Evolución espiritual

Desde la antigüedad el hombre ha buscado su origen, la causa de su ser y el por qué de su permanencia en este mundo. Luego, cuando se dio cuenta de que en él había facultades que lo diferenciaban de las demás criaturas, fue teniendo la idea de que le estaba reservado un destino distinto entre todos los seres de la creación. Lentamente fue naciendo en él la intuición de un Dios, la existencia del espíritu y, por lo tanto, la necesidad de elevar culto a aquel de quien creía proceder. De ahí parte su evolución espiritual, la cual no ha sido igual en todos porque divididos en razas, nacionalidades, costumbres y lenguas, unos avanzaron más que otros. Vale aclarar que la evolución no tiene relación con método alguno de crecimiento espiritual, ni por ser practicante de ninguna religión, ni seguidor de ningún maestro o de secta alguna. La evolución espiritual se fundamenta en patrones de comunicación y en la interacción con los demás y con su entorno. Así, todos evolucionamos o involucionamos. De igual modo, sin evolución interna no puede existir evolución externa. Al ser más materia que espíritu, el hombre hace más mal que bien, porque predomina en él lo material sobre lo espiritual y entonces deja el espíritu de lado; pero, cuando por cualquier motivo le ocurre algún suceso extraordinario, se da cuenta del amor que existe en su ser espiritual y se arrepiente de haber actuado en una forma inadecuada. Es entonces cuando toma conciencia de sí mismo y de que su espíritu supera a la materia, con lo cual, a partir de entonces, comienza a trabajar para vencer la materia y transformarla en espíritu. De esta forma es cuando comienza a evolucionar espiritualmente. Si en realidad desea avanzar, debe tener una visión cósmica del micro y del macro universo, así como de sí mismo y de todo lo creado. La evolución del hombre hace que la humanidad comience a observar un cambio que intenta modificar las actitudes y acciones, a fin de no seguir perturbando más a la Naturaleza y de mejorar la calidad de la Tierra que le da la vida en la materia: ésta es el vehículo donde su alma puede evolucionar, proyectar y crecer, elevándose a niveles superiores. Cuando logramos evolucionar espiritualmente, lo hacemos hacia la ecuanimidad, hacia la igualdad y hacia la constancia de ánimo, así como hacia la imparcialidad de juicio. La evolución ayuda a despertar la conciencia superior, puesto que evolucionamos para adaptarnos a nuevas y mejores condiciones de diversas índoles, pero, sobre todo, de índole espiritual. Cuando el hombre está vacío espiritualmente, cuando a su vida sólo la satisface el éxito, el dinero, las apariencias, la capacidad de llenarse a costa de los demás, la apariencia física y lo superfluo, y cuando llega hasta a negar la existencia de Dios, se abren en él fisuras que permiten la oportunidad de llenarse de trastornos tales como la violencia, los vicios, la maldad, el egoísmo, los desórdenes sexuales y otras calamidades. Cuando el hombre eleva su pensamiento, eleva sus vibraciones y éstas se irradian hacia los demás en bienestar, afecto, comprensión y ternura. Al no evolucionar espiritualmente, da la oportunidad a que fuerzas funestas como el racismo, la intolerancia, la ambición, el rencor y el odio sean las que gobiernen su existencia. Quien busca la verdad no sólo indaga el conocimiento en forma intelectual, sino accionando con la mente y el corazón en una actitud amorosa hacia la humanidad. Evolucionar es reconocer nuestra matriz divina y recuperar la conciencia de quienes somos realmente; por ello, es tiempo de anclar en la dimensión física lo más puro de nuestro ser. Somos portadores de dones y talentos. Nuestra esencia es luz. Abramos nuestro corazón para que el viento del espíritu avive nuestra llama y podamos disfrutar el despertar hacia una nueva realidad. El futuro nace del presente. Las decisiones de hoy crean nuestro mañana. 

1 comentario:

  1. Me resultó un artículo claro, breve y muy estimulante para abordar un cambio de conducta, actitud.
    Nos hace mucha falta contar con reflexiones de este tipo, que promuevan nuestra conciencia más edificante.

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