Los “horarios” del cuerpo humano

El extremadamente complejo y maravilloso cuerpo humano además de ser una obra maestra en cuanto diseño, funcionalidad y estética, es capaz, por cuenta propia, de desintoxicarse y, para ello tiene horarios específicos. Observemos estos horarios: Entre 9 y 11 p.m. elimina químicos innecesarios y tóxicos mediante el sistema linfático del organismo. En ese lapso de tiempo es recomendable encontrar un estado de quietud o relajación, pero ocurre que a esas horas las amas de casa se dedican a revisar  que todo esté listo para la actividad del día siguiente, lo que les genera inquietud y preocupación, causando un efecto negativo en su salud debido al estrés. Entre las 11 p.m. y la 1 a.m. el cuerpo realiza el proceso de desintoxicación del hígado, lo que debe ser procesado en un estado de sueño profundo. Entre la 1 y 3 a.m. el cuerpo desintoxica la vesícula biliar, lo que es deseable que también suceda en un estado de sueño profundo. Entre las 3 y 5 a.m. se produce la desintoxicación de los pulmones. Es por ello, que en ocasiones, en este horario se producen accesos severos de tos. Cuando el  proceso de desintoxicación ha alcanzado el tracto respiratorio, es mejor no tomar medicamentos para la tos ya que interfieren en el proceso de eliminación de toxinas.   Entre  5 y 7 a.m. desintoxicación del colon, siendo el horario ideal de ir al baño a vaciar el intestino.  Durante la mañana, de 7 a 9, se produce la absorción de nutrientes en el intestino delgado. Es el tiempo ideal para tomar el desayuno. Si la persona está enferma, el desayuno debe tomarse más temprano (antes de las 6:30). Para aquellos que desean mantenerse en forma, el desayuno antes de las 7:30 es muy recomendable por sus beneficios.  Una buena recomendación para quienes no  desayunan es tratar de cambiar de hábito, siendo lo menos dañino hacerlo entre 9 y 10 a.m. en lugar de no hacerlo. El no desayunarse es un mal hábito que mata las neuronas, puesto que quien no  desayuna tiene bajo nivel de azúcar en la sangre, lo que le genera insuficiente suministro de nutrientes al cerebro causando su degeneración paulatina.  En este sentido, vale la pena también señalar que nuestro organismo tiene un horario energético corporal, por lo que en la legendaria China se saben las horas específicas de cada órgano o sistema energético. Según los chinos, la utilidad práctica de saber las horas de cada órgano permite prevenir y controlar mejor el organismo. Por ejemplo, la hora del estómago es la hora del desayuno o primera comida que sirve para dar impulso en la realización de las ocupaciones o tareas diarias. Las de los pulmones entre 3 y 5 a.m.  Las del intestino grueso entre 5 y 7 a.m.  Las del estómago entre 7 y 9 a.m.  Las del bazo páncreas entre 9 y 11 a.m.  Las del corazón entre 11 a.m. y 1 p.m.  Las del intestino delgado entre 1 y 3 p.m.  Las de la vejiga entre 3 y 5 p.m. Las del riñón entre 5 y 7 p.m.  Las de la circulación sexualidad entre 7 y 9 p.m. Las de la vesícula biliar entre 11 p.m. y 1 a.m. y las del hígado entre 1 y 3 a.m. Estos ciclos se basan en funciones corporales ya que hay una energía específica que recorre el cuerpo y se distribuye en forma horaria. Dicha energía comienza recorriendo el meridiano del pulmón, pues la vida se manifiesta con el primer grito del recién nacido, después sigue el meridiano del intestino grueso y así se van presentando las funciones de los órganos y sus relaciones psicológicas. Muchas de las funciones vitales del organismo son dirigidas por sistemas muy complejos, donde células y otras sustancias "obedecen" y "siguen el ritmo" de un mecanismo preciso y constante. Es lo que se conoce como el reloj biológico humano, el cual, si llega a fallar, puede ocasionar trastornos de comportamiento: sueño, depresión, pérdida de la memoria y cansancio, entre otros. El reloj biológico es un sistema capaz de generar un orden temporal en las actividades del organismo, oscila con un período regular y utiliza las oscilaciones como referencia temporal interna. La mayoría de los relojes biológicos funcionan con un ciclo de 24 horas, conocido como ritmo cicardiano que ayuda al organismo a distinguir entre el día y la noche. Observar y comprender estas oscilaciones del ritmo y sus efectos en los procesos biológicos, mentales y emocionales lleva al ser humano a conocerse a sí mismo mucho mejor y a vivir en equilibrio con su entorno natural.

Simbología oculta del dólar

Desde la antigüedad, la simbología ha estado presente en la humanidad, por lo que a cada objeto el hombre le ha asignado un significado diferente. En este sentido el dólar, la moneda estadounidense más fuerte del planeta y más extendida en circulación en el mundo, base de la economía internacional, no escapa a esta realidad. El billete de un dólar es el de más baja denominación y es el diseño más viejo, el cual tiene en su anverso el retrato del primer presidente, George Washington y, en el reverso, el escudo de Estados Unidos. Cuarenta y cinco por ciento de esta moneda se imprime en billetes de un dólar, por lo que es el de más alta circulación. Lo que casi nadie sabe es que está cargado de simbología y que el responsable de su diseño y promoción fue Benjamín Franklin, poeta, científico, inventor, político, iluminista y masón. Por ello, no sorprende encontrar en el billete de un dólar varios símbolos esotéricos. Por ejemplo, en su reverso, la primera imagen es una pirámide “con el ojo que todo lo ve”, símbolo de la masonería y del antiguo dios egipcio pagano Horus, que representa al Sol y que también identifica a Lucifer. El ojo, en la parte superior de la pirámide, es un símbolo de la masonería, ya que los fundadores de Estados Unidos, al igual que la mayor parte de sus presidentes, han sido masones. Dicho ojo omnisciente era también un símbolo de los viejos tiempos. Los babilonios y los egipcios lo exhibían en muchas formas. En un triángulo, ha sido asociado con Sirio; el Ojo de Dios; la glándula pineal y los Iluminati. Fue introducido por órdenes del Presidente Roosevelt en 1933. En la base de la pirámide, las letras representan números romanos que sumados dan 1776, en concordancia con el año de la independencia de los Estados Unidos, pero también, extrañamente, con el año en que el sacerdote jesuita Adam Weishaupt fundó la orden Los Iluminati, sociedad secreta cuyo objetivo era derrocar a los gobiernos del mundo y acabar con todas las religiones y creencias para unificar la humanidad bajo un “Nuevo Orden Mundial”, basado en un sistema internacionalista, con una moneda única y una religión universal; su símbolo, el búho de Minerva, representa una deidad mesopotámica llamada Moloch, asociada a Satanás y al cual los banqueros y jerarcas mundiales rinden culto todos los años. Los Illuminati utilizaron el sistema de numeración babilónica para diseñar el sello graficado en el dólar. Dicho sistema no era basado en 10 sino en 6, que, según La Biblia es el número de Satanás. En la parte inferior de la pirámide, la leyenda Novo Ordo Seclorum traduce: Nuevo Orden Mundial; mientras, arriba, Annuit Coeptus significa: nuestra empresa es exitosa. El número 13 abunda en los billetes de dólar. ¿Será porque 13 fueron los estados que se independizaron de Inglaterra, para formar lo que hoy se conoce como Estados Unidos? ¿O será porque para los masones el 13 representa el número de la transformación? Paradójicamente, este es también considerado como el número de la mala suerte en los Estados Unidos, pero de buena suerte por parte del judaísmo. Sea lo que sea, la pirámide tiene 13 escalones y en una de las patas del águila, símbolo americano que se encuentra en el lado derecho, ésta sostiene una rama con 13 hojas y 13 barras aparecen en el escudo ubicado en su pecho. Tantos símbolos, imágenes y palabras dan mucho que pensar, máxime cuando en Estados Unidos jamás han existido pirámides. En el anverso del billete se puede observar, en su ángulo superior derecho, el número 1, y, con lupa, un casi imperceptible búho, a la izquierda del 1. Sobre el número uno se invoca la protección de Dios. Luego, la pirámide simbolizando con su vértice superior el punto de entrada de las energías del Cosmos y su expansión hacia los distintos puntos de la base, dando la idea de un crecimiento o reproducción de las cosas materiales. En el triángulo, que se separa en la punta, el ojo de Dios, la capacidad de conectarnos con esa visión superior para permitir que todo fluya hacia nosotros. En el círculo de la derecha, el águila simboliza el poder, la fuerza y la capacidad de subir a lo alto para tener una visión más global de la vida, sosteniendo en su garra izquierda 11 flechas (11 es un número maestro) y con la izquierda, una rama de laurel, símbolo de éxito. Su cuerpo está atravesado por un blasón de 7 rayas (7 es un número mágico) y por encima de su cabeza, la estrella de David de 6 puntas, formada por 13 estrellas también de 6 puntas dispuestas en dos triángulos, uno con el vértice hacia arriba simbolizando lo material y el otro con el vértice hacia abajo, que implica lo que baja del Cosmos. Se dice que el diseño del billete del dólar fue basado en los patrones de la geometría sagrada: La pirámide de 13 pisos (13=1+3=4=tiempo) con la fecha 1776 (1776=21=3=3ra dimensión). ¿Será tal simbología una coincidencia con aquellos vaticinios que nos relatan las profecías acerca del fin del mundo? ¿O la esclavitud del hombre a través de un Nuevo Orden Mundial? 

Evolución espiritual

Desde la antigüedad el hombre ha buscado su origen, la causa de su ser y el por qué de su permanencia en este mundo. Luego, cuando se dio cuenta de que en él había facultades que lo diferenciaban de las demás criaturas, fue teniendo la idea de que le estaba reservado un destino distinto entre todos los seres de la creación. Lentamente fue naciendo en él la intuición de un Dios, la existencia del espíritu y, por lo tanto, la necesidad de elevar culto a aquel de quien creía proceder. De ahí parte su evolución espiritual, la cual no ha sido igual en todos porque divididos en razas, nacionalidades, costumbres y lenguas, unos avanzaron más que otros. Vale aclarar que la evolución no tiene relación con método alguno de crecimiento espiritual, ni por ser practicante de ninguna religión, ni seguidor de ningún maestro o de secta alguna. La evolución espiritual se fundamenta en patrones de comunicación y en la interacción con los demás y con su entorno. Así, todos evolucionamos o involucionamos. De igual modo, sin evolución interna no puede existir evolución externa. Al ser más materia que espíritu, el hombre hace más mal que bien, porque predomina en él lo material sobre lo espiritual y entonces deja el espíritu de lado; pero, cuando por cualquier motivo le ocurre algún suceso extraordinario, se da cuenta del amor que existe en su ser espiritual y se arrepiente de haber actuado en una forma inadecuada. Es entonces cuando toma conciencia de sí mismo y de que su espíritu supera a la materia, con lo cual, a partir de entonces, comienza a trabajar para vencer la materia y transformarla en espíritu. De esta forma es cuando comienza a evolucionar espiritualmente. Si en realidad desea avanzar, debe tener una visión cósmica del micro y del macro universo, así como de sí mismo y de todo lo creado. La evolución del hombre hace que la humanidad comience a observar un cambio que intenta modificar las actitudes y acciones, a fin de no seguir perturbando más a la Naturaleza y de mejorar la calidad de la Tierra que le da la vida en la materia: ésta es el vehículo donde su alma puede evolucionar, proyectar y crecer, elevándose a niveles superiores. Cuando logramos evolucionar espiritualmente, lo hacemos hacia la ecuanimidad, hacia la igualdad y hacia la constancia de ánimo, así como hacia la imparcialidad de juicio. La evolución ayuda a despertar la conciencia superior, puesto que evolucionamos para adaptarnos a nuevas y mejores condiciones de diversas índoles, pero, sobre todo, de índole espiritual. Cuando el hombre está vacío espiritualmente, cuando a su vida sólo la satisface el éxito, el dinero, las apariencias, la capacidad de llenarse a costa de los demás, la apariencia física y lo superfluo, y cuando llega hasta a negar la existencia de Dios, se abren en él fisuras que permiten la oportunidad de llenarse de trastornos tales como la violencia, los vicios, la maldad, el egoísmo, los desórdenes sexuales y otras calamidades. Cuando el hombre eleva su pensamiento, eleva sus vibraciones y éstas se irradian hacia los demás en bienestar, afecto, comprensión y ternura. Al no evolucionar espiritualmente, da la oportunidad a que fuerzas funestas como el racismo, la intolerancia, la ambición, el rencor y el odio sean las que gobiernen su existencia. Quien busca la verdad no sólo indaga el conocimiento en forma intelectual, sino accionando con la mente y el corazón en una actitud amorosa hacia la humanidad. Evolucionar es reconocer nuestra matriz divina y recuperar la conciencia de quienes somos realmente; por ello, es tiempo de anclar en la dimensión física lo más puro de nuestro ser. Somos portadores de dones y talentos. Nuestra esencia es luz. Abramos nuestro corazón para que el viento del espíritu avive nuestra llama y podamos disfrutar el despertar hacia una nueva realidad. El futuro nace del presente. Las decisiones de hoy crean nuestro mañana.