Cyborgs: los posthumanos del futuro


Sin casi percatarnos, hoy, para realizar cualquier acto de nuestra vida cotidiana dependemos de aparatos de alta tecnología, que portamos, llámense prótesis de cualquier índole, teléfonos móviles y otros que pueden estar a gran distancia, como satélites, y que no por estar fuera de nuestro cuerpo nos resultan menos imprescindibles. ¿Nos está llevando la tecnología a replantearnos una nueva definición del cuerpo humano y de cuáles son sus nuevos límites? De igual modo y también casi sin notarlo, la especie humana está dando pasos en su escala evolutiva y, según científicos expertos en nuevas tecnologías, introduciéndonos en la era de los cyborgs (una mezcla de hombre y máquina, o criaturas con componentes biológicos y mecánicos), la cual ya está aquí.  ¿Será éste apenas el comienzo de la era de los posthumanos? Al respecto, Kevin Warwick, científico e ingeniero experto en el campo de la robótica, profesor de Cibernética en la Universidad de Reading, en Inglaterra,  conocido por sus investigaciones sobre interfaz, cerebro y computadoras que comunican el sistema nervioso con otros diferentes tipos de computadoras y por sus trabajos en el campo de la robótica, señala que en el futuro el hombre y los chips se fundirán en uno solo. “Nos dirigimos hacia el hombre-máquina, inmune al dolor y al tiempo. El inusitado desarrollo de la robótica, la cibernética y la nanotecnología hace prever un futuro de humanos-cibernéticos con autonomía propia, con chips, prótesis y sensores artificiales incorporados en su cuerpo. Aunque parezca increíble, un ser humano nada, camina e incluso corre, pero con dos piernas computarizadas, dentro de las cuales miles de datos se combinan para dotarle de movimientos naturales y precisos”.   Desde hace algunos años ha surgido una gama de implantes eléctricos y computarizados que son incorporados por la ciencia en el cuerpo humano, a fin de desempeñar funciones localizadas, lo que involucra, como ya de hecho se hace, ligar tecnología directamente al cerebro o al sistema nervioso. El avance tecnológico-informático ha afectado los procesos inteligentes del ser humano y en ciertas actividades mentales (memoria, lógica y toma de decisiones), vemos que las máquinas sustituyen al hombre en aspectos que no sólo son suplantados artificialmente sino que son más rápidos, poderosos y confiables. 

En nuestro planeta existen o han existido muchos cyborgs, como Matthew Nagle, ex jugador estrella del equipo de fútbol de la High School (1998), de Weymouth, pueblo situado  en el sur de Dorset, Inglaterra, lisiado que sufría de parálisis total,  debido a que en el 2001, cuando se retiraba de un espectáculo de fuegos pirotécnicos cerca de Wessagussett Beach, estalló una feroz y despiadada pelea entre dos grupos de jóvenes, en la que resultó acuchillado a la altura del cuello, lo que le provocó severos daños en su espina dorsal, al tratar de ayudar a uno de sus amigos. De este modo, quedó cuadrapléjico, o lo es lo mismo, lisiado, inmovilizado desde el cuello hasta las extremidades inferiores. Ante la terrible realidad, la ciencia, con su debido consentimiento, decidió convertirlo en el primer ser humano en  usar una interfaz-cerebro-computadora a fin de restaurar sus funciones físicas perdidas. Cyberkinetics, en conjunción con el profesor John Donoghue, del departamento de Neurociencias de la Universidad de Brown, construyeron en el 2003 la interfaz, denominada Brain Gate (Compuerta cerebral). Nagle accedió a participar en las pruebas clínicas de la compuerta cerebral con el deseo de recuperar la salud y poder llevar una vida normal, con grandes esperanzas de que los grandes avances de la ciencia moderna le ayudasen. El dispositivo le fue implantado el 22 de junio del 2004 por el neurocirujano Gerhard Friehs. Entonces, cien electródos le fueron colocados en la superficie de su cerebro sobre la región de la corteza motora que controlaba su brazo y mano dominante que era la izquierda. Un puente conectado al exterior de su cráneo era donde podía ser conectado a un ordenador. La computadora estaba "entrenada" para reconocer los patrones de pensamiento de Nagle y asociarlos con movimientos que él deseaba ejecutar. Mientras tenía el implante Nagle podía controlar el cursor de una computadora, y presionar el botón para controlar la Televisión, revisar su correo electrónico y hacer básicamente todo lo que pudiese al presionar botones virtuales, incluso podía dibujar (aunque con cierta imprecisión) en la pantalla. También podía enviar órdenes a una prótesis de mano robótica para abrirla o cerrarla. Los resultados del estudio fueron publicados en el diario Nature. En esa ocasión Matthew declaró: “No puedo describirlo con palabras, solo uso mi cerebro. Sólo lo pensé, dije: "Cursor ve arriba a la derecha", y lo hizo, y ahora puedo controlarlo por toda la pantalla. Ello me da un una sensación de independencia.
Asimismo, biochips identificadores; implantes eléctricos computarizados; marcapasos que marcan el latido del corazón; corazones y extremidades artificiales; implantes en el oído que pueden trasmitir sonidos y repetirlos en el sistema nervioso y bombas que dosifican calmantes e insulina han sido colocados en humanos, a la par que se prueba un sistema de electroestimulación cerebral para combatir la depresión y está en fase experimental un sistema similar para tratar migrañas, adicciones y obesidad. Del mismo modo, más de 40.000 enfermos de Parkinson llevan electrodos en su cerebro que controlan sus temblores y muchas personas caminan, corren o nadan con piernas computarizadas. En 1998, Kevin Warwick, profesor jefe del Departamento de Cibernética de la Universidad de Reading, se hizo implantar un chip en su brazo izquierdo, conectando su sistema nervioso a una computadora que le permitía manejar a distancia aparatos electrodomésticos y comunicarse con su esposa, a la que también se le implantó un chip. “Esto nos permitió elevar nuestras capacidades humanas, mejorando nuestros sentidos, siendo capaces de realizar complejas operaciones”. El cerebro humano y las computadoras están cada vez más relacionados. Según algunos científicos, en el futuro veremos sorprendentes desarrollos en el campo de la medicina, la cual está a las puertas de un territorio desconocido, donde existe la posibilidad de tratamientos con éxito en enfermedades y dolencias para las que hoy no existen alternativas. Los diminutos nanorobots viajarán por nuestra corriente sanguínea de órgano en órgano, buscando y removiendo células cancerígenas. La fuente de poder de los equipos tecnológicos será el cuerpo humano y la comunicación será a través de señales y no hará falta hablar. Tal conexión directa abre un mundo de posibilidades. Se trata de un cambio científico pero también filosófico que nos obliga preguntarnos: ¿Quiénes somos realmente? “Las máquinas son superiores a los humanos porque tienen memoria casi ilimitada, extraordinaria capacidad de cálculo, posibilidad de comprender más de tres dimensiones, captan ultrasonidos, emiten infrarrojos y se comunican sin hablar. Esta conexión física y metafísica ya ha empezado a convertirnos en cyborgs. Por ejemplo, una persona implantada con un marcapasos puede considerarse un cyborg, puesto que no podría sobrevivir sin ese componente. El 10% de norteamericanos es cyborg, pues cuenta con marcapasos electrónicos, articulaciones artificiales, miembros protésicos y piel artificial". Somos sólo un eslabón de la cadena evolutiva. Hasta ahora pensábamos que éramos el final de la evolución. Estamos comenzando a aceptar que somos parte de un proceso evolutivo que se  acelera vertiginosamente.  Entonces, ¿Por qué creer que la evolución de la inteligencia, desplegada durante cientos de millones de años se detuvo repentinamente en el nivel humano?  
Por estas razones, ahora mismo muchos científicos plantean que el transhumanismo comienza a ser realidad a partir del avance de la tecnología, porque, de hecho, el mismo hombre introduce elementos de sofisticadas máquinas o equipos en su organismo para funcionar mejor, para experimentar, o para compensar pérdidas, o lo que es lo mismo, estamos llegando a la era del cyborg y a una actualidad científica que quizás permita trazar el cuadro de una tendencia que puede hacer de Robocop una realidad. Pero ¿qué es el transhumanismo? Se trata tanto de un concepto filosófico como un movimiento intelectual internacional que apoya el empleo de las nuevas ciencias y tecnologías para mejorar las capacidades mentales y físicas del ser humano con el objeto de corregir lo que considera aspectos indeseables e innecesarios de la condición humana, como el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento o incluso en última instancia, la mortalidad. Los pensadores transhumanistas estudian las posibilidades y consecuencias de desarrollar y usar la tecnología con estos propósitos, preocupándose por estudiar tanto los peligros como los beneficios de estas manipulaciones.  El término transhumanismo data de 1957. Luego, su significado contemporáneo se desarrolló en la década de 1980, cuando un grupo de científicos, artistas y futuristas establecidos en los Estados Unidos empezó a organizar lo que desde entonces ha crecido hasta constituir el movimiento transhumanista. Los pensadores transhumanistas proponen que los seres humanos se transformen en seres que expandan sus capacidades hasta devenir en posthumanos, entiéndase, en organismos cibernéticos u hombres-máquinas. Lejos de hablar de ciencia-ficción estamos refiriéndonos a una verdad del tamaño de un templo  ¿hasta qué punto no se han convertido en cyborgs buena parte de los habitantes de este planeta? Observemos: Lentes de contacto, prótesis de todo tipo, órganos artificiales, marcapasos, audífonos, etc., etc. La incorporación de tecnología para reemplazar funciones del cuerpo humano y también para mejorarlo o embellecerlo, se vuelve tan cotidiana que apenas se reflexiona sobre el acto en sí mismo. Salvo cuando la tecnología plantea nuevos dilemas.
Los casos se multiplican: la nadadora neozelandesa Nadya Vessey, a quien le amputaron sus piernas a los 16 años, debido a una enfermedad, hoy puede nadar gracias a una prótesis que simula la cola de una sirena. Años después, su caso terminó en la creación de una prótesis con forma de cola de sirena para desplazarse a través del agua. Uno de los datos más curiosos es que esta prótesis fue creada por la empresa que hizo los efectos especiales de películas de Peter Jackson, como El Señor de los Anillos y King Kong. El resultado final no solo se ve impresionante, debido al detalle de la cola, creada de neopreno, moldes de plástico y una media impresa digitalmente, sino también que es muy funcional. Nadya dice que luego de practicar y acostumbrarse, hoy se siente muy cómoda utilizando la prótesis. Aunque nos cueste imaginar que esto comenzará a usarse para que personas amputadas puedan nadar, sería algo realmente sorprendente e interesante que un mito creado por el hombre se convirtiese en realidad muchos siglos después gracias a su invención. Paradójicamente hoy podemos plantearnos: Las sirenas son criaturas mitológicas... o por lo menos eso creíamos.  Otro de los casos conocidos como cyborgs, es el del atleta Oscar Pistorius, corredor paralímpico sudafricano quien posee las marcas mundiales en las pruebas de 100, 200 y 400 metros lisos para atletas que han sufrido una doble amputación. Pistorius utiliza para correr prótesis transtibiales construidas en fibra de carbono. Aunque esas piernas artificiales le permiten a competir, su uso ha generado protestas por parte de otros corredores, quienes alegan que tales prótesis le dan una ventaja injusta sobre ellos, utilizando el argumento que con su utilización se vuelve mucho más veloz. Por lo  que podría afirmarse que en este caso la máquina supera al hombre. No hace falta ser un científico para comprobar que los implantes son capaces de superar la función previa y que a través de ellos el ser humano puede adquirir habilidades totalmente nuevas. Según Paula Sibilia, antropóloga argentina, autora del libro El hombre postorgánico, “se trata de un proceso de digitalización y de reingeniería cibernética del mundo, de la vida, de la naturaleza y del hombre. En el futuro, los ingenieros de la vida podrán efectuar ajustes en los códigos informáticos que animan los organismos vivos, así como los programadores de computadoras editan los programas de software. Todas esas reconfiguraciones y redefiniciones de la naturaleza, de la vida y del ser humano tienen profundas implicaciones en todos los ámbitos del género humano". Mientras que Daniela Cerqui, antropóloga de la Universidad de Lausanne, Suiza, cuestiona: "Hay gente que mantiene que siempre hemos sido cyborgs porque desde tiempo atrás hemos recurrido a la tecnología para solucionar problemas de nuestro cuerpo. Desde ese punto de vista, entonces no habría razones para poner límites, porque sería algo natural para nosotros. La pregunta es: ¿qué tan lejos podemos llegar en esta mezcla con la tecnología? ¿Seguimos siendo humanos una vez que reemplazamos todos nuestros órganos con prótesis, algo que se está volviendo cada vez más posible?".
Para Cerqui, "se suele pensar que estas tecnologías son usadas como un tratamiento, entonces automáticamente pasan a ser 'buenas'. Pero la definición de lo que se consideraba como normal está cambiando y entonces lo que hoy se considera mejoramiento mañana será considerado tratamiento. De esta forma estamos creando nuevas necesidades". Warwick insiste en sostener que los humanos pueden y deben ser actualizados: “Las máquinas son superiores porque tienen, al menos, cinco cualidades de las que carecemos: poseen una memoria casi ilimitada, una capacidad de cálculo extraordinaria, la posibilidad de comprender más de tres dimensiones o cinco sentidos -pueden captar ultrasonidos o emitir infrarrojos- y, finalmente, pueden comunicarse sin hablar”.  ¿Quién nacerá antes, los hombres-máquina o las máquinas-hombre? Las aplicaciones cibernéticas y las aplicaciones biológicas, aunque aparentemente enfrentadas, convergerán más tarde o más temprano y quizá debamos mirar a los antepasados de un individuo para llegar a discernir si tiene más de artefacto que de ser vivo, o viceversa. Hablar de inteligencia no algorítmica, es decir, sin programas ni software preescrito que imiten a la nuestra, es un tema muy delicado para los científicos. “Cuando un sistema inanimado es dotado de inteligencia autónoma, estamos ya muy cerca de lo que llamamos vida artificial”. La reproducción, uno de los condicionantes que los biólogos consideran necesarios para calificar como "vivo" a un objeto no estaría desde luego muy lejos de las posibilidades de una máquina pensante. Ya existen aquellas que no saben ni cómo se llaman y que sin embargo son capaces de hacer copias de sí mismas. Si el concepto de superhombre puede ser arriesgado, ¿qué puede decirse de las supermáquinas? El ser humano es peligroso por naturaleza, pero, al menos se trata de una naturaleza bien comprendida por los de su especie. Otorgar inteligencia a un medio tan radicalmente distinto como una máquina, de la cual no puede esperarse, como mínimo, el mismo comportamiento que una persona, será toda una experiencia. Que sea positiva o negativa, aún no lo podemos aventurar.  Hay quienes sostienen que la carne ya no será necesaria para nada. Cuando ésta supere su vigencia física, algo así como su fecha de caducidad, bastará con reemplazarla con elementos mecánicos. Prácticamente, todas las funciones que realizan los órganos del cuerpo humano podrán ser duplicadas en su totalidad y mejoradas, de manera que lo único realmente valioso para una persona (su mente, su memoria, su personalidad, su cerebro), es también lo único que debería preservarse. Ante la posibilidad de convertirnos en robots con cerebro orgánico, quedaría así abierta la puerta que nos llevaría a la inmortalidad. La procreación artificial siempre sería posible a partir de material genético natural o sintetizado, pero es posible que ésta ya no fuera necesaria ante la perspectiva de la desaparición de la muerte física. 
Antes, sin embargo, los científicos deberán hallar la forma de paralizar la degradación cerebral, que afecta a la mayor parte de la gente en su vejez y que, de otro modo, invalidaría esta hipótesis.  Si nos mostramos incapaces de lograrlo, quizá deberemos esperar un poco más y no subestimarnos. Si la esencia está en el contenido y no en el envoltorio, ¿por qué no transferir la información contenida en el cerebro y colocarla en un receptáculo indestructible? El ciclo se habrá cerrado así: el hombre orgánico habrá abandonado su cuerpo para refugiarse en otro que le dé la inmortalidad. Pero, cuidado, no olvidemos que la razón humana, su inteligencia, sus pensamientos... se gestaron de manera espontánea en los cerebros naturales. Cada generación de ordenadores "retira" a las anteriores con una facilidad pasmosa, convirtiendo en pocos meses en obsoleto aquello que a primera vista parecía el último grito en informática. Durante la última década, la rapidez de cálculo de los chips de las computadoras se ha duplicado en pocos meses, entrando en una espiral fantástica que aparenta no tener fin. Pero, ¿lo tiene realmente? Según los expertos, hacia el 2090 los chips artificiales podrían superar las capacidades de las neuronas del cerebro humano, no sólo en funcionalidad, algo que ya está en proceso de simularse, sino en poder de procesamiento y comunicación.  La pregunta fundamental es si este crecimiento imparable de la habilidad de los elementos electrónicos puede dar lugar algún día a que el Hombre se vea de forma ya definitiva en condiciones de inferioridad intelectual frente a las máquinas. Si llega el instante en que perdemos el control y dejamos de comprender cómo y el porqué se producen las mejoras, ¿qué ocurrirá con nosotros?
La palabra cyborg (cyber-cibernético) y org (organismo), que significa organismo cibernético;  se utiliza para identificar una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos mecánicos. Ejemplos de esto son las películas Robocop y Terminator. El término lo acuñaron Manfred Clynes y Nathan Kline en 1960 para referirse a un ser humano mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres. Llegaron a esa idea después de pensar sobre la necesidad de una relación más íntima entre los humanos y las máquinas en un momento en que empezaba a trazarse la nueva frontera representada por la exploración del espacio. Diseñador de instrumentación fisiológica y de sistemas de procesamiento de datos, Clynes fue director científico del Laboratorio de simulación dinámica de Rockland State Hospital, en Nueva York. Hans Moravec, profesor investigador del Instituto de Robótica de la Universidad Carnegie Mellon, de Pittsburg, vaticina que  para el 2050 existirán robots con un poder mental igual al de los humanos. “Esas máquinas inteligentes aprenderán de nosotros, crecerán a partir de nosotros, compartirán nuestros valores y objetivos y pueden verse como los hijos de nuestra mente. No sólo nos cuidarán en casa, sino que ejercerán tareas complejas que actualmente requieren la participación humana, como diagnosticar enfermedades y recomendar una cura o terapia. Serán nuestros herederos y nos ofrecerán la mejor posibilidad que podamos tener de llegar a la inmortalidad si nosotros mismos nos incorporamos en robots avanzados”. Es probable que una nueva forma de vida inteligente surja y sobrepase al hombre, igual que éste sobrepasó al Australopithecus; pero, a diferencia de muchas otras especies, el Homo Sapiens quizás no se extinga sino que se transforme en Homo Ciberneticus.

¿Desaparecerá el hombre del planeta?

Hay una sola Humanidad. Hay una sola fraternidad. Nadie es superior ni inferior. Todos somos iguales.  Las barreras creadas por el hombre deberían  ser destruidas sin piedad. Sólo entonces habrá paz en este mundo.  Existe una religión única: la del Amor. La Tierra es un sólo hogar. Todos somos miembros de una sola familia: la humana. Ningún hombre es independiente de ese todo. Por ello, el hombre se hace a sí mismo miserable al separarse de los demás. La separación es muerte. El cultivo del amor cósmico es vida porque incluye todo y abraza todo. Si el hombre reconoce el valor de los demás, destruye todas las barreras y todos los prejuicios raciales, religiosos y naturales que separan a los hombres entre sí; si considera toda vida como sagrada y si protege a los animales, es decir si todos actuáramos correctamente y en concordancia natural y lógica con nuestro medio ambiente, entonces este mundo volvería  ser lo que fue tiempos inmemoriales: un paraíso lleno de belleza, paz y tranquilidad. Vivamos en paz en un mundo unido sin guerras ni confrontaciones, entendiendo que el mundo entero es la sola familia de Dios.
Si llegas a entender esto será feliz. Si es así, luego universaliza y espiritualiza cada movimiento, cada acción, cada pensamiento y cada sentimiento. De otro modo, es posible que el hombre desaparezca del planeta y también posible que nunca más vuelva a habitarlo. Si esto llegara a ocurrir, ¿Tardarían mucho tiempo las ciudades en ser devoradas por la naturaleza?   Tales interrogantes se las hacen expertos biólogos, geólogos, climatólogos, botánicos, arqueólogos, ingenieros y ecologistas, quienes también tratan de hallar respuesta a cómo sería la Tierra después de tal desaparición.  Estas preguntas surgen dado los graves problemas ambientales, sociales y políticos existentes. ¿Qué causas podrían generar la desaparición del hombre? Según la ciencia existen varias. Entre otras, causas naturales (desastres de grandes proporciones);  pandemias provocadas por enfermedades incurables; artificiales, factores provenientes del espacio;  una posible guerra nuclear o biológica; una hambruna mundial, resultante de la superpoblación; la disminución de los recursos naturales  no renovables;   la destrucción de la capa de ozono; el calentamiento global; la pérdida de una atmósfera respirable debido a gases tóxicos; cambios bruscos de frío a calor o de calor a frío; congelamiento de la Tierra; llamaradas solares; que la Vía Láctea colapse con la galaxia Andrómeda; que el Sol absorba a la Tierra mientras aumenta de tamaño; la sustitución del hombre por robots; la infertilidad  humana o una invasión de seres alienígenas superiores. Si esto sucediera, la naturaleza tardaría poco en invadir las ciudades, haciendo que edificios, calles, monumentos y otras estructuras sucumban ante inundaciones, corrosión y crecimiento de bosques, desiertos y áreas nevadas. Los embalses producirían desbordamientos tan fuertes que inundarían lugares como el metro de Nueva York. 
Después, las calles se agrietarían. En los primeros días, meses y años sin humanos, la naturaleza comenzaría a recuperar terreno al mismo tiempo que la falta de uso y mantenimiento debilitaría presas, plantas de energía y túneles. Poco después, especies de animales domésticos desaparecerían por falta de comida. Grandes animales que escaparan de los zoológicos proliferarían por las calles. Según Edward Wilson, biólogo de la Universidad de Harvard, en poco tiempo, vacas, ovejas, gallinas, cabras y cerdos morirían.



Por su parte, Gordan Masterton, de la Real Institución de Ingenieros Civiles de Gran Bretaña, sostiene: “Tras desaparecer el hombre, las luces del planeta se apagarían después de paralizarse las plantas eléctricas y, a los pocos días, el mundo se encontraría en total oscuridad. Seis meses después, las ciudades serían ocupadas por los animales. En menos de cien años, lobos, ciervos y osos migrarían a las ciudades; entonces, la jungla de asfalto se convertiría en una verdadera jungla donde la naturaleza ganaría terreno.  Al no existir el hombre, desaparecerían también los piojos y  parásitos que habitaban en su cuerpo y enfermedades como el sida y el cáncer. Un siglo después, los edificios se derrumbarían, primero los de madera, arrasados por millones de hormigas blancas y  después, los de cemento y hormigón comenzarían a desplomarse corroídos por el aire, las raíces de las plantas y el clima. Las antiguas zonas urbanas, cubiertas por bosques y matorrales,  serían incendiadas por los relámpagos.
En Nueva York, cubierto por el hielo, quedarían semienterradas la Estatua de la Libertad y otros monumentos. Mientras la muralla china y el canal de Panamá desaparecerían y los reactores nucleares de las 441 centrales existentes en el mundo se sobrecalentarían e incendiarían y la radiactividad duraría milenios, mientras que fallas tecnológicas harían que las computadoras tomaran acciones imprevistas o que los robots comenzarán a luchar contra el hombre. En el momento en que los humanos desaparezcamos de la Tierra – los contaminantes cesarán de salir de los tubos de escape de los automóviles y de las chimeneas y vertederos de residuos de nuestras fábricas. En cosa de unas pocas semanas, los óxidos de nitrógeno y azufre y el ozono (contaminante a nivel del suelo, no la capa protectora de la estratosfera), se limpiarían de la atmósfera. Otros, como los clorofluorocarbonos, dionixas y el pesticida DDT, llevarían más tiempo en desaparecer. Asimismo, el exceso de nitratos y fosfatos que pueden transformar los lagos y ríos en zonas asfixiadas de algas también se limpiarán en pocas décadas, al menos, en la superficie de las aguas. "El agua subterránea es la memoria a largo plazo del sistema”, dice Kenneth Potter, hidrólogo de la Universidad de Wisconsin en Madison. En esencia, los océanos están actuando como un gigantesco aire acondicionado, manteniendo la atmósfera más fría de lo que debería estar dado su nivel presente de CO2.
 Nuestra civilización requiere de un constante mantenimiento que solo el hombre garantiza. Sin embargo, los expertos sostienen que a la naturaleza tan solo le tomaría 15.000 años en borrar totalmente su huella, por lo que cabe plantearse: si la Tierra tiene 4.500 millones de años, ¿es posible que una civilización anterior a la nuestra halla existido millones de años antes? Al respecto, el paleobiólogo Doug Erwin, advierte: " Finalmente la raza humana va a desaparecer: no hay razón para pensar que somos diferentes a otras especies. Pero la vida continuará, y seguirá evolucionando, estemos nosotros o no". Si esto llegara a suceder, entonces no sería extraño encontrar muchos años después, en algún lugar del despoblado planeta, una placa con el siguiente mensaje: “El mundo tal como lo conoció la humanidad ahora es sólo un recuerdo. Su lugar lo ocupamos nosotros, los muertos que andan.
Los pocos sobrevivientes buscan cualquier cosa que les permita olvidar el infierno en que se ha convertido su existencia. La misión de conseguir comida y suministros esenciales ha sido asignada a un “ejército” que realiza tal tarea fuera de los límites de las ciudadelas con la seguridad que les ofrecen los enormes vehículos blindados de los androides. Mientras, como vestigio de viejas costumbres de los antiguos habitantes del planeta, crece el desorden y la anarquía, y fuera, el ejército de los muertos – dirigido férreamente por los robots-humanoides - está aprendiendo a respetar, a organizarse y comunicarse, a consecuencia de la coexistencia con ellos. A diferencia de los otros animales, el hombre antiguo fue dotado de un cerebro e inteligencia para sobrevivir y transmitir a sus descendientes la información cultural por medio de su inteligencia, pero mal empleada esta, su egoísmo y soberbia  lo llevó hacia  su propia destrucción”. 

El Triángulo del Diablo


En los anales del misterio y el enigma, el extraño caso del Triángulo de las Bermudas, Triángulo del Diablo o Limbo de los perdidos es uno de los fenómenos más conocidos a nivel mundial, sin que hasta ahora nadie haya podido descifrar tal misterio. De los innumerables relatos de las tantas desapariciones de grandes barcos y aviones que han ocurrido allí, conozcamos una de las más insólitas:   Era un día claro lleno de sol, los mares estaban en calma y el cielo completo de nubes. Aún cuando era época de post-guerra en Estados Unidos, la Marina y la Aviación continuaban con sus entrenamientos cotidianos ya que, la base aérea de Fort Lauderdale, en Florida, estaba particularmente interesada en mantener a sus pilotos permanentemente adiestrados. Era el 5 de diciembre de 1945. Ese día, 5 aviones Avenger TBM estaban listos para despegar, cuya misión consistía en alejarse 160 millas al este, en línea recta, dar vuelta al norte y regresar a su base. Al mando del vuelo iba el teniente Charles Taylor, veterano de la marina y experimentado piloto. La tripulación de cada avión era de tres hombres, por lo que en total participarían 15. Cada uno de los aparatos tenía gasolina suficiente para volar el equivalente de 1660 km; sus motores, la radio y los equipos salvavidas fueron minuciosamente chequeados y reportados en buen estado.   En el momento de dar el aviso para despegar, sólo faltaba un hombre que, sintiéndose enfermo, se quedó en tierra. Los meteorólogos habían pronosticado buen tiempo en toda el área de su recorrido. A las dos de la tarde despegaron sin novedad los cinco aviones y, tomando en seguida la formación de vuelo, se lanzaron rumbo al mar a buena velocidad. Durante casi dos horas, el vuelo 19 se estuvo reportando con regularidad a su base. A las 3:45, un desconcertante mensaje cruzó el espacio hasta la Torre de Control: "¡Torre de control, Torre de control, esta es una emergencia! Nos hemos salido de curso. ¡Estamos perdidos! ¡No podemos avistar tierra!". Enseguida,  el radio operador de la Torre contestó extrañado: “Informen su posición". "No estamos seguros de nuestra posición. Repetimos, no podemos ver tierra No sabemos si estamos sobre el Atlántico o sobre el Golfo". Torre de control: "Tomen rumbo hacia el oeste, pronto verán tierra". Vuelo 19: "No sabemos hacia donde está el oeste. Todo esta mal y muy extraño. El mar luce muy raro". Inexplicablemente, tras terminar la frase, se cortó la comunicación. A pesar del buen tiempo había demasiada estática y por momentos se escuchaban los diálogos de los pilotos entre sí. Diez minutos más tarde se restableció el contacto. Los radio operadores podían escuchar el ruido de los motores, pero no las voces de los pilotos. Para entonces, el pánico había hecho presa en aquellos hombres que ya no eran pilotos experimentados, sino seres invadidos por un gran temor. Poco antes de las cuatro se escuchó: "No sabemos nuestra posición. No sabemos dónde estamos. Creemos que a unos 360 km al noroeste de la base".  Nuevamente se cortó la comunicación debido a la estática. Segundos después se restablecía: "El mar es muy extraño. Parece que estamos sobre aguas blancas". Y de nuevo el silencio. La Torre intentó comunicarse con ellos, pero por alguna extraña razón parecían no captar las señales de la base. Ya en estado de alerta, durante algunos segundos que parecieron siglos, el personal de la base, no volvió a escuchar nada más. La tensión fue rota al escucharse otra vez las conversaciones de los miembros del escuadrón: "Estamos completamente perdidos. Parece que…" Y esas fueron sus últimas palabras. En la base todo era desconcierto. Durante el tiempo que duró la comunicación, parte del personal de la Torre se preocupó por trazar posiciones y calcular la ruta que habían seguido al extraviarse e intentaron hacer contacto con otras naves próximas al área; pero todo fue en vano.
Sólo quedaban conjeturas. ¿Qué había podido desorientarlos de ese modo? ¿Cómo explicar las interferencias de la radio en un día tan claro? Y sobre todo, ¿Qué peligro habían enfrentado que los había hecho perder la calma de ese modo? Las horas siguientes fueron de frenética acción. La alarma puso en movimiento a todo el personal. Los Avenger, bombarderos de combate, eran magníficos aparatos y estaban perfectamente bien equipados para el ataque (casi una tonelada de bombas o un torpedo submarino). Además, contaban con un poderoso motor de 1600 caballos y alas plegables para su fácil acarreo en portaaviones. Su autonomía de vuelo era muy amplia y tenían un equipo especial para facilitar la supervivencia en alta mar. Cada uno tenía un aparato radiotransmisor, por lo que más que pensar en una falla mecánica, el personal de tierra temía que un disturbio atmosférico los hubiese averiado ya que las turbulencias y bolsas de aire son imprevisibles y más de una nave ha caído a causa de ellas. Incluso, aunque improbable, un ataque enemigo no se descartaba, pues la guerra recién había terminado. Sin embargo, nada podía explicar lo que les había podido suceder. El radio operador estimó que el último punto en que habían hecho contacto con el escuadrón había sido a unos 150 km al noreste de la base naval de Banana River, en la costa de Florida.  A ese punto y sus alrededores fue enviado un hidroavión con trece hombres a bordo, el poderoso Martin Mariner, especializado en rescate anfibio. Durante los minutos de vuelo, la Torre de Control mantuvo estrecho contacto con el hidroavión. Inesperadamente, el Martin Mariner logró establecer comunicación con el Vuelo 19: “Hidroavión Martin: Atención Vuelo 19, Atención Vuelo 19, estamos volando hacia ustedes para guiarlos de regreso, ¿Qué altitud tienen?" pero la interferencia no dejó escuchar completa la respuesta, sino las últimas tres palabras: "¡No nos sigan!", "¡No nos sigan! y luego se perdió la señal para siempre. Dicho diálogo también fue captado en la base. Desde algún lugar desconocido, los pilotos habían alcanzado a enviar un mensaje para alertar a sus compañeros. Pero, ¿alertarlos de qué o de quiénes? Mientras tanto, la tripulación del Martin Mariner, más alerta que nunca, escudriñaba metro por metro la superficie del mar. Durante los siguientes siete minutos, el comandante del hidroavión se estuvo reportando a la base e informaba que no había huellas de naufragio en la zona. Minutos después dejó de escucharse también la señal del Martin Mariner lo que hizo que se perdiera el contacto con su tripulación. Un silencio sepulcral fue la única respuesta. Nunca más los marinos volverían a ser vistos ni escuchados. Completamente perplejo, el comandante de la base dio la orden de comenzar lo que sería la búsqueda más intensa y cuidadosa llevada a cabo en mar y aire; pero también… la más infructuosa.
El nombre de Triángulo de las Bermudas se debe a que está ubicado en un área geográfica con forma de triángulo, de 1,1 millones de km, situada en el océano Atlántico entre las Islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale (Florida) y es tristemente famoso en lo anales de lo misterioso porque, en ese sitio, considerado de alta peligrosidad por los hechos inexplicables y siniestros que allí se suceden, se han producido innumerables desapariciones de barcos, aviones y  botes, incluyendo a sus tripulaciones. Se calcula que más de 80 naves y 40 aviones se han perdido en ese lugar sin dejar rastro alguno. Como suele suceder en ese tipo de siniestros marinos, siempre se ha creído que los restos de las naves flotarían por algún tiempo y que en consecuencia deberían ser encontrados considerando que muchos de esos extraños casos han sucedido en días que se registraron con marea tranquila y cielo despejado. Sin embargo, no sólo no han podido ser encontrados sino que otros aviones o barcos que han salido en su ayuda, se han perdido también misteriosamente. En el caso de los Avenger y el Martin Mariner, el misterio creció al conocer que el informe del accidente de la Marina atribuyó la desaparición causas desconocidas. Este misterio se remonta a tiempos inmemoriales. Otras historias relativas hablan de barcos encontrados abandonados con comida aún caliente en las mesas y aviones que desaparecen sin siquiera haber lanzado siquiera una llamada de socorro.
La ausencia de restos se alega a menudo como prueba del misterioso poder del triángulo. Ante este fenómeno aún sin descifrar existen explicaciones de todo tipo, incluyendo rayos mortales que procederían de La Atlántida y secuestros por parte de ovnis.  Desde que se conoce, el fenómeno de las desapariciones de numerosos aviones, barcos, marineros, pilotos y turistas aún no ha sido esclarecido, ya que jamás se han hallado restos ni supervivientes. Todo lo que alguna vez entró allí, nunca más se volvió a ver. Desde barcos y buques que navegaban por esa zona, hasta aviones a los cuales se les vio entrar a una neblina para esfumarse sin dejar indicio alguno y no volver a aparecer nunca más. Según algunos científicos que han estudiado este extraño caso, tales desapariciones se atribuyen a muchas causas, entre ellas, que en ese lugar existen grandes campos de energía proveniente del fondo de la Tierra y es por esto que las comunicaciones se cortan; otros piensan que el triángulo está relacionado ampliamente con criaturas extraterrestres y ovnis; en cambio, hay quienes piensan que en ese lugar se encuentra el portal que une esta dimensión a otra. Si esta teoría fuese cierta, las personas que allí han desaparecido habrían sido transportadas a otra dimensión, lo cual no es muy descabellado, ya que son numerosas las personas que desaparecen en muchos lugares del mundo sin volver a aparecer jamás. Otros autores hablan de visitantes extraterrestres venidos del espacio para llevarse hombres y aparatos modernos a fin de estudiarlos, mientras que otros señalan que estas desapariciones se deben a seres antropomorfos, pertenecientes a una civilización muy desarrollada, que viviría en cápsulas submarinas en el fondo del océano. 
Ese lugar podría también ser el centro de una distorsión espacio-temporal que arrastraría a los barcos y a los aviones a épocas distintas a la nuestra o a otras dimensiones. Una respuesta más probable de aceptar sería la existencia de un campo magnético muy poderoso susceptible de explicar algunos de los fenómenos observados, como la descompostura de los instrumentos de a bordo. Aviones, barcos desaparecidos, anomalías electromagnéticas, brújulas que se vuelven locas y modernos aparatos de navegación que no responden, son la constante en esa tenebrosa zona. Estos fenómenos insólitos ocurren desde tiempos inmemoriales en el también llamado Triángulo de la Muerte, donde incluso, durante sus viajes por el mar Caribe Cristóbal Colón ya hacía referencia a cuerpos extraños vistos en esa zona como luces en el horizonte, donde los avistamientos de ovnis son frecuentes. Muchos testimonios se refieren a sucesos poco habituales de fenómenos visuales incomprensibles y observaciones de curiosas luces submarinas. En 1966 el remolcador de salvamento Good News, que cubría la ruta Puerto Rico-Fort Lauderdale se encontró sacudido por un mar encrespado y rodeado por una neblina muy espesa, lo que descompuso el compás y los instrumentos eléctricos, pero cuando el navío salió de esa bruma misteriosa, el mar estaba calmo y los instrumentos comenzaron a funcionar normalmente.  Un fenómeno similar le sucedió en 1972 al piloto Chuck Wakely cuando volaba entre Bimini y Miami. Wakely vio que las alas de su avión se volvían transparentes y en pocos minutos la cabina de pilotaje era inundada por una extraña luz, mientras el aparato cambiaba de dirección sin que él pudiera evitarlo. Finalmente la luz se desvaneció y los instrumentos volvieron a operar. En 1975, cuando la lancha costera Diligence iba en auxilio de un carguero en llamas, su radio se apagó bruscamente sin razón alguna. La tripulación vio unas misteriosas luces verdes que caían del cielo. La investigación posterior no arrojó explicación racional de la falla ni de los extraños fenómenos.  Uno de los incidentes más raros y más conocidos ocurrió durante un corto vuelo a la Isla del Gran Turco, en Las Bahamas, cuando la experta piloto Helen Cascio, conducía su Cessna 172 y se aproximaba a la isla. La Torre de Control le iba dando las instrucciones. Después de contactarse varias veces, en una de ellas Helen no respondió aunque el canal de la radio seguía abierto, lo que permitió que los operadores escucharan a la piloto decirle a su único pasajero: "Creo que he hecho una falsa maniobra. Esta debería ser Turco, pero ahí no hay nada. No hay aeropuerto, no hay casas, no hay nada...", mientras que los controladores continuaron frenéticamente intentando entrar en contacto, pero Helen no los oía. Luego recibieron la que sería la última frase que escucharon: "No hay manera de salir de esto". Del avión de Helen nunca se encontró huella alguna, ni de ella ni de su pasajero.