Los Kennedy ¿una familia embrujada?


La familia Kennedy, originaria de Nueva Inglaterra, con profundas raíces irlandesas, tiene un récord de desgracias, fatalidades, muertes y tragedias que difícilmente sea superado por otra familia en el mundo. Por tal razón, se cree que pende sobre sus miembros una misteriosa y enigmática maldición. Considerada como una familia real, la dinastía Kennedy se inició en 1914, gracias a la unión de Joseph Patrick Kennedy y Rose Elizabeth Fitzgerald. Joseph fue un empresario y banquero exitoso, y lider de la comunidad irlandesa estadounidense que llego a ser embajador ante el Reino Unido. En sus inicios se asientan en Brookline, Massachussets procreando nueve hijos, formando un influyente clan católico demócrata. La familia entra en política. Joseph apoya la candidatura presidencial de Franklin Delano Roosevelt en 1932, surgiendo así una estrecha relación con el Partido Demócrata. Este clan poderosamente rico, ha vivido años de poder, fama, glamour y esplendor, pero siempre acompañado por un sino trágico que le ha marcado a través del tiempo.






¿Cuándo y cómo comenzaron las desgracias y fatalidades?, ¿Cuándo se inició el eslabón inicial de una serie de extraños e insólitos sucesos, tan notables que se catalogó como una maldición? La tragedia aparece incluso antes que los Kennedy se convirtieran en Estados Unidos en una dinastía política. La primera fatalidad ocurre en 1941, cuando una de las hijas, Rosemary, comienza a sufrir cambios bruscos de humor, volviéndose agresiva, por cuyo motivo su padre (sin que lo supiera su esposa) la obliga a realizarse una delicada operación en el cerebro, tras efectuársele un diagnóstico incorrecto de retraso mental, siendo intervenida a través de una lobotomía (cirugía en los lóbulos frontales del cerebro) cuando tenía 23 años de edad, la cual mermó sus capacidades y la obligó a pasar el resto de su vida en una residencia para discapacitados, hasta su muerte ocurrida en 2005. Este caso fue considerado como uno de los eventos trágicos más extraños en la familia. La operación y el confinamiento de Rose les causó un gran impacto, afectando sobre todo a Jean Ann y a Eunice. “Esa fue nuestra primera gran tragedia”, diría mamá Rose en varias ocasiones. Desde entonces, las tragedias y los triunfos se entrelazaron en macabra sucesión. En 1944 muere el hermano mayor, Joseph Jr. a los 29 años de edad, piloto de la Marina, cuando su avión explotó sobre el Canal de la Mancha, mientras tomaba parte en una misión de bombardeo en la Segunda Guerra Mundial.





Cuatro años más tarde fallece otra hija, Kathleen, de 28 años de edad, en un accidente aéreo en Francia, cuyo esposo, el marqués de Hartington, había muerto en los combates en Normandía cuatro años antes. La lista de muertes trágicas entre los Kennedy se extiende durante más de setenta años, los cuales han dejado impactada a la opinión pública mundial. Del sino trágico curiosamente solo se libró Rose Fitzgerald, ya que, en diciembre de 1961, un derrame le dejó mudo y con el lado derecho de su cuerpo paralizado, y en 1969, cuando ya habían muerto cuatro de sus nueve hijos y su fortuna se estimaba en 500 millones de dólares, falleció de una apoplejía. Antes, sin embargo, había cumplido su gran meta. En enero de 1961, ver llegar a uno de sus hijosa la presidencia de la primera potencia del mundo. Rose falleció de muerte natural, en 1995, el mismo año en que Jacqueline Lee Bouvier de Kennedy (casada con John Fitzgerald el 12 de Septiembre de 1953), tiene su primer aborto natural y pierde su primer embarazo. Extrañamente, al año siguiente da a luz un bebé sin vida, que es enterrado en el cementerio de Arlington y en 1963, Jacqueline da a luz a Patrick, el segundo hijo de la pareja que muere dos días después de haber nacido (era un bebé prematuro de seis meses). El 22 de noviembre de 1963 es asesinado por un disparo de rifle en la cabeza John Fitzgerald Kennedy en Dallas, Texas, siendo en ese momento el trigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos y apenas tenía 46 años de edad. Como puede observarse, Jackeline, integrada a la familia Kennedy, vivió muy de cerca el infortunio de las desgracias y fatalidades, al extremo que ella también murió de una enfermedad incurable. Luego del magnicidio, una serie de muertes trágicas, asesinatos políticos, accidentes y enfermedades siguen ocurriendo en el poderoso clan. Por solo mencionarlo como un ejemplo, El senador de Massachusetts Edward Kennedy, “Ted” se salvó de la muerte en por lo menos tres oportunidades. En 1964 se cayó el avión en el que viajaba, donde el piloto y uno de sus ayudantes perdieron la vida. A duras penas pudo salir de la aeronave y permaneció un largo tiempo hospitalizado debido a una grave lesión en la espalda, un pulmón perforado, varias costillas rotas y una profusa hemorragia interna, hasta que luego de transcurrir algún tiempo se restableció. En 1968, otro de los hermanos ligado a la política, Robert, "Bobby", quien había sido electo al Senado en 1964, es asesinado el 5 de Junio e el Hotel Ambassador en Los Angeles, California, a los 42 años de edad, minutos después de haber ganado las elecciones primarias presidenciales, muriendo al día siguiente. En 1969, Edward Kennedy, conducía su auto e inexplicablemente se desbarranca desde el puente y se estrella contra el mar, en la isla de Chappaquiddick, el 18 de julio, después de asistir a una fiesta sin la compañía de su esposa. Extrañamente, Kennedy no reporta el accidente a la policía hasta el día siguiente y en el carro sumergido aparece muerta su joven asistente Mary Jo Kopechne. Tras el serio accidente se desploman sus aspiraciones presidenciales puesto que se suscita un escándalo público a través de los medios de comunicación donde se llegó hasta a especular que su asistente era su amante. Antes ya su reputación había quedado dañada por un escándalo vinculado a acusaciones sobre una relación con una menor que cuidaba niños en su casa. En esa época Ted admitió tener problemas de alcoholismo. En 1973, Edward Kennedy Jr. a la edad de 12 años pierde su pierna derecha debido a un cáncer de hueso. Ese mismo año, Joseph Kennedy II, hijo de Robert, tiene un accidente automovilístico donde su novia, que viajaba con él, quedó paralítica para el resto de su vida. En 1984 muere, a los 28 años de edad, David Anthony Kennedy, uno de los hijos más jóvenes de Robert y Ethel, debido a una sobredosis de cocaína y Demerol, estando solo en una habitación de un hotel de Palm Beach, Florida. Vale señalar que en 1968, cuando David tenía apenas 13 años y se encontraba solo en su casa viendo la televisión, vio en directo cómo asesinaban de un balazo a su padre en Los Ángeles. En 1991, William Kennedy, hijo de Jean, hermana de Robert y John, fue objeto de un juicio por violación en Florida, del fue absuelto al término de un juicio ultra mediatizado, pero las graves acusaciones incomodaron seriamente al clan. El 19 de mayo de 1994 muere a consecuencia de un cáncer linfático Jacqueline Bouvier, quien desde que contrajo matrimonio con John F. Kennedy en 1953 sufrió varios trágicos sucesos (dos abortos, haber presenciado el asesinato de su esposo, hasta sufrir de linfoma maligno). En 1997, la tragedia toca a Michael Kennedy, de 39 años de edad, también hijo de Robert Kennedy, quien en medio de un escándalo mediático donde es acusado de violación, se mata en un accidente de esquí el 31 de diciembre en la localidad de Aspen, Colorado, mientras jugaba fútbol americano en la nieve con sus hermanos y primos. Una de las desapariciones más insólitas del clan Kennedy se produce el 16 de julio de 1999, cuando John F. Kennedy Jr, hijo del ex presidente, encuentra la muerte en el océano Atlántico, cuando la avioneta que pilotaba se precipita al mar cerca de Martha's Vineyard (Massachusetts), muriendo junto a él su esposa Carolyn y su cuñada Lauren. Las condiciones meteorológicas no eran las mejores cuando John emprendió el vuelo por la noche, confiando en su capacidad de guiarse por los instrumentos de navegación. El 17 de mayo de 2008 la fatalidad siguió persiguiendo a los Kennedy, en esta ocasión, a Edward Kennedy quien ingresó en un hospital de Massachusetts a causa de un tumor cerebral maligno. Días después fue operado y retornó a sus actividades como senador el 17 de noviembre de 2008. El 11 de agosto de 2009 fallece Eunice Mary Kennedy, la quinta de los hermanos, tras sufrir un derrame cerebral y varios infartos. El 26 de agosto de 2009 fallece a consecuencia de un tumor cerebral Edward Kennedy, Senador de los Estados Unidos. Las desgracias más notorias ocurridas a los Kennedy fueron los asesinatos aún no aclarados del presidente Kennedy y de su hermano Robert, candidato presidencial.





Ahora Jean es la única sobreviviente de los nueve hijos que tuvieron Joseph y Rose. La lista de tragedias de una de las familias más influyentes en la política norteamericana es impresionante, pareciera más que tratase de un destino fatal orientado hacia muertes abruptas o violentas. No hay que olvidar también que otra mujer que estuvo ligada sentimentalmente a John y Robert Kennedy murió en circunstancias misteriosas que aún no han sido esclarecidas. ¿A quién nos referimos?: a Marilyn Monroe, la diva del Hollywood de los años 60. Al pasar revista al clan Kennedy observamos que entre los que aún quedan vivos sólo se encuentra el rastro indeleble de la desdicha y la decadencia, muertes accidentales, incontables dramas familiares, excesos con el alcohol, sobredosis de drogas, abuso de menores, juicio por violación y hasta largos historiales en Alcohólicos Anónimos, los cuales, unidos al drama, los excesos y el infortunio de un destino trágico han ido diezmando la generación de esta familia de origen irlandés; por lo que pudiera decirse que si hay algo constante y reiterativo en ella es la muerte y las desgracias. Medios periodísticos internacionales señalan que un brujo irlandés maldijo al viejo Joseph Kennedy por un problema de faldas y honor. Al parecer, Joseph embarazó a una hija del hechicero y se negó a cumplir con la deshonrada niña. Como consecuencia, el diablesco personaje hizo caer sobre el patriarca y toda su familia esta maldición: ¡”Ninguno de tus descendientes varones pasará de los cincuenta años y los que así lo hicieran, serán testigos de la más horrenda cadena de sucesos trágicos en ellos y sus familias, al igual que tus descendientes hembras”!! Nueve hijos tuvieron Joseph y Rose. Y ellos, a su vez, treinta herederos que, según los hechos, continúan recibiendo los latigazos de esa terrible maldición. ¿Se trata realmente de una maldición o de fatales coincidencias? ¿O ciertamente se trata de un apellido maldito o una familia embrujada? En todo caso, ¿Quién de sus descendientes será la próxima víctima?

Hitler satánico


Desde joven Hitler creyó que algún día sería el dueño del mundo. Mozo pierde a su padre por lo que abandona los estudios y se pone a trabajar. Se siente artista y comienza a pintar. Es época de privaciones y, como vagabundo que dormía en los parques de Viena, tales visiones parecen imposibles. Sobrevive vendiendo sus acuarelas para tener algo que comer. Más, no importan las circunstancias, su existencia miserable choca con su apariencia altiva ya que se cree un “elegido”. ¿Fueron esos difíciles años los que crearon en él un odio antisemita y su idea de raza? Comienza a leer a Nietzsche. Su teoría del superhombre le atrapa. De él aprende el desprecio al cristianismo y al judaísmo. Vaga por los corredores del museo del Palacio Hofburg, fascinado por Las insignias de los Habsburgo, prestando atención a la Santa Lanza, la que atravesó el costado de Cristo. A los 12 años asiste a un concierto y al escuchar una sinfonía de Richard Wagner, experimenta un éxtasis sublime. Desde entonces tiene visiones. ¿Empezó allí la inclinación por lo esotérico en este hombre que llevó al mundo al abismo de una guerra mundial que provocó la muerte de 60 millones de seres? Nadie lo sabe. Se relaciona con sectas y cofradías esotéricas. ¿Cómo pudo pasar de vagabundo a intentar, y casi lograr, la conquista del mundo? ¿Cómo explicar que uno de los pueblos más cultos de la época se dejara embaucar por un advenedizo? ¿Qué eran aquellos símbolos extraños con los cuales se rodeaba? ¿Fue el “enviado” de un paganismo negro y perverso? A los 19 años conoce al librero Ernst Pretzsche, quien negociaba artículos de magia negra y frecuentaba a Guido Von List, antisemita y satanista, jefe de una secta masónica en la que celebraba, bajo el signo de la esvástica, ceremonias en donde el ocultismo, la magia y la sexualidad se mezclaban con el consumo de un cactus alucinógeno, a fin de encontrar “apoyo” para lograr extrañas visiones. Allí conduce a Adolf quien se maravilla al ver símbolos astrológicos, dibujos eróticos, caricaturas pornográficas de judíos, amuletos y máscaras horrendas. Se dedica a la lectura del ocultismo, veladas en la ópera y meditaciones profundas.

En 1914 llega la Primera Guerra Mundial. Tiene 25 años y bajo la bandera del Káiser va a la guerra. Se acaba el hechicero, el librero y Von List, pero quedan las doctrinas, la teoría y el odio. Se alista en la milicia. El 11 de noviembre de 1918, después de haber perdido la vista durante un bombardeo inglés, esa misma noche es objeto de un “milagro”. En una cama del Hospital de Pasewalk, en Pomerania, oye una voz que le ordena salvar Alemania y recupera misteriosamente la vista. Promete consagrar su vida a cumplir tal orden. La misma voz le permite escapar de la muerte en varias ocasiones. En una entrevista con la periodista Janet Flanner, señala: “Durante la guerra, una noche cenaba en una trinchera con varios compañeros de milicia y de pronto oí una voz que me decía “¡Levántate… Vete de aquí!”. Era tan clara que obedecí como si fuese una orden militar. Me puse de pie y me alejé. Inmediatamente, desde el lugar que acababa de abandonar llegó un estampido ensordecedor. Había estallado un obús en medio del grupo donde había estado sentado. Todos mis compañeros murieron”. Tiempo después diría a otros compañeros: “Oirán hablar mucho de mí. Esperen simplemente a que llegue mi hora”. Está decidido a lanzarse para obtener el poder. Tiene una cuenta pendiente que cobrarle a la sociedad que rechazó su “talento”. En el Partido Obrero Conoce a Dietrich Eckart, fundador del partido nazi y practicante de la brujería y el satanismo, a quien en una sesión se le anuncia la llegada de un ser que salvaría a la raza aria. Ese “Mesías” era Hitler, de quien Dietrich dijo: “Lo he iniciado en la Doctrina Secreta, he abierto sus centros de visión y le he proporcionado los medios para comunicarse con los poderes. ¡Síganlo! Él bailará, pero yo he compuesto la música”. ¡Había encontrado la bestia del Apocalipsis! En 1933, al ser designado Canciller, lo inicia en el poder oculto de la sangre y en los rituales mágicos en la mutación de la raza aria. De la sociedad Thule aprende el misterio de la iniciación, la fuerza de convicción y los secretos adivinatorios de la astrología; el poder de la Cábala, las cifras y las palabras. La magia lo conquista dominando su voz ronca, imprimiendo magnetismo a sus palabras y rígida postura a sus ademanes. Ya nadie duda de sus dotes de médium ni de su poder de sugestión. En la bandera incluye la cruz gamada sobre los colores negro, blanco y rojo, que simbolizan el culto de Manes, hereje condenado por la Iglesia. En sus discursos se deshidrata copiosamente por lo que pide que le tengan tres botellas de agua con tres vasos. Durante sus reuniones privadas solía echar rápidas ojeadas tras de sí, como si hubiera alguien. Sólo consumía vegetales, no daba la mano porque temía perder su fluido, temía ser asesinado o envenenado; no dormía por las noches; los excesivos medicamentos lo hacían más neurótico acentuando su locura asesina; era protegido por sociedades secretas, magos, astrólogos y taumaturgos. Tenía a la Iglesia como su enemiga. Cuando supo que el Papa Pío XII condenó sus actos de carnicería, al igual que su cruz gamada, se enfureció. Repudiaba la Biblia y al cristianismo. Cuando cayó Mussolini tuvo la idea de ocupar Roma y derribar al Papa. En 1941 comentó: “Siempre he pensado que la Iglesia debe ser exterminada brutalmente. Voy a poner en los episcopados a imbéciles que prediquen a algunas viejas, para conseguir que la Iglesia se pudra como un miembro gangrenado”.

Hitler simboliza la invocación del mal. Su contacto con entidades demoníacas dio origen a una de las maquinarias de aniquilación más devastadoras. Él tuvo en Satanás a un maestro. Por ello, su condenación eterna en el infierno.


Einstein descerebrado


La historia post mortem del cerebro posiblemente más famoso del siglo XX, pone de manifiesto grotescas e inexplicables realidades y conductas inapropiadas de ciertos seres humanos. Tal es el caso del robo del cerebro y de los ojos del cadáver de Albert Einstein, quien nació en Ulm, Alemania, el 4 de marzo de 1879 y murió en el Hospital de Princeton, Nueva Jersey, USA, a la 1:15 de la madrugada del 18 de abril de 1955, a los 76 años de edad; como consecuencia de la ruptura de un aneurisma de aorta del que no había querido operarse. Einstein había ingresado cinco días antes, pero se negaba a ser intervenido, ya que, dadas las circunstancias, “no necesitaba de los médicos para morir”. La tarde del domingo 17 se temía lo peor. El paciente Albert Einstein descansaba dormido aunque tenía dificultad para respirar. La madrugada del 18, la enfermera a su cuidado le oyó murmurar algo. Al parecer, en un tono muy débil pronunció unas palabras en alemán, más no las oyó con claridad pues ella no conocía el idioma. Poco después, Einstein respiró dos veces profundamente y murió. Lamentablemente, dichas palabras se las llevó con él. Pocos meses antes de su muerte había manifestado el deseo de donar su cuerpo a la ciencia, pero no llegó a dejar instrucciones al respecto. Por ello, fue cremado en Trenton, capital del estado de Nueva Jersey, lo cual se llevó a cabo en la intimidad asistiendo sólo doce personas. Se cree que sus cenizas fueron esparcidas en el río Delaware como un homenaje a su gran afición por la navegación. Lo que sí se supo es que antes de la incineración, su cadáver fue objeto del robo de su cerebro y de sus ojos.


En efecto, la madrugada del 18 de abril, el patólogo Thomas Harvey, quien encargado accidentalmente de realizar la autopsia, pensó que sería importante para el mundo científico poder examinar algún día el cerebro de aquel genio de la ciencia y por su propia cuenta y riesgo decidió extraérselo, empuñó su escalpelo realizando una incisión en forma de Y sobre el cadáver aún caliente encima de la camilla, extrajo el hígado y los intestinos y halló casi tres litros de sangre en la cavidad peritoneal. A continuación abrió el cráneo con una sierra circular, extrajo el cerebro y se lo llevó a su casa, conservándolo en formol. Fue su mente tan diferente a la de los demás que resultaba lógico pensar que físicamente, su cerebro también lo fuera o al menos relativamente si nos atenemos a una de sus citas “Lo esencial en la existencia de un hombre como yo es lo que piensa y cómo lo piensa; no lo que haga o sufra”. Paradójicamente, se había acordado inicialmente que la autopsia fuese realizada por el Dr. Harry Zimmermann, neuroanatomista conocido de Einstein y antiguo profesor de Harvey en la Universidad de Yale, pero éste llamó a Harvey desde Nueva York para decirle que le resultaba imposible ir a Princeton. No está claro si el propio Einstein había decidido y autorizado el destino de su cerebro, ni qué había acordado Harvey con Zimmermann. Lo que ocurrió es que Harvey, además de hacer la autopsia completa de Einstein, extrajo su cerebro y lo conservó. Muchos años después se comprobó que lo había procesado cuidadosamente con el fin de hacer un estudio exhaustivo. Pero entonces, Zimmermann reclamó públicamente el cerebro para estudiarlo y Harvey respondió en una rueda de prensa que él mismo se ocuparía de que el cerebro fuera estudiado adecuadamente. Entonces, el hijo de Einstein, Hans Albert, dijo: “No se nos informó nada de la extracción del cerebro y ésta no fue autorizada por la familia”. Enterado del caso, el Hospital de Princeton prohibió la salida del cerebro de ese centro y como consecuencia del conflicto legal y del escándalo periodístico, Harvey fue despedido, pero tuvo el cuidado de llevarse consigo su tesoro, el cerebro de Einstein. Lo cierto es que, después de ese día, el rastro de Harvey, y con él, el del cerebro de Einstein, se perdió y no fue hasta 1978 cuando Steven Levy, reportero del New Jersey Monthly descubrió el paradero de ambos. Insólitamente, Harvey mantuvo durante 40 años el cerebro de Einstein en la cocina de su casa, dentro de un frasco, lo que le produjo un estado de obsesión que le hizo perder sucesivos empleos. Tal situación lo llevó a terminar viviendo en un oscuro departamento, con muy pocos recursos económicos. Durante todos esos años, el destino del cerebro de Einstein se convertió en una especie de leyenda. La historia del patólogo que había robado su cerebro aparecía de vez en cuando en algún periódico local, sin que nadie conociera a ciencia cierta su paradero. En 1996 el periodista Michael Paterniti retomó la historia de Harvey y lo encontró trabajando en una fábrica de plásticos de Kansas. El patólogo vivía en un humilde apartamento y conservaba el cerebro en un recipiente de cristal en la nevera de su cocina. Paterniti se ofreció a llevar a Harvey hasta California, respondiendo al deseo del anciano de visitar a Evelyn Einstein, nieta del científico, con la intención de devolverle el cerebro. De este modo, el periodista y el patólogo se vieron envueltos en una de las peripecias más surrealistas de la historia: un viaje de costa a costa con el cerebro de Einstein en el interior de la maleta de un automóvil, lo que dio pie a que el Paterniti escribiera posteriormente un libro titulado Viajando con Mr. Albert. “Cada vez que parábamos en un autoservicio sentía deseos de gritar: ¡En la maleta tenemos el cerebro de Einstein! Tal situación me resultaba tan inconcebible y turbadora que en esos momentos no estaba en mi mejor forma para poder conducir por carretera. Realmente era una situación surrealista, con el cerebro flotando en un envase Tupperware en la parte posterior de un viejo Buick Skylark 56. Por si les faltaban ingredientes, en el camino cruzan el Medio Oeste y pasan por Las Vegas. Durante todo el trayecto se mantiene una atracción enfermiza ejercida por el cerebro sobre ellos. La dupla llegó por fin a Berkeley, California, donde los esperaba Evelyn Einstein. La nieta del Premio Nobel vio el cerebro sumergido en formol y dijo: "¿Y tanto alboroto por esto?". Tras la conversación, que no pasó la media hora, y asumiendo que el doctor podría volverse tranquilamente a su casa con el cerebro, el octogenario médico se levantó abruptamente y decidió partir por sus propios medios a visitar a un primo que vivía en San Francisco. El acuerdo fue que lo llevarían a la estación de autobús y que su pariente lo estaría esperando a su llegada. Algo desconcertados, lo condujeron hasta el terminal y lo vieron subirse al bus sin dar señales de gran emoción. Pero al regresar al auto, Michael y Evelyn descubrieron en el asiento de atrás un envase con "algo" en su interior flotando sobre un líquido turbio. No necesitaron revisarlo para darse cuenta de lo que se trataba. Para sorpresa del periodista, la nieta de Einstein también desistió de la idea de quedarse con el cerebro, por lo que se lo envió de vuelta a Harvey, quien finalmente regresó a Nueva Jersey con la reliquia en su poder. El círculo terminaba de cerrarse. Después de 40 años y de un viaje completo por Estados Unidos, el cerebro de Albert Einstein volvía al lugar donde todo había comenzado. Tiempo después, el periodista confesaría: “Deseaba que Harvey se durmiera, pues quería tocar el cerebro de Einstein. Debo admitirlo: Quería sostenerlo entre mis manos, acariciarlo, sopesarlo, tocar alguno de los quince mil millones de neuronas ahora dormidas”. Como se cuenta en el libro, el magnetismo que ejerció el cerebro sobre su poseedor terminó por destrozarle la vida. Durante los años que siguieron a la noche del robo, Harvey perdería varios trabajos y arruinaría su carrera como médico, postergando una y otra vez la prometida investigación que aclararía los misterios de la mente del genio. “Para Harvey el cerebro era como un objeto sagrado – explica Paterniti – Vivió con el cerebro de Einstein durante cuatro décadas como su salvador y custodio, como celoso guardián de ese gran tesoro”. Sin embargo, finalmente Harvey quiso compartir su hallazgo y buscó ayuda en otros expertos. Cortó el cerebro en 240 trozos y los repartió entre algunos científicos con el objeto de que lo analizaran. El robo de órganos del cadáver de Einstein no sólo se limitó a su cerebro sino que también le fueron extraídos los globos oculares, acción que realizó el oftalmólogo del hospital, Henry Abrams, entregándole posteriormente el cuerpo a la familia sin que decirles nada de lo que habían hecho. Cuando se conoció el escándalo, la suerte de Harvey pendió de un hilo hasta que la familia del genio le permitió seguir con sus investigaciones. Pasó un tiempo hasta que la comunidad científica le pidió resultados de sus estudios, pero no tenía respuestas a sus preguntas simplemente porque éstos nunca se habían realizado. Sabiendo que nuevamente corría peligro, desapareció. Cuarenta años después, una vez analizados los distintos testimonios, se conoció que la noche en que Harvey diseccionó el cadáver de Einstein terminó siendo una jornada bastante grotesca. Decenas de personas bajaron a contemplar el cádaver del científico y quisieron quedarse con un recuerdo. “Cada uno agarró lo que pudo” - explica Abrams, oftalmólogo personal del genio. Él mismo extrajo los ojos de Einstein sin haber pedido autorización a nadie de la familia y los guardó extrañamente también durante más de 40 años. Además consiguió una carta de autenticidad de dichos órganos, los cuales puso a buen recaudo en la caja de seguridad de un banco de Filadelfia, los que aún se conservan en la caja de seguridad de ese banco, donde Abrams acude una o dos veces del año al para contemplarlos, con los que asegura experimentar una profunda conexión. “Cuando se miran esos ojos se ve en ellos la belleza y el misterio del mundo. Son claros como el cristal y dan sensación de profundidad”. ¿Interés científico, económico, fetichista o mentes desquiciadas?.


El caso del cerebro robado de Einstein es un ejemplo de cómo los mitos urbanos a veces resultan más ciertos que la propia realidad. Y de cómo 15 mil millones de neuronas muertas pueden originar una misteriosa e insólita historia. Actualmente el cerebro del genio está bien cuidado en la Universidad de Princeton. El siglo XX jamás deberá olvidar que, gracias a este genial físico y sus descubrimientos, algunos hombres encontraron el espíritu de la paz, y algunos pudieron volver a mirarse como hermanos ya que la vida seguía siendo digna y respetable, aunque un nuevo periodo acababa de nacer: la temible era atómica, con toda su cruel magnitud y consecuencias.