¿Ovnis desde siempre?


El tema de la presencia de ovnis en la Tierra siempre ha estado presente a lo largo de nuestra historia, generando una serie de creencias, dudas y contradicciones. Según algunos autores, las naves espaciales comenzaron a aparecer en 1947, mientras que los ufólogos plantean que han estado aquí desde siempre, aduciendo que culturas místicas como la egipcia y la maya muestran evidencias de su existencia desde la antigüedad. “Hay que recordar que personajes bíblicos como la madre de Jesús y el profeta Elías fueron ascendidos a los cielos en carros de fuego. Asimismo, una nave extraterrestre visita La Tierra cada seis minutos; el 5% de la población del planeta ha tenido algún tipo de encuentro cercano; y el 6% de la población de USA muestra los síntomas de las personas que han sido abducidas por extraterrestres. Según esos relatos, la NASA vendría manteniendo contacto con seres de otros planetas, a la vez que guarda muchos secretos y un gran archivo de fotos que registran, entre otros aspectos, la presencia de naves extraterrestres ocultas en el desierto de Nevada. Pese a la polémica de la presencia de extraterrestres en la Tierra, existe una extensa lista de personajes, que a lo largo de la historia han defendido esta tesis. Veamos algunos de esos personajes: En el siglo XV a.c. Tutmosis III el Grande y sus soldados vieron objetos volantes no identificados; Alejandro Magno y Timoleón en el siglo IV a.c. también vieron ovnis; Aulio Postumio, vio apoyada su batalla contra Tarquino y Ocatavio Manilio (año 498 a.c.), por la repentina presencia de dos extraños jinetes de estatura superior a la humana, que se pusieron a la cabeza de las tropas y volcaron la batalla a su favor. En el año 322 a.c. Alejandro Magno fue ayudado por varios escudos volantes que propiciaron el asalto y toma de Tiro. El día de la batalla de Cannae, año 216 a.c. los romanos y cartagineses observaron objetos redondos durante toda la noche. En el año 205 a.c. en Fregallae, cerca de Roma, la noche se volvió como el día y en Setie una luz brillante fue vista volar en el cielo. En el siglo I a.c. Cayo Julio Cesar y Pompeyo vieron objetos voladores. En el Libro de los Prodigios, Julio Obsequens recoge textos de Cicerón, Tito Livio, Séneca y otros: "Siendo cónsules Cayo Mario y Lucio Valerio, se pudo ver en diversos lugares de Tarquinia un objeto que semejaba una antorcha encendida que súbitamente cayó del cielo. Hacia el anochecer se vio un objeto volador circular llameante que cruzaba el cielo”. Personajes como Hermes Trismegisto, sumo sacerdote de Egipto; Metrodoro de Quíos, filósofo griego; Tito Lucrecia Caro, poeta latino; Giordano Bruno, filósofo italiano; Nicolás Copérnico, astrónomo polaco; Johannes Kepler, astrónomo y filósofo alemán; Galileo Galilei, astrónomo y físico italiano: Aristóteles, matemático y filósofo griego; Platón, filósofo griego; Sócrates, filósofo griego; Empédocles, filósofo griego; Lorenzo Hervás y Panduro, escritor y filósofo conquense; Jules Verne, escritor francés, Tomás de Aquino, filósofo y teólogo italiano, y otros más, también estuvieron convencidos de la existencia de seres superiores en la Tierra. Por su parte, Isaac Newton también defendía la existencia de estos seres en el globo terráqueo. Del mismo modo, Johannes Kepler, astrónomo y filósofo alemán, señaló: “Seres celestes tienen su morada en nuestro Sol y nos visitan constantemente”. William Herschel, astrónomo alemán, descubridor de Urano, sostenía que inteligencias superiores nos visitaban. Igualmente, Cristóbal Colón refirió en su diario, durante su proeza del descubrimiento, hechos extraños referentes a luces y seres bajados del cielo; mientras que Albert Einstein creía en los textos escritos por Platón en sus libros Timeo y Crítias, en los que se refería a la Atlántida. En una entrevista publicada en la revista Argosy, Einstein expresó al respecto: “Yo creo que los ovnis son pilotados por la gente que se fue de la Tierra hace 10.000 años atrás, y ahora están volviendo”. Él conocía que la Atlántida habría desaparecido entre 10 y 12 mil años atrás. Del mismo modo, Voltaire habló de las Lunas de Marte en su obra Micromegas, aludiendo a la existencia de vida inteligente de otros mundos en la Tierra. Otro de esos personajes fue Benjamín Franklin, inventor, científico y estadista norteamericano, quien sostuvo que seres superiores ayudaban a los hombres de la Tierra. Estas han sido sólo algunas de las célebres personalidades que a través de la historia han sostenido que desde tiempos inmemoriales estamos siendo visitados por seres de otros mundo, pero, debido a lo extenso del tema se podría escribir un libro sobre todos esos personajes que llegaron a intuir que el Creador no se limitó a crear la vida en la Tierra, sino por doquier en el universo.
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¿Se extinguirá la especie humana?


La Tierra tiene aproximadamente 5000 millones de años, por lo que es fácil entender que el hombre no es nada frente a su devenir histórico y que ésta puede echarle en el momento menos esperado, ya que el hombre se ha dedicado más a destruir que a construir. Debido a la sobrepoblación, la deforestación y quema de los bosques, la contaminación del agua, el recalentamiento global, la contaminación electromagnética, y la radioactividad, puede que llegue el momento que podamos extinguirnos como especie. La Tierra tiene ahora 6.645.518 millones de habitantes. ¿Podremos frenar la actual explosión demográfica? ¿Qué población tendrá en el 2050? ¿Podrá alimentar a su población en esa época? ¿Alcanzarán sus fuentes renovables de energía? ¿Seguirán existiendo los automotores? ¿Cómo serán las ciudades? ¿Cuál será el nivel y el estilo de vida? Según la ONU, en el 2025, llegará a 8500 millones; y en el 2050, a 10 mil millones, límite máximo para que el planeta pueda alimentar a sus habitantes. Observemos: en 1800 la población mundial fue de 1000 millones; en 1925, 2000 mil millones; en 1974, 4000 mil millones; y en 1999, 6000 mil millones. Actualmente estamos utilizando energía solar almacenada durante millones de años en forma de carbón, petróleo y gas; pero una vez que se agoten las reservas de petróleo y gas natural hacia el 2050, y de carbón hacia el 2100, esa población no será sostenible. Según WWF/Adena, en el 2050 los recursos serán insuficientes para cubrir las necesidades. “Hacia el 2050 la fuente principal será el carbón, el cual se agotará hacia el 2100”. Un informe del Centro de Biodiversidad y Conservación de la Universidad británica de Leeds, publicado en la revista Nature, señala que la mitad de los bosques del planeta y el 25% de los arrecifes de coral han desaparecido. “Los incendios queman anualmente un área equivalente a la mitad del tamaño de Australia. El 12% de los pájaros, el 25% de los mamíferos y el 30% de los anfibios se encuentran en peligro de extinción debido al calentamiento global. Para 2050, el 37% de las especies podría extinguirse debido al cambio climático. El peligro de extinción es el paso previo a la extinción definitiva. En el 2050 harán falta los recursos de dos planetas como la Tierra para satisfacer las necesidades de sus habitantes, si es que esos recursos no se han agotado antes”. Otro informe, presentado en Living Planet, indica que entre 1970 y 2005, las poblaciones de especies animales (desde peces a mamíferos), descendieron un tercio debido a la contaminación, la deforestación y sobre pesca. “Un gran riesgo ecológico nos amenaza porque consumimos recursos más rápido de lo que la Tierra puede reponerlos. Para evitarlo, tenemos que reducir el uso de combustibles fósiles y mejorar la gestión de los sistemas productivos, desde la agricultura hasta la pesca”. Según la ONU, para el 2050 habrá mucha más gente, más viejos y menos niños. La edad promedio será de 37 años y, en su mayoría, la gente vivirá 75 años. Durante el período 2000/2050 los países que sumarán más inmigrantes serán Alemania, Australia, Canadá, Reino Unido y USA. Los economistas creen que el crecimiento siempre es bueno, pero se han olvidado que la Tierra tiene un límite, y lo estamos sobrepasando. Ahora estamos prácticamente en el punto de no retorno. La racionalidad en el hombre ha entrado en contradicción con su condición de especie, porque al destruir su hábitat también se puede autodestruir. De seguir actuando así, puede ejercer las funciones de un verdadero mutante con respecto a su especie y eso no pasa con ninguna otra especie animal, donde rige un comportamiento basado en instintos preservativos y reproductivos. Ninguna especie destruye su medio ambiente, ni siquiera en conflicto con otras especies. En este caso, el hombre es la única especie que lo hace. ¿No es paradójico y lamentable que aun habiendo alcanzado su máximo desarrollo de civilización, una debilidad intrínseca lo domine hasta el punto de que puede colocarse en el límite de su propia autodestrucción? Desde que se extinguieran los dinosaurios hace unos 65 millones de años atrás, ahora vivimos en el período de mayor extinción de especies vegetales y animales. La historia de la vida en la Tierra abarca al menos cinco períodos en los que desaparecieron para siempre enormes cantidades de especies, debido a los cambios del clima y al nivel de los mares. Desde 1950 hasta ahora han desaparecido unas 600 mil especies, y casi 40 mil más están actualmente amenazadas. El ritmo de extinción puede acelerarse por obra del consumo humano y la contaminación de los recursos naturales, lo que unido al calentamiento mundial y el alza resultante del nivel de los mares, adquiriría proporciones alarmantes. Algunos científicos temen que estemos al comienzo de una sexta extinción a causa de la errada utilización de los recursos del planeta. ¿Podemos suponer que la vida en la Tierra como la conocemos puede continuar cualesquiera que sean las condiciones ambientales? ¿O estamos preparando el escenario para llegar finalmente a la sexta extinción? La nuestra.
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¿ Dominado por la ira ?


Como pasión del alma, la ira causa indignación, enojo muy violento, deseo de venganza, o violencia contra los demás o contra uno mismo. Es la forma en que alguien se comporta ante un determinado estímulo sin precisar cumplir ningún requisito previo para tenerla. De todas las reacciones humanas, está disponible en cualquier momento y nos asalta en cualquier lugar, hora, o circunstancia. Uno puede enojarse con alguien sin saber nada de esa persona, y sin siquiera conocerla. Para ponerse iracundo no es necesario que uno tenga un carácter irascible. Segundos antes de estallar, uno ha podido estar en plena calma. Por ello, es un error cuando alguien dice: “es que él es así”. Y eso no es cierto. Lo cierto es que aprendió a ser así, y fue “perfeccionando” esa conducta hasta convertirla en una destreza, por lo que puede afirmarse que la ira es una respuesta aprendida, que comienza como una emoción que es apenas una señal de alarma, y luego se transforma en una respuesta global muy compleja y de muy difícil manejo. Como existe la adición a las drogas, al alcohol, o al juego, también existe la adición a la ira. Se es adicto a la ira cuando no se tiene control sobre ésta, lo que se convierte en algo crónico o compulsivo. Se cree que en este tipo de adicción existe una predisposición genética; de padres violentos, hijos violentos. No obstante, ningún adicto a la ira admite su adicción. Y, erróneamente, como el alcohol, la utiliza como un mecanismo para “resolver” los problemas, y ese mecanismo llega a ser autodestructivo, pudiéndose catalogar como una enfermedad de los sentimientos que va destruyendo a la persona que la siente. Su adicción disminuye la autoestima y produce vergüenza y sentimientos de culpabilidad. Contrariamente a lo que se cree, no cambia ni resuelve nada, ni evita ningún hecho o circunstancia. Sólo sirve para hacernos pasar un mal rato y desperdiciar nuestra energía, porque cuando nos enojamos, perdemos los estribos y no entramos en razón. Cuando entramos en cólera, el único impulso que nos guía es el de la agresión; queremos dañar, romper, o destruir, dañándonos a nosotros mismos desde el momento en que dejamos crecer la furia destructiva, porque nos convertimos en una verdadera fiera que va contra todo. Desde el momento que permitimos que nos domine, todo nuestro organismo nos acompaña: Así, nuestro cerebro que no discrimina entre el bien y el mal, ordena volcar en nuestra sangre todas las sustancias necesarias para provocar un ataque de ira, conduciéndonos en muchos casos hasta el agotamiento, la inconciencia o la locura. De esta forma, la ira destruye nuestra paz interior, porque, inexplicablemente, todos somos capaces de emprender el viaje hacia ella, pero no hacia el perdón o hacia la paz interior que reestablece la armonía. Según algunos estudiosos del comportamiento humano, la ira es un fenómeno universal que puede ocasionar grandes perjuicios. “En nuestra época, cuando el estrés es cada vez mayor, ¿quién no se ha dejado llevar por ella en alguna ocasión? ¿Existe alguna manera eficaz de resolver nuestros problemas sin que la ira entre en escena?”. La ira es tan destructiva y dañina que puede amargar nuestra vida y la de quienes nos rodean. Según Mike George, maestro de meditación y desarrollo espiritual, “Es una emoción incendiaria. El primer paso para desapegarnos de ella es convencernos que se trata de una emoción llena de fines inútiles. Nunca nos sentiremos satisfecho de haber dado rienda suelta a nuestra ira. Es difícil encontrar a alguien que, habiéndose enojado, no se justifique después, lo que demuestra que se avergüenza de sí mismo y de su descontrol”. La ira no se da sólo hacia afuera, actúa también hacia adentro. El enojo nos llena de enojo, nos lo damos y se lo damos a los demás. La ira contra los demás puede terminar en asesinato. Contra uno mismo, en suicidio. Existen diferentes formas de sentir la ira: perdiendo los estribos, gritando o sintiendo ganas de golpear a alguien o de romper algo; respirando más rápido; cuando la cara se nos pone colorada; los músculos tensos y los puños fuertemente cerrados. Como seres vulnerables nos dejamos arrastrar por nuestras emociones, pero no debemos permitir que la ira nos controle, porque nos ciega, nos estupidiza, y nos convierte en una especie de bestias obcecadas, pudiendo hacer que gritemos a las personas que queremos o estimamos. La ira no sólo nos acarrea consecuencias psicológicas como la depresión, y espirituales como el pecado, sino que también nos genera dañinas consecuencias físicas como ataques al corazón, y todo tipo de enfermedades, debido a un sistema inmunológico debilitado y, según algunos estudios, predisposición al cáncer. Incluso, la ira reprimida causa depresión y hasta podría llevar al suicidio o al homicidio. Según el psiquiatra Frank Minirth, “La ira representa probablemente el mayor riesgo a la salud y la principal causa de muerte. Si uno consigue liberarse de la ira, habrá alcanzado uno de los mayores logros en el plano espiritual”. Controla tu ira antes de que ella te controle a ti.
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