, y, según el vigía de la nave, “el tripulante se lanzó por la borda y fue tragado por el remolino generado por las hélices.  Yo lo divisé caminando tranquilamente hasta caer al mar sin pronunciar palabra”. Llama la atención que este extraño y fatal suceso ocurrió en un día de calma absoluta.  En otra ocasión, tras ordenar una inmersión rutinaria a 10 metros de profundidad su capitán, una vez alcanzada dicha cota fue imposible detener el submarino que continuó su descenso hasta tocar fondo, motivo por la cual la asustada tripulación hubo de trabajar duramente durante largas horas para tratar de subirlo a la superficie, sufriendo los primeros efectos de una atmósfera enrarecida y falta de oxígeno. No obstante el gran esfuerzo de todos, la nave no respondió y permaneció en el fondo durante doce horas. 
Luego, inexplicablemente el U65 comenzó a subir de  manera misteriosa.  Ante el extraño suceso y pasado el fuerte impacto de sus marineros, el buque fue llevado al dique seco, siendo revisado minuciosamente por expertos ingenieros y mecánicos navales, quienes declararon que se encontraba en perfecto estado de funcionabilidad,  razón por la que fue declarado apto para el servicio, puesto que las urgentes necesidades de la guerra obligaban a declarar a los submarinos como aptos en el menor tiempo posible, así que se dispuso el aprovisionamiento y armamento  del U65 para su primera patrulla, pero la tragedia no se hizo esperar, dado que mientras lo equipaban, el último torpedo que debía ser cargado a bordo, estalló repentinamente matando al segundo oficial y a otros cinco marineros encargados de la tarea. Es a partir de entonces cuando la historia se vuelve realmente increíble, dando inicio a una serie de inquietantes apariciones en las que se podía ver a una oscura figura inmóvil, en pie sobre cubierta y con los brazos cruzados, que todos los testigos identificaban como el segundo oficial muerto en la explosión. A partir de entonces, en diferentes ocasiones varios miembros de la tripulación aseguraron ver al fantasma del oficial muerto trágicamente, “parado en la proa con los brazos cruzados”.  En otra oportunidad, regresando a la base luego de un patrullaje por el estrecho de Dover, en el momento en que el capitán dejaba el puente fue alcanzado por una metralla  aérea resultando muerto.  Ante la anormal situación comenzó a circular el rumor de que el U65 estaba embrujado y la mayoría de sus tripulantes solicitó ser trasladada a otro buque, por lo que el alto mando naval decidió enviar a un capellán a para que realizara un exorcismo. Vale decir que el nuevo capitán del submarino se encontró con un panorama desolador en el que la  tripulación, completamente aterrorizada, únicamente deseaba abandonar aquella siniestra nave. En un intento de levantar la moral, el exorcismo se realizó pero el siguiente viaje iba a resultar aún más trágico, pues, al parecer, el mal se negaba a abandonar la nave. Una noche el jefe de torpedos debió ser reanimado por sus compañeros tras haberse desmayado. Cuando se recuperó explicó aterrorizado que había visto con gran claridad el fantasma del segundo oficial, de pie y con los brazos cruzados sobre la cubierta de proa. 
Otro marinero relató posteriormente la misma historia, antes de desertar y desaparecer para siempre. Tiempo después, el vigía de estribor comunicó que un hombre uniformado se encontraba en la proa con los brazos cruzados mientras las olas lo atravesaban. Los marineros empezaron a llamarlo a gritos, cuando se volvió todos pudieron comprobar que se trataba de aquel segundo oficial muerto tiempo atrás. Los inexplicables incidentes siguieron sucediendo sin cesar. Durante otra misión, se cuenta que el jefe de torpedos, Eberhardt, no pudo soportar la impresión que se llevó al ser rozado por el espectro y se suicidó. Meses después, al ser atacado el U65 por cargas de profundidad se dio orden de inmersión, y llegado el momento de emerger el submarino se negaba a responder a las correspondientes maniobras, mientras tanto, una luz verdosa se movía de un lado a otro en su interior, mostrándose el espectro ante todos los marineros. En medio del terror, uno de ellos comenzó a gritar histéricamente diciendo que el fantasma le había acariciado la mejilla con unos dedos helados. Finalmente el submarino logró alcanzar la superficie y arrumbó hacia su base, pero la tripulación, aterrorizada y absolutamente convencida de que convivían con un fantasma, se negó a embarcar nuevamente, por lo que hubo de ser sustituida. Toda esta sucesión de extraños acontecimientos y accidentes y la inusual cantidad de muertes a bordo en tan corto período de tiempo, que hasta ese momento habían sido acalladas por la cúpula militar, acabó llegando a conocimiento de los altos mandos de la Marina Imperial. 
En la siguiente patrulla un tripulante se suicidó, uno de los artilleros se volvió loco, uno de los ingenieros encontró la muerte en el mar, aunque esta vez parece que la caída fue accidental y el primer maquinista se rompió un pierna.  El destino final del U65 quedó envuelto en el misterio debido a que se perdió el contacto por radio con su tripulación, pero en tiempos de guerra que un submarino desaparezca sin dejar rastro no es algo raro, pero esta historia tiene un final sorpresivo: El 10 de julio de 1918 el L2, un submarino norteamericano, divisó un submarino alemán navegando a la deriva frente a las costas de Irlanda. Según parece, probablemente ya de regreso, el U65 fue avistado por el L2 que se dispuso a atacarlo sin demora. Más no llegó a ser necesario. No había concluido aun su maniobra de aproximación cuando el capitán americano contempló como el submarino alemán explotó por los aires sin razón alguna. Más tarde dicho capitán declaró que momentos antes de la explosión pudo ver en proa una figura inmóvil con los brazos cruzados. A finales de ese mes, el almirantazgo alemán comunicó oficialmente la pérdida del U65 junto con sus 34 tripulantes.  
Consta en los informes de la Marina alemana que en determinados momentos, el submarino efectuaba maniobras inexplicables, escapándose del control de los navegantes, como si estuviese manejado por presencias no visibles.  Esta siniestra historia tuvo lugar entre los años 1916 y 1918.  Desde ese entonces, a la largo del tiempo muchos marinos sostienen haber visto en el Atlántico lo que parecía ser un extraño y viejo submarino con un oficial de pie y con los brazos cruzados, sobre la proa. El U-65 y su tripulación fantasma, tal vez siga navegando los mares.

1 comentario:

  1. DESDE HACE MÁS DE 10 AÑOS HE LEÍDO ACERCA DE ESTA FASCINANTE HISTORIA, QUE LEÍ POR 1R VEZ HACE 14 AÑOS. ME CAUTIVA Y ME HACE INVESTIGARLA CADA QUE TENGO OPORTUNIDAD, YA ME HABÍA CANSADO DE LEER SIEMPRE LO MISMO EN VARIOS LINKS, ÉSTE VIENE A SER EL MEJOR QUE HE LEÍDO. ME AGRADARÍA SABER SI LAS FOTOGRAFÍAS SON REALES Y SI POSEEN MAYORES DATOS. FELICIDADES!! GRACIAS Y SALUDOS DESDE LA CIUDAD ME MÉXICO.
    EDUARDO MECALCO
    mecalco82@hotmail.com

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