¿Cuándo comienza la vejez?


De acuerdo a la tendencia demográfica, la población mayor de 60 años, donde predominan las mujeres, se ha incrementado en Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón y en algunos países sudamericanos. Ante esto, cabe preguntar ¿cuándo comienza la vejez? Un adolescente diría: “A los 20 ó 25 años”. Según los científicos, aún no existe respuesta, aunque muchos de ellos afirman que cada vez comienza más tarde, debido a que es el proceso más multifactorial y diverso, en el que cada célula envejece de manera diferente, a la vez que con el tiempo la expectativa de vida aumenta. Se puede ser viejo a los 60 ó a los 40. Todo depende del espíritu y ansia de vivir. “A los 50 se inicia el proceso gerontológico, pero no sucede en todos. A esa edad se define la calidad de vida de las siguientes décadas dependiendo si la persona se mantiene o no en actividad física y mental. Biológicamente no existe una edad establecida para el inicio de la vejez. Esta comienza cuando se pierde interés y motivación por el entorno y la persona se aísla, acelerando el envejecimiento”. Al nacer se pone en marcha el reloj biológico en el que la vejez está genéticamente determinada como pérdida progresiva de la capacidad de auto-regeneración de las células. Aún así, los científicos sostienen que estamos programados para vivir entre 100 y 120 años, señalando que nadie muere por causas directas del envejecimiento sino por enfermedades asociadas. Este proceso natural tiene lugar después de la maduración reproductiva y es el resultado de la disminución de la energía capaz de mantener el funcionamiento celular. Según recientes investigaciones, el organismo está preparado para vivir determinada edad sin grandes cambios degenerativos puesto que existen formas para retrasar o adelantar el envejecimiento. Lo primero se logra con un estilo de vida saludable que incluya ejercicio físico para prevenir problemas óseos, alimentación saludable (frutas, verduras y cereales integrales) y desarrollar una actividad intelectual. Lo segundo lo provocan los malos hábitos de vida (fumar, ingesta alcohólica excesiva, alimentación inadecuada, inactividad física, vivir bajo estrés y acumulación de sustancias tóxicas). Según el profesor Ian Robertson, decano de investigación del Instituto de Neurociencias del Trinity Collage: “Antes de que se instale la vejez, la nueva edad adulta oscila entre los 50 y los 80 años. La barrera es el deterioro de las funciones cerebrales y en este sentido, a partir de los 60, la ejercitación y la estimulación cognitiva permite rejuvenecer la mente unos 14 años. A los mayores de 50, el ejercicio los vuelve más ágiles mentalmente y menos olvidadizos”. Otro científico, Pankaj Kapahi, profesor del Instituto Buck de Investigación del Envejecimiento, de USA, sentenció: “La expectativa de vida aumenta. En el siglo pasado creció más que en 2000 años. Mientras un habitante de la antigua Roma no superaba el promedio de 20 a 22 años de vida, un ciudadano europeo de 1900 podía vivir hasta los 50. Ahora, según la ONU, un bebé tiene una expectativa de vida de 81 años si nace en Japón, o de 74 si nace en Argentina”. Por su parte, el doctor León Schurman, jefe de Metabolismo Fosfocálcico del Servicio de Endocrinología del Hospital Francés, de Argentina, expresó: “Aún cuando a partir de los 35 la estructura ósea comienza a envejecer y empieza un proceso de reducción lenta que en la mujer se acelera con la menopausia y en el hombre es más lento, yo opino que la vejez empieza cuando uno quiere. Si no, vean mi caso: tengo 75 y no sólo me siento joven sino que me desempeño como tal”. Razones similares aduce el gastroenterólogo Juan Gregorio, (alumno del premio Nobel Bernardo Houssay); quien a sus 85 atiende dos consultorios y hace gimnasia cada día: "Mi secreto: mantener la memoria y el cuerpo activo. El aparato digestivo no envejece, lo que cambia el tiempo es la capacidad de moverse del colon y esto produce constipación o incontinencia urinaria". “¿Se puede considerar viejo a quien tiene en perfecto estado su funcionalidad orgánica y realiza de manera independiente actividades básicas de la vida (alimentación, continencia, transferencia, uso del sanitario, vestido y bañado); e instrumentales (cocinar, hacer compras, labores domésticas, utilizar el teléfono, lavar ropa, viajar, tomar medicamentos o administrar los gastos personales?”. Robertson contesta: “Definitivamente No. Ser viejo no es estar enfermo, sentirse inútil, desplazado, retirado o no deseado. Simplemente es una condición de vida que hay que asimilar con inteligencia. Sólo las sociedades ignorantes y atrasadas reaccionan con desdén ante la vejez. En cambio, en las inteligentes y avanzadas, la experiencia se considera un recurso valioso. Envejecer no significa aislarse. Gracias a los nuevos medicamentos y a los avances de la ciencia ya nadie puede considerarse viejo debido a achaques o deficiencia sexual”. Ser viejo es sólo una actitud mental y espiritual. El secreto: Siéntase joven y actúe como tal.
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Astrología ¿ciencia o fraude?


Según el diccionario, astrología es la ciencia que estudia el efecto de los astros sobre los seres biológicos, o la disciplina que observa, analiza y estudia las posiciones y movimientos de los astros, relacionándolos con el desarrollo de los acontecimientos que se producen en la Tierra. Desde la antigüedad ha sido utilizada por el hombre aceptando que tiene paralelismos simbólicos en todas las religiones y en las manifestaciones culturales, por cuya razón la catalogó como un saber-puente, raíz de culturas. La astrología tuvo su origen en diferentes regiones del planeta, siendo los primeros en desarrollarla los babilonios, los griegos, los caldeos y los mesopotámicos. Luego, los chinos, la antigua India y las civilizaciones mayas de Centro y Norteamérica desarrollaron otras variedades; mientras que filósofos como Pitágoras y Platón, en Grecia, la incorporaron a sus estudios sobre religión y astronomía. En otro tiempo, Carlos Gustavo Jung, eminente psicoanalista, creador de la teoría del inconsciente colectivo, se interesó en ella hasta el punto de hacer un estudio astrológico de una serie de parejas a fin de comprobar la influencia de los astros en la problemática de sus relaciones. No obstante, durante siglos la ciencia han rechazado sus principios, pese a que millones de personas sigue creyendo en ella. De este modo, el efecto del Cosmos, que puede describirse exactamente por medios astronómicos, muestra en cada persona características diferentes e individuales. De ser esto cierto, ¿deberíamos aceptar que nuestra vida sigue un curso predestinado que no podemos cambiar? ¿Y que desde la perspectiva de los estudios astrológicos supuestamente serios y profundos, cada individuo es una entidad psicológica compleja con una personalidad de variados aspectos que a menudo están en conflicto? Quienes creen en ella, atribuyen a su influencia que algunos días parecen ser simplemente malos, que nada funciona, mientras que en otros, todo parece salir bien, y que en otros uno se siente triste y deprimido, aparentemente sin razón. Asimismo, que existen días cuando uno desea el contacto humano y otros, cuando desea estar solo. Según los astrólogos, los cambios que se generan en cualquier período de nuestra vida se deben a los tránsitos de los planetas, puesto que sus efectos a menudo son registrables por varios meses y aún, por años. Sostienen también que la posición de los astros en el momento exacto del nacimiento de una persona refleja el carácter de esa persona y por tanto, su destino. Se cree que la astrología es la actividad racional más antigua conocida por el hombre, ya que a través de la observación y estudio del comportamiento de los astros (el Sol, la Luna y los planetas visibles a simple vista), diversas civilizaciones conocieron su razón de ser sobre la Tierra. Basado en esto, para muchas civilizaciones, el cielo no es otra cosa que el mismo cosmos de donde provienen las fuerzas físicas planetarias que afectan el comportamiento general de nuestro planeta, incluido, por supuesto, el de sus habitantes, de sus estaciones y de sus movimientos internos. Pese a ello, la astrología ha sido asociada a superstición, fraude e irracionalismo, aunque, según los astrólogos, está al lado de las llamadas ciencias humanas, al mismo nivel que la psicología, la sociología o la historia; siendo en sus inicios inspiración a la medicina, la meteorología, la música, la química del renacimiento y la ilustración (Galileo, Kepler, Newton, Lavoisier), y la psicología de la personalidad y el comportamiento (Jung). En el siglo XX, Albert Einstein, quien poseía amplios conocimientos de esta materia, siempre fue respetuoso con ella. Aunque parte de datos numéricos, cuantitativos y medibles, sus conclusiones no lo son, y por tanto no son demostrables en términos físico-matemáticos. Durante la edad media fue ampliamente practicada en Europa, a pesar de que las autoridades cristianas la condenaron. Hasta el siglo XVI muchos sabios consideraron a la astrología y la astronomía como ciencias complementarias. En aquella época, los descubrimientos realizados por astrónomos como Nicolás Copérnico y Galileo Galilei socavaron algunos de sus fundamentos y a partir de entonces, los científicos dejaron de prestarle atención, catalogándola como seudo-ciencia (doctrina de carácter esotérico desprovista de algún valor científico, asimilable a las creencias, basada en afirmaciones indemostrables y no verificables). Desde entonces, la astrología permanece inadmisible dentro del sector científico en todo el mundo, aunque cada vez más gente cree en ella.
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La estupidez humana


El diccionario define la estupidez como “la torpeza notable en comprender las cosas; o el dicho o hecho propio de un estúpido, necio, o falto de inteligencia”. Al respecto, hace algún tiempo el catedrático italiano Carlo Cipolla, quien exploró el controvertido tema de la estupidez humana, formuló su famosa Teoría de la estupidez, basado en las cinco siguientes leyes: 1. Subestimamos el número de estúpidos que circulan por el mundo. 2. La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica. 3. Un estúpido es una persona que causa daño a otra sin obtener provecho para sí, o incluso, perjudicándose a sí mismo. 4. Los no estúpidos subestiman el potencial nocivo de los estúpidos, olvidando que en cualquier momento, lugar, o en cualquier circunstancia, tratar o asociarse con ellos representa un gran error. Y, 5. El estúpido es la persona más peligrosa que existe, siendo más peligrosa que el malvado. “Avalada por años de observación y experimentación, tengo la convicción de que los hombres no son iguales: algunos son estúpidos y otros no lo son. En consecuencia, estimo que todos estamos incluidos en cualquiera de las siguientes categorías: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos. Los incautos: Estos realizan acciones cuyo resultado genera pérdida para ellos y ganancia para otros. Los inteligentes: Suelen realizar acciones de la que ambas partes obtienen provecho, comportándose alguna vez como incautos o como malvados. Pero, puesto que son inteligentes, la mayor parte de sus acciones tendrán que ser inteligentes. Los malvados: ¿Quién no recuerda que desgraciadamente estuvo relacionado con alguien que obtuvo una ganancia causándole perjuicio? Existen dos tipos de malvados; el malvado perfecto que con sus acciones causa a otro, pérdidas equivalentes a sus ganancias; y, el deshonesto: aquel que obtiene ganancias mayores que las pérdidas que ocasiona a otros. Los estúpidos: En muchas ocasiones sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad o buen humor por culpa de las acciones de algún sujeto al que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daño, frustraciones o dificultades, sin que él gane nada. Entonces nadie entiende por qué ese sujeto hace lo que hace. Se trata solo de un estúpido, cuya mayoría insiste en causar daño a otras personas sin obtener ganancia alguna. Lo más inverosímil es que con sus acciones no solo causan daño a otros, sino también a sí mismos. En este caso se trata de súper estúpidos”. En su obra Cipolla sigue planteando: “Con diferente intensidad los estúpidos influyen sobre otras personas, algunos causando pequeños perjuicios y otros ocasionando daños terribles, incluso a comunidades enteras. Su “capacidad” de hacer daño depende del factor genético o del grado de poder o autoridad que ocupen. Son funestos porque a las personas razonables les resulta difícil entender un comportamiento estúpido. Una persona inteligente puede entender la lógica de un malvado, puesto que esta sigue un modelo de racionalidad, aunque perversa, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado siempre quiere añadir más a su cuenta causando menos al otro; lo que no es justo, pero sí racional, y si es racional uno puede preverlo. Con un estúpido esto es imposible ya que este actuará sin razón o sin plan preciso en los momentos y lugares menos esperados. Por ello, frente al estúpido uno siempre está desarmado ya que no existe modo racional de prever cómo, cuándo o dónde actuará; de allí que generalmente su ataque nos coge por sorpresa. Otra circunstancia nos desarticula frente al estúpido: el inteligente sabe que es inteligente; el malvado, que es malvado; el incauto, que está imbuido de su propia candidez; y, al contrario, el estúpido no sabe que es estúpido. ¿A casi todos no nos ha ocurrido que, como si hiciese la cosa más natural del mundo, con una sonrisa en sus labios, aparece inesperadamente un estúpido para amargarnos la vida, echarnos a perder el momento, destruir nuestra paz, complicándonos todo, haciéndonos perder tiempo, dinero, buen humor, apetito, productividad o todo, sin malicia, sin remordimientos y sin razón, sino por la simple razón de que él es un estúpido? Sorprende que generalmente se cree que un estúpido sólo se hace daño a sí mismo, lo que significa que se confunde estupidez con candidez. Paradójicamente esto viene a ser una estupidez de quien lo crea. Otro grave error es creer que el número de ellos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una en ascenso. La diferencia está en que en la sociedad en declive los estúpidos se vuelven más activos por la permisividad de los otros. En un país en decadencia, el porcentaje de estúpidos sigue siendo igual; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de incautos. ¿Por qué entonces unas sociedades prosperan y otras entran en decadencia? Esto depende exclusivamente de la capacidad de los individuos inteligentes para mantener a raya a los estúpidos. Caso contrario, inevitablemente se refuerza el poder destructivo de estos últimos, conduciendo a los países a la ruina. Es más dañino el estúpido que el malvado, porque el malvado comete maldades cuando tiene ocasión, mientras que el estúpido lo hace, incluso sin querer, a tiempo completo".
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