¿Quién hundió al Titanic? - Parte final

¿Código de honor  o de deshonor?: Charles Lightoller, segundo oficial del Titanic, el único oficial sobreviviente que estuvo en la reunión final de los navegantes a cargo del ese buque, después del enorme percance decidió ocultar por muchos años lo que sabía, pues, de acuerdo a sucódigo de honor”, estimó que su obligación era proteger a su empleador, la White Star Line, por lo que su familia, acompañándolo en su decisión, también mantuvo en secreto lo que él sabía sobre el hundimiento, “ya que su reputación estaba en juego”. Así lo revela también Louise Patten en su libro: Mi abuelo murió antes de que yo naciera, pero mi abuela Patten, su viuda, con la que viví varios años, me contó todo lo sucedido.   En la serie de errores, fallas e injusticias que se cometieron en la corta vida del Titanic, éste naufragó sin la llave que abría el armario donde se guardaban los binoculares, instrumentos claves en la detección de obstáculos o peligros durante la navegación. Desafortunadamente para sus víctimas mortales, el responsable de la llave, el segundo oficial David Blair, fue relevado de la tripulación por un cambio de mando a última hora y olvidó entregar la llave a su sustituto, Charles Lightoller, mi abuelo,  quien lo substituyó. Blair se quedó en tierra con la llave en el bolsillo.  De este modo, Blair salvó su vida pero – por un olvido fatal – fue uno de los causantes de las muertes que ocurrieron, ya que la llave que olvidó en sus bolsillos abría los compartimentos ubicados en los puestos de observación donde se encontraban, entre otros objetos los binoculares a ser usados por parte de los vigías de a bordo, de manera que no entregó la llave a Charles Lightholler, el oficial que lo sustituyó y debido al olvido, los vigías no pudieron utilizar los prismáticos destinados a facilitar su labor de vigilancia. Fue así como tardíamente, a eso de las 23:45 horas de la noche del 14 de abril de 1912 fue cuando los vigías del Titanic pudieron llegar a ver un enorme iceberg hacia el que la nave se dirigía irremediablemente. Luego, debido a su gran tamaño y peso, el Titanic no pudo virar a tiempo y pasó rozando el iceberg. Tiempo después del naufragio las investigaciones llevadas a cabo dieron como resultado que de haber usado los binoculares los vigías hubiesen podido alertar acerca de la presencia del iceberg con antelación suficiente como para hacer virar la nave de forma segura y sin hubiese podido evitarse la tragedia. Sin los binoculares, los vigías sólo dependían de su vista.  El vigía Fred Fleet, uno de los supervivientes del desastre, declaró ante una comisión estadounidense que investigó la tragedia: De haber dispuesto de los binoculares, la tripulación pudo haber divisado a tiempo la masa de hielo y así se habrían evitado muchas muertes. El error costó la vida de 1.495 personas”.

Para muchos, la tragedia de “el barco de los sueños” fue la venganza de la naturaleza contra la prepotencia y la soberbia humana que hacían pensar a algunas personas que la industria podía vencer lo invencible, incluso, al mismo Dios. Vale destacar también que a pesar de la gran difusión que a lo largo del tiempo ha tenido esta tragedia, poco se ha dicho acerca de los litigios y las acusaciones que siguieron a su fatal desenlace. En aquel tiempo los diarios emitían opinión insistiendo en que el accidente pudo evitarse, por lo que con frecuencia se leían titulares como: “¿Y si el Titanic hubiera viajado a menor velocidad?”, “¿Y si la nave hubiera tomado la ruta del sur, evitando los témpanos de hielo?”, ¿Y si el iceberg hubiera sido avistado con la ayuda de binoculares?”, “¿Y si la orden de abandonar el barco hubiera procedido con rapidez?”, “¿Y si el Californian no hubiera ignorado las llamadas de auxilio y las luces de bengala del Titanic?”, etc.  En el Titanic viajaban grandes fortunas (dinero, valores, joyas y demás objetos de gran valor) que llevaban los pasajeros en sus camarotes o en sus cajas de seguridad. La lujosa nave también portaba objetos artísticos y arqueológicos de gran valor, destinados a ser expuestos en América, entre ellos, una momia egipcia de una sacerdotisa que Lord Canterville trasladaba a Nueva York. Se trataba del cuerpo embalsamado de una pitonisa muy respetada en los tiempos de Amenofis IV, conocido también como Akenatón.  La momia tenía colocado debajo de su cabeza un amuleto con la figura de Osiris y la inscripción: "Despierta de tu postración y la mirada de tus ojos triunfará sobre todo cuanto se haga contra ti". Resulta curioso que la caja de madera donde había sido colocada la momia no fuese ubicada en las bodegas del barco, sitio lógico para guardar este tipo de objeto  o cualquier otro, sino que fue colocada detrás del puente de mando del capitán. ¿Qué razón indujo a ello a las autoridades del barco? ¿Fue Smith víctima de los influjos de la sacerdotisa o de la maldición de los faraones? Quizás algunos lectores consideraran como tonto este planteamiento, pero llama la atención la extraña e inusual actuación del capitán del Titanic ante la catástrofe, cuando él era un marino con gran experiencia y veteranía que además conocía muy bien esas rutas marinas, pero aquel 14 de abril su actuación no pudo ser más extraña, confusa y desacertada: el trazado del rumbo, la excesiva velocidad del navío, su actitud autoritaria ante la petición de botes salvavidas y el retraso con que dio a conocer el plan de salvamento. Todos estos son detalles sumamente desconcertantes..
El resto de esta historia es conocido: El Titanic se fue al abismo y con él arrastró muchas vidas humanas y a su misteriosa pasajera y si realmente hubo algún misterio, éste se hundió también para siempre. Ahora he aquí algo mucho más insólito: a pesar de las diversas  expediciones que se han hecho al lugar donde reposan los restos del famoso buque, nadie encontró la momia. Hoy se sabe que la tragedia pudo haberse evitado si el capitán que pretendía batir el record del cruce del Atlántico hubiera escuchado las advertencias  y ordenado reducir la velocidad. Los extraños acontecimientos arrojaron 1495 muertos. Quince días después de la tragedia cuatro supervivientes de nacionalidad española que fueron trasladados a La Habana, Cuba, dieron a conocer a través de declaraciones emitidas al periódico cubano La discusión, de fecha 29 de abril de 1912, la brutalidad e indolencia del personal del Titanic en cuanto al mal trato que le dispensaron a los pasajeros de Tercera Clase. La angustia y desesperación que pasaron Emilio Pallás, un panadero de 29 años, las hermanas Florentina y Asunción Durán, de 30 y 26 años y Julián Padró, chófer barcelonés de 26 años, quedaron registradas en ese diario. Ellos viajaban en Tercera Clase y a los cuatro les costeó el viaje desde Nueva York a La Habana una compañía naviera norteamericana en el buque Monterrey. He aquí parte del relato: “El domingo 14 de abril, después de la cena, nos retiramos a nuestros respectivos camarotes y cuando ya habíamos conciliado el sueño fuimos despertados por fuertes golpes en cada una de nuestras puertas y voces que gritaban “¡¡Salgan enseguida!! ¡¡Se hunde el barco!!”, ¡¡Se hunde el barco!!”, por lo que salimos corriendo muy asustados a uno de los pasillos en ropa interior y envueltos en sábanas. Aquello era algo horrible pues los pasajeros desesperados luchaban casi a muerte para meterse en los botes salvavidas. Mientras los marineros y empleados, con hachas  y con revólveres,  hacían retroceder a los hombres mientras conducían a las mujeres y a los niños para que se metieran en los botes. En aquella dramática situación la persona que caía al suelo se podía considerar muerta y si lograba levantarse era manando sangre por las numerosos pisotones que recibía”. Padró relató que se dejó deslizar por una de las sogas: - "Llegué a un bote a duras penas pero mi compañero no tuvo la misma suerte ya que fue detenido por un marinero que lo empujó violentamente. Luego, con una rápida maniobra mi compañero logró ganar la baranda y se dejó caer sobre el bote, lo que provocó que se dislocara un pie. La balsa llegó al fin al agua no sin antes recibir a otros pasajeros que caían desde arriba. Nuestra salvación se produjo por un milagro ya que fuimos los últimos en lograr salir del barco que se hundía”.  Las hermanas Durán declararon angustiadas: “No se les permitió subir a todos a los botes salvavidas. A una persona que llegó nadando hasta nuestro bote  le cortaron la mano de un cuchillazo, mientras que a otras las mataron a tiros. Mientras se hundía el Titanic, sus  luces se fueron apagando  poco a poco, hasta que se oyó como una gran explosión. Nunca podremos olvidar los desesperados gritos de aquellos compañeros de viaje que se hundieron con el barco".
Según los sobrevivientes,  “las faltas de escrúpulos, errores imperdonables y la prepotencia e indolencia fueron las causas de esa gran tragedia.   Irónicamente, la propaganda del Titanic se basaba en el lujo, la seguridad y en la velocidad pero, lamentablemente, se olvidaron de la maniobrabilidad”. Entre las tantas leyendas que se tejen sobre el Titanic, existe una que plantea que este no se hundió debido a la colisión con un témpano de hielo, sino que después de esto habría podido seguir su curso tranquilamente hasta Nueva York. “Lo que pasó es que el Titanic se hundió por los agujeros que provocaron cinco artefactos explosivos colocados de modo que explotaran todos por debajo de la línea de flotación y en puntos estratégicos del barco. Si tan solo uno de estos artefactos explosivos hubiera estado situado por encima de la línea de flotación o en otro de los compartimentos en el momento de las explosiones, el Titanic no se habría hundido. Queda averiguar quien lo hizo”. Gracias a las expediciones realizadas, hoy día se sabe que el Titanic trasladaba un cargamento del que poca gente conoció su existencia: lingotes de oro destinados a comprar armamento bélico para la Primera Guerra Mundial. Al respecto, se cree que los espías alemanes que se habían infiltrado en el Reino Unido averiguaron el secreto de la carga del Titanic y decidieron hundirlo para que no se pudiese efectuar dicha negociación.  El Titanic se hundió el 15 de Abril de 1912 a las 2:20 horas de la madrugada. Faltaban dos días para llegar a su destino final (New York). ¿Complot criminal? Autores como Andrew Morton apuntan hacia la teoría de la conspiración contra el hoy tristemente famoso trasatlántico: “Varias pruebas y documentos señalan que el hundimiento del Titanic no se debió al choque contra un iceberg, sino a una explosión. Las conexiones con la conspiración jesuita-illuminati comienzan por el capitán jesuita Edward Smith, que siendo un experto oficial de la marina, actuó como un aprendiz de marinero”. Del mismo modo, los libros de Robin Gardiner y Van der Vet, supuestamente también aportan numerosas pruebas: “Algunos testigos oyeron explosiones y el propio John Pierpoint Morgan (dueño de la naviera White Star Line)  anuló su ticket en el último momento, aduciendo que estaba enfermo y no lo estaba. Existe constancia histórica que Morgan iba a viajar en el Titanic, pero a último momento, antes de zarpar el buque, decidió cancelar el mismo, aduciendo un problema físico. ¿Pero cuál fue el verdadero motivo que le obligó a desistir de embarcarse? Morgan se fue al sur de Francia a pasar unos días y allí se enteró de la tragedia. En el fatal accidente murieron los hombres más ricos de la Tierra y los mayores opositores de la creación de la Reserva Federal“.
En el caso de que lo del atentado fuese incierto ¿entonces cómo es posible que un buque construido de acuerdo con todos los adelantos de la época, “el barco más seguro del mundo”, se hundiese de manera totalmente imprevista en menos de cuatro horas?  Tiempo después, en el juicio que siguió al hundimiento, el estibador de carga y descarga Frank Pretit declaró: “Yo estuve cargando grandes cantidades de lingotes de oro y plata en los amplios departamentos del Titanic”. ¿Sería por esta razón que el Banco de Inglaterra selló por espacio de 100 años los registros de dichos transportes reconvertibles en valor de cambio, como es el caso del oro y la plata? ¿Acaso tomó esa decisión para que no se supiera la naturaleza del cargamento? Los rumores más fuertes que circularon en esa época en torno a este asunto se referían a que esas grandes cantidades de metales preciosos ciertamente correspondían al pago de un gran cargamento de armas que Inglaterra efectuaba a los Estados Unidos de Norteamérica. En esa misma época se planteó la posibilidad de que el Titanic fue torpedeado por un submarino alemán o que en su interior había sido colocada una bomba de gran potencia. Otro hecho extraño es el relativo a que el Titanic estuvo incomunicado desde la tarde del sábado 13 de Abril hasta las 05:00 hs. del domingo 14 de Abril, desde que el aparato de transmisión “se cayó”, hasta que pudo ser reparado, aproximadamente un lapso de 12 horas cruciales. Entre las posibles causas que pueden hacer caer la operatividad de este tipo de equipo se encuentra el sabotaje. ¿Pero es posible pensar que el equipo de transmisión del Titanic hubiese sido saboteado? Si se trató de un sabotaje, es factible que un “agente” de algunas de las compañías rivales de la White Star Line, hubiese subido al buque como un pasajero más, a fin de sabotear el equipo de transmisión porque a sus jefes no les convenía que ciertos “documentos”  o  “mercaderías” llegaran a New York.  La otra posibilidad es que alguien del propio personal del barco hiciera que el buque estuviera incomunicado durante el lapso que estuvo fuera del aire.  Alguna de estas posibilidades pudiera ser válida. Pero, ¿Y cuál sería el objeto de incomunicarlo? Muy simple: evitar que el Titanic estuviera al tanto de dos situaciones históricamente comprobadas: 1. Que para el día 13 de Abril se encontraba navegando mucho más al Norte de lo conveniente, es decir, no al Sur de la barrera de hielo, sino en medio de ella. Y el capitán Smith estaba convencido de navegar al Sur de esa barrera. 2. Las continúas advertencias de la presencia de grandes bloques de hielo (icebergs) a la deriva en el océano desde varios días antes del 14 de Abril. Con lo que, si no hubiese habido silencio de radio en esas 12 horas y hubiera habido avisos de hielo, quizás hubiesen sido tomados más en cuenta, junto con los que se recibieron antes del fatídico choque. El otro tema vital para la seguridad de cualquier barco es poder contar con binoculares. Y, como se sabe,  los dos que había en la cruceta de vigilancia del Titanic desaparecieron misteriosamente o los escondieron y los otros quedaron encerrados debido al “olvido” de un oficial que fue transferido a otro barco y que no entregó la llave a su sustituto. ¿No es todo esto muy extraño? ¡Claro que es extraño y por ello despierta muchas suspicacias! Equipos de primera necesidad para poder cumplir la delicada misión de vigilancia e informar de la presencia de obstáculos como los icebergs, no estaban, no se les podía hallar o los habían escondido. Si esto no es sabotaje ¿de qué otra manera se le puede llamar? Y todo se hace mucho más extraño máxime cuando los ingleses son extremadamente meticulosos en lo que respecta a contar con los equipos necesarios para el correcto cumplimiento de las tareas de seguridad.  ¿Complot criminal? ¿Sabotaje? ¿Autoatentado? ¿Ironías del destino? ¿O maldición satánica?...
A pesar de haber transcurrido ya 99 años de esa tragedia, todavía se desconocen las verdaderas causas que produjeron ese siniestro rodeado de extrañas circunstancias y misteriosas coincidencias, unidas al insólito proceder de su capitán y de algunos pasajeros, así como lo absurdo de su hundimiento; las cuales lo convirtieron en una leyenda negra del mar, circunstancia que aumenta el enigma ya que el lujoso barco estuvo marcado por el infortunio incluso antes de ser construido, como si su nombre aparejase una maldición presentida por muchos, en algunos casos con una asombrosa precisión, efectuada a través de diversas premoniciones o profecías. Después del siniestro se han escrito ríos de tinta y utilizado toneladas de papel en numerosas historias en medios impresos, e incluso se realizaron exitosas películas. Las premoniciones y profecías acerca de este suceso son tan numerosas que el reconocido psiquiatra y parapsicólogo norteamericano Ian Stevenson, de la Universidad de Virginia, estudió e investigó el caso del Titanic. He aquí los  resultados: Hubo 19 casos de personas que antes del naufragio presintieron los hechos con premoniciones, clarividencias y telepatías. Los investigados están relacionados con el Titanic en tres niveles. Los primeros iban a viajar en el barco, otros eran familiares de los viajeros, y otro grupo estaba relacionado remotamente con las víctimas. Otro detalle: la mayoría tuvo la precognición de los hechos mientras dormía, teniendo visiones o sueños de desastres. El doctor Stevenson también constató 7 casos en los que el fenómeno premonición se presentó a horas del naufragio, es decir, cuando aún no habían recibido información alguna. Las premoniciones relacionadas con el Titanic ocurrieron en Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y Brasil, dos semanas antes de que el barco zarpara.
Otros casos insólitos demuestran que las premoniciones influyeron en varias de las personas que habían decidido viajar en ese vapor, quienes llevadas por una especie de sexto sentido decidieron no embarcarse a última hora, anulando sus costosas reservaciones. En esos días muchos pasajeros cancelaron sus reservaciones después de soñar con el desastre, por lo que el lujoso barco zarpó con sólo el 58% de su lista de pasajeros; resultando  increíble que el propio dueño de la naviera, John Morgan, quien acostumbraba viajar en todas las travesías inaugurales de sus barcos, se negara a embarcar en la primera travesía que realizaba el estandarte de su compañía, el mejor barco del momento, el Titanic. Otro caso que llama la atención es el de Lord Gird, propietario de la constructora del Titanic, quien se negó a viajar en su mayor obra, cuando solía hacerlo en los barcos que construía. De igual modo, el acaudalado matrimonio Wanderbrigth, cuyo mayordomo y ama de llaves ya estaban a bordo, diez minutos antes de  zarpar decidió no viajar. También resulta una anormal forma de proceder que un experimentado capitán como Smith ordenara bajar los botes con el barco en movimiento. ¿Por qué los radiotelegrafistas del Titanic tardaron 47 minutos en pedir ayuda? ¿Por qué, pese a los 7 avisos de peligro recibidos por los  radiotelegrafistas, la velocidad del Titanic no se redujo nunca? ¿Cómo pudieron desaparecer de un lugar de difícil acceso como la cruceta de vigilancia los binoculares tan necesarios para detectar cualquier peligro? ¿Por qué un experto marino como el primer oficial Murdoch realizó una maniobra suicida invirtiendo la marcha de las hélices en un barco de singulares características? ¿Cómo pudo permanecer el Titanic por espacio de 25 kilómetros en posición avanti un tercio en sus tres telégrafos, después de que su capitán ordenó arriar los botes? ¿A qué razones se debieron las extrañas negaciones a embarcar? ¿Cómo pudo describir un novelista fielmente el hundimiento del Titanic 14 años antes? ¿Por qué el Titanic no fue bautizado como se hace tradicionalmente cuando se inaugura un barco, lo cual era una regla para la empresa naviera White Star?  A todo esto hay que añadirle la aparición de supervivientes como Edith Haisman y el matrimonio Harrigan, quienes no fueron registrados en las listas oficiales de la White Star. ¿Se trataba de terroristas? Este es otro de los misterios del Titanic.
Lamentablemente, las respuestas  yacen en el fondo del mar, por lo que jamás podrá conocerse la verdad. Del mismo modo, en el fondo del mar yacen los restos que hasta hora quedan de aquel fabuloso barco que, en aquella época, muchos creyeron que “ni Dios ni el Papa pueden hundir al Titanic”…

Películas malditas - Primera parte

En los anales de la historia de la meca del cine, Hollywood, son muchas las películas que han sido consideradas como producciones cinematográficas malditas, ya que el sólo hecho de haberlas realizado, llevó implícito muertes, accidentes, enfermedades o tragedias de actores, productores o técnicos que tomaron parte en ellas. Según los estudiosos de lo inexplicable, se trataría de un Hollywood siniestro y oscuro en lo que lo paranormal se impone, por lo que las explicaciones racionales son difíciles de encontrar. De allí que desde hace muchos años existen películas que no pueden escapar de esa fama trágica de filmes marcados por la fatalidad, eternos en la memoria de los espectadores por su relación con la muerte y lo insólito y porque incluso antes de haberse visto en la pantallas, muchos actores enfermaron gravemente, tuvieron trágicos accidentes, murieron de repente o fallecieron envueltos en acontecimientos violentos. ¿Acaso se trata de guiones malditos que se salen de la ficción para acabar con la vida real de quienes los interpretaron? Sea lo que fuere, se trata de un cine plagado de misterio, traducido en películas malditas de todos los tiempos. ¿O podría ser que el sólo hecho de realizar películas referidas a elementos sobrenaturales o esotéricos pudiera desencadenar la mala suerte o la ira de Satanás? En todo caso, muchas de esas películas parecieron producirse bajo una cadena de fatalidades que, según los trágicos acontecimientos y muertes, tienen que ver con el mas allá, convirtiéndolas, de hecho, en filmes condenados. Hemos de aclarar que no nos estamos refiriendo a películas que fueron fracasos de taquilla sino de haber sido atrapadas en una espiral de maldiciones que provocaron  repentinamente dolores que impidieron trabajar a sus protagonistas o intérpretes, accidentes en algunos de los integrantes del equipo técnico, incendio de decorados, bobinas que desaparecían y hasta familiares de actores que sufrieron aparatosos accidentes o que murieron inexplicablemente. De esta forma, signadas por la tragedia, muchas películas marcadas por la fatalidad han quedado grabadas en la memoria de los espectadores por su estrecha relación con lo insólito, ya que a muchas de ellas se les atribuyen muertes, accidentes, enfermedades graves, epidemias y hasta suicidios. 
La lista de películas malditas es larga, debido a la serie de acontecimientos ocurridos antes, durante o después de sus respectivos rodajes. No obstante, en esta columna nos referiremos sólo a algunas de ellas y, dentro de este recuento, comenzaremos con Rebelde sin causa (1955),  el filme que lanzó al estrellato a James Dean y cuyos tres principales actores (incluyendo a Dean), murieron trágicamente. James no llegó a ver la cinta pues  murió en un terrible accidente automovilístico al chocar su auto contra otro vehículo. Natalie Wood famosa actriz de la época, falleció tiempo después en circunstancias muy extrañas: su cuerpo apareció ahogado en aguas del Pacífico y aunque la versión oficial sostuvo que se resbaló accidentalmente y cayó de su yate, todavía se mantiene la polémica sobre su muerte, pues se cree que fue causada por una disputa con su marido el famoso actor Robert Wagner. Sal Mineo, otro de los protagonistas del film y un sex symbol de la época, murió tempranamente a la edad de 37 años, acuchillado por un repartidor de pizzas que padecía un desorden mental. Lo curioso de su muerte es que coincidió con los papeles que solía hacer de un joven marcado por un final trágico. En 1975 alguien lo encontró muerto a puñaladas en medio de la calle.
Vale destacar que luego del accidente donde perdió la vida James Dean, dada su gran fama, un comerciante de autos usados compró el auto destrozado con la intención de montar una exhibición a fin de apoyar las campañas de prudencia al volante, mostrándolo posteriormente al público, por lo cual cobraba 25 dólares por persona, pero pasado algún tiempo el interés de la gente decayó, por lo que decidió venderlo por partes. Cuando el auto era trasladado a un garaje, se soltó de los amarres del camión y le partió las piernas al conductor. Tiempo después, el motor fue vendido a un hombre que lo instaló en su auto deportivo y cuando se disponía a efectuar su primer paseo, se estrelló contra otro vehículo, muriendo en dicho accidente. Posteriormente, un médico compró la transmisión para adaptársela a su vehículo y también sufrió un accidente en el que resultó herido de gravedad.  Ante la serie de trágicos hechos comenzó a rumorarse que el carro de Dean tenía una maldición encima y los rumores aumentaron cuando un vecino de Nueva York compró dos de las llantas, las cuales se reventaron a los pocos días en forma misteriosa, lo que bastó para que las otras partes de aquel potente y lujoso Porsche Spyder fueran botadas en un cementerio de vehículos. De esta forma terminó la trágica historia del carro del famoso actor.  La maldición de la película alcanzó también a Edward Platt, quien desempeñó el papel de Ray Fremick. Platt murió repentinamente. Aunque al principio se dijo que había sido debido a un ataque al corazón, su hijo declaró que el actor se quitó la vida  luego que terminó la filmación de dicho largometraje. Nick Adams, quien hizo el papel de Chick en la película, también tuvo un trágico final. Su agente lo encontró muerto en su domicilio. Las autoridades no pudieron determinar si se trató de un homicidio o un suicidio, ya que su autopsia reveló que había tomado estupefacientes. En esos mismos días, el director de la película, Nicholas Ray, se sintió muy afectado por la muerte de Dean, gran amigo y persona con la que tenía mucho en común. A raíz de la muerte de Dean, toda la gloria que había alcanzado a raíz del éxito de Rebelde sin causa, fue desvaneciéndose. Y es que después de dirigir esa película Ray no levantó cabeza. Durante el rodaje de 55 días en Pekín sufrió una dolencia cardiaca; cayó en el alcoholismo y en la ludopatía; se convirtió en un adicto a las anfetaminas y  su mujer le pidió el divorcio, pues se había unido sentimentalmente con el hijo del director e hijastro de ella, lo que representó para él una verdadera tragedia. Después le diagnosticaron un cáncer que le mató tras una penosa agonía de dos años. Murió en 1979. 
 Otra de las películas considerada como maldita es El Conquistador de Mongolia (1956), una suerte de biografía de Genghis Kahn, fundador del imperio más grande de la historia, esta se realizó en el desierto de Utah, estado de Arizona, Estados Unidos, a unos 50 grados bajo el Sol. En el proceso de filmación de esta película todo comenzó mal ya uno de sus protagonistas, Pedro Armendáriz se cayó del caballo y le tuvieron que tomar 25 puntos de sutura. Poco después, una pantera casi muerde a la protagonista Susan Hayward. La película fue un fracaso de taquilla pero se hizo famosa debido a que quienes participaron en su rodaje quedaron atrapados en la tragedia. De los  220 integrantes de la película, 91 desarrollaron algún tipo de cáncer y a mediados de 1981, 46 de los enfermos ya habían muerto. El primero en morir de cáncer fue el director, Dick Powell en el 63. Ese mismo año Pedro Armendáriz (uno de los protagonistas) se suicidó al enterarse que tenía un cáncer linfático terminal. Los siguientes en morir fueron Susan Hayward, Agnes Moorehead y John Wayne en los 70, también de cáncer. Los hijos de algunos actores (entre ellos los hijos de John Wayne y Susan Hayworth) que acompañaron a sus padres al rodaje, años después contrajeron cáncer también. Se dice que el origen de la maldición tuvo que ver con las locaciones utilizadas, ya que  la película se filmó junto a unas instalaciones militares donde se experimentaba con bombas nucleares. Sin embargo, la relación entre las pruebas militares y los casos de cáncer nunca fue demostrada. Se estima que éste pueda ser el film que más muertes ha supuesto. En esa época, el diario francés Le Point informó que de 220 artistas y técnicos que tomaron parte en el rodaje, 91 tenían cáncer y 46 habían fallecido debido a esa terrible enfermedad. ¿Un caso de maldición con base real? Parece que fue así, puesto que buscando un paisaje que se pareciese lo más posible a Mongolia, donde se ambientaba la historia, el director y productor Howard Hughes decidió que el rodaje se llevase a cabo en una remota zona del desierto de Utah, donde el ejército norteamericano había llevado a cabo pruebas nucleares, algo que la gente de Hollywood desconocía; de modo que muy probablemente fue la radiactividad la que acabó llevando a la tumba a tanta gente.
La semilla del Diablo (El bebé de Rosemary) 1968Este clásico del terror, dirigido y producido por Roman Polanski, protagonizado por Mia Farrow, aterrorizó a varias generaciones con una pesada trama de asesinatos y culto al señor de las tinieblas, mediante una mujer que da a luz al hijo del diablo y todo un complot circundante que permite al niño cumplir el terrorífico plan de dominación. El bebé de Rosemary – como también se conoce a esta película - cuenta la historia de una mujer embarazada acosada por una secta diabólica de la que forma parte su propio esposo. En el caso de este film llaman la atención aspectos extraños como el del actor Anton La Vey, quien participó en la película  representando a un sacerdote oscuro luego fundó una organización conocida como la Secta de adoradores de Satán. Por otro lado, varias escenas de este filme fueron llevadas a cabo en el edificio Dakota, en New York, considerado como un edificio maldito, el cual fue lugar de residencia del actor Boris Karloff, de quien se decía que practicaba las ciencias ocultas y  adoraba al demonio. Vale recordar que frente a las puertas de ese mismo edificio fue asesinado por un fanático el cantante John Lennon, ex integrante de The Beatle. En esa ocasión, tras ser arrestado por la policía, su asesino confesó haber recibido órdenes del Diablo para matar a Lennon. Insólitamente, la tragedia que describe el guión de esta película luego enlutaría la vida de su director, puesto que después de haber sido estrenada, la maldición llegó en forma de inusitada crueldad a la residencia de Roman Polanski, situada en el número 10.050 de Cielo Drive, en Beverly Hills, Los Ángeles, donde su esposa, la bella actriz Sharon Tate, embarazada (igual que el personaje de la película), ofrecía un agasajo a un pequeño un grupo de amigos. Polansky no estaba presente ya que se hallaba trabajando en Londres. Ese día, 9 de agosto de 1969, exactamente en la madrugada, cuatro miembros de la secta satánica de Charles Manson (un desequilibrado y drogadicto que decía ser una fusión de Dios y el diablo) irrumpieron en la casa armados de cuchillos, pistolas y un rifle y mataron a todos, salvajemente, a cuchilladas y a balazos.
A Sharon Tate, quien tenía ocho meses de embarazo, le asestaron 16 puñaladas y luego, con su sangre escribieron en la pared la palabra Pigs (cerdos). Aquello fue una carnicería con cuerpos descuartizados por todas partes. Las víctimas presentaban múltiples heridas de armas blancas. Fue tan brutal y dantesco el despiadado ataque que Voytek Frykowski recibió más de 50 puñaladas. La masacre fue terrible: las paredes del domicilio quedaron salpicadas de sangre, restos humanos se encontraron en diversas partes y con la sangre de sus víctimas, los asesinos escribieron mensajes obscenos en las paredes. Manson, adorador del diablo, fue posteriormente detenido y condenado a cadena perpetua junto con su banda de locos asesinos-satánicos y drogadictos Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houtten. Aquella orgía de sangre jamás podrá olvidarse. La lujosa mansión  donde ocurrieron los despiadados crímenes fue derribada en 1994, debido a que nadie quería vivir en ella. En ese crimen múltiple que conmovió a la opinión pública mundial llaman la atención varios detalles relacionados con el rey de las tinieblas: Sharon y su marido habían participado en dos películas sobre el diablo. Sharon protagonizó El ojo del diablo, interpretando a una campesina con poderes maléficos y Polanski dirigió también La semilla del diablo. En el transcurso del estreno de esta última, el director declaró a la policía que había recibido varias cartas amenazantes, que según sus respectivos contenidos le dieron a entender que el asesinato de su mujer fue el resultado de algún tipo de maldición. Posteriormente, en uno de los interrogatorios a los cuales sometieron a los asesinos, estos afirmaron que mataron a su mujer y a las demás personas porque el diablo se los había ordenado. En la actualidad, Charles Manson tiene 75 años de edad y, junto a los otros asesinos de su secta satánica, cumple una sentencia de cadena perpetua por haber matado a siete  personas en 1969.
El Exorcista (1973). El horror que refleja esta película trascendió a la vida real, pues su filmación estuvo llena de accidentes fatales: un escenario se incendió y murieron 9 personas, entre ellas, los actores Jack McGowran y Vasiliki Maliaron.  Cuando William Peter Blatty escribió El exorcista nunca pensó que su obra se convertiría años después en uno de los clásicos del género del terror, que cercano a cumplir 40 años de haberse filmado, todavía causa pánico en quienes se atreven a verla. Esta película está basada en una historia sucedida en un suburbio de Washington y trata sobre la posesión demoníaca de un adolescente de catorce años. La versión que William Friedkin rodara en 1973 con Ellen Burstyn (como Chris McNeill), Max Von Sydow (como el padre Merrin), Jason Miller (como el padre Damien Karras), Lee J. Cobb (como el inspector Kinderman) y Linda Blair (como Regan McNeill) en los papeles principales, trata acerca de  una adolescente que vive con su madre y comienza a sufrir extraños cambios en su comportamiento que provocan el terror de la madre porque su niña se convierte en un monstruo satánico. Los médicos no ven nada raro en ella pero la pequeña cada vez se torna peor. Su madre decide recurrir a un cura para que le ayude y las dudas del padre Karras se volatilizan cuando comprueba que alrededor de la pequeña hay un ambiente satánico, los muebles se mueven solos y la niña presenta heridas en su cuerpo que se realizan a la vista de los presentes sin que haya una mano visible que las provoque. Según los propios actores y parte del equipo técnico, “sucedieron muchas cosas extrañas durante la filmación que nos mantuvieron en vilo continuamente. Era tan cargado de tensiones el ambiente que después de cada día de trabajo la mayoría de nosotros acudíamos a la iglesia a buscar ayuda espiritual, asustados por algunos hechos misteriosos que sucedían en el sitio del rodaje”.  Detrás de la película existió un misterio que se guardó celosamente a fin de no ser revelado, puesto que se creía que involucraba a las personas relacionadas con la filmación.
Cuando se empezó a rodar algunos advirtieron que se trataba de una obra satánica. Según la actriz Ellen Burstyn, “durante el rodaje ocurrieron una serie de hechos inexplicables: algunos técnicos sufrieron accidentes que estuvieron a punto de ser mortales ya que uno de los sets se incendió inexplicablemente y los productores tuvieron que retrasar el rodaje durante seis semanas. Hubo incluso rollos de película que se velaban sin causa aparente, fallecían personas allegadas a los integrantes de la película y el equipo estaba cada vez más histérico. Se decía que alguien trataba de sabotear la película”. ¿Sería el mismo Demonio? Viendo el estado de nervios en que se encontraba su equipo,  Friedkin, decidió a llamar al reverendo William O’Malley, para que bendijera a los integrantes del elenco cada día antes de empezar a filmar. Jack McGowran, quien interpretó el personaje de Burke Dennings, murió días después de que se filmara su muerte en la película. Entonces se comenzó a  pensar que el filme tenía una maldición, pues antes de su estreno y pocos años después, fallecieron nueve personas relacionadas con la producción. Vasiliki Maliaros, quien hizo el papel de madre del Padre Karras, falleció el 9 de febrero de 1973 en Nueva York.
Durante la filmación de la película, la actriz Ellen Burstyn sufrió una lesión espinal permanente. Sucedió que en la escena donde su hija poseída la lanzaba lejos contra el suelo, el arnés que la tenía sujeta, tras varios intentos, le dio un tirón más fuerte de lo previsto y se cayó con violencia sobre sus coxis. También, Linda Blair se lesionó la espalda cuando era lanzada contra la cama. Durante los descansos se escuchaban voces extrañas  que parecían venir de la parte posterior del set, pero era imposible que allí hubiese alguien porque lo dividía una pared de casi cinco metros de altura. En el  incendio que dañó gran parte del set de filmación perdieron la vida cuatro trabajadores  y las otras personas que trabajan allí solicitaron que un sacerdote acudiera a bendecir el lugar de trabajo para ellos poder continuar con sus labores. El director murió de un ataque al corazón. Según entrevistas que les fueron realizadas después de haberse estrenado la película los protagonistas y demás trabajadores del film declararon que su vida había cambiado para siempre. Otro extraño hecho: tras terminar la filmación, su director llevó la producción al 666 de la 5ª Avenida, “porque así lo había prometido”. ¿Prometido a quién? ¿Acaso al demonio?  Otro hecho que le pone los pelos de punta  a cualquiera es que tras la premiere de la versión teatral de la misma obra en el Theatre Comedy de Londres, la protagonista, Mary Ure, falleció en extrañas circunstancias en su habitación. La película causaba tanto terror en los espectadores que la empresa productora se vio obligada a colocar ambulancias en las puertas de los cines en varias ciudades de los Estados Unidos, porque había quien no resistía el terror y algunas personas sufrían terribles ataques de nervios, e incluso se cuenta que una mujer sufrió un aborto debido al terror que sintió. Por esas circunstancias durante unos años estuvo prohibida su proyección en Gran Bretaña, Suecia y Finlandia. No se puede jugar con el diablo, sin sufrir algún tipo de consecuencias. La muerte de nueve personas relacionadas con la película durante el año que duró la filmación, parece demostrar que los temores de casi todos sus integrantes no eran infundados. Para los incrédulos es muy fácil tratar de interpretar estos hechos como parte de una maniobra publicitaria, pero no es nada común que se produzcan tantas muertes durante la filmación de una película. Por si fuera poco, El Exorcista le costó prácticamente su carrera cinematográfica a Linda Blair, ya que luego de realizar ese filme fue considerada como una persona con una pesada imagen satánica que no pudo quitarse nunca de encima, al extremo que posteriormente a su éxito en El Exorcista fue muy pocas veces contratada para realizar otras producciones.
C o n t i n u a r á

Películas malditas - Parte final

Superman. Llevada al cine en varias ocasiones y en distintas fechas, es sin duda uno de los íconos del cine maldito. Bud Collyer fue el primer actor en dar vida al personaje. Lo hizo sólo con su voz en los dibujos animados que se realizaron en los años 40 y volvió a hacerlo en otra serie sobre el personaje en los años 60. Tres años más tarde murió por “leves problemas circulatorios”. La historia puede parecer tal vez una advertencia de lo que habría de ocurrir después con el siguiente actor en dar vida al hombre de acero. Kirk Alyn, quien fuera el primero en interpretarlo en 1948 en dos seriales, posteriormente padeció el olvido más cruel por parte de los productores. No obstante, en la película de 1978 hizo el papel del padre de una pequeña Lois Lane en una escena que fue cortada del metraje original. En la década de los 50, el actor George Reeves quien interpretó al superhéroe en la serie de TV, apareció muerto de un disparo en la cabeza; oficialmente fue considerado suicidio, pero según otros, el hecho ocurrió jugando borracho a la ruleta rusa y también hay quien dice que fue víctima de un delirium tremens causado por su alcoholismo el que le llevó a creerse inmortal como su personaje.  
El segundo en interpretarlo, Christopher Reeve, tras saborear el éxito de la saga cinematográfica sufrió un terrible accidente montado en un caballo que lo dejó inmóvil (tetrapléjico), paralizado de las cuatro extremidades por cerca de diez años, del cual nunca se pudo recuperar, muriendo el 10 de octubre de 2004 debido a una falla cardíaca; dos años después fallecía su esposa de cáncer al pulmón. Por su parte, Margot Kidder, que interpretó a Lois Lane, sufrió graves desórdenes psicológicos, que provocaron incluso que fuera recluida en un sanatorio para enfermos mentales. Richard Pryor, quien intervino en Superman III fue víctima de una esclerosis múltiple y murió el 10 de diciembre de 2005. El último afectado del elenco fílmico fue Marlon Brando, que si bien tuvo la suerte de una gran carrera en Hollywood su vida privada estuvo plagada de tragedias y muertes. Su hijo Christian asesinó a Dag Drollet, el novio de su hermana, por lo que fue condenado a 10 años de prisión. En 1995 su hija, Cheyenne, se suicidó. Ya entrados los noventas la pareja protagonista de Lois y Clark, Las nuevas aventuras de Superman, también sufrió a causa de la maldición: el actor Dean Cain fue condenado al olvido y Teri Hatcher padeció de anorexia temporal. 
La Profecía (1976).  Al equipo de esta película le pasó de todo.  El hecho más significativo de la película fue que John Richardson, encargado de los efectos especiales, sufrió un accidente automovilístico un viernes 13 (poco después del rodaje de la película), en el que murió su acompañante. Lo más curioso es que el accidente tuvo lugar en el kilómetro 66’6. Son muchas las casualidades terribles en torno a esta película. Gregory Peck (Robert Thorn), iba en un vuelo directo a Los Ángeles cuando su avión fue alcanzado por un rayo. Un día todo el equipo se dirigía hacia la estación de metro de Green Park, cuando estalló una bomba en un atentado del IRA. La mayoría de los integrantes del equipo fallecería después en un avión. Gregory Peck, el protagonista, y Richard Donner, el director, tomaron aviones distintos para llegar al Reino Unido y a cada una de las dos naves les impactó un relámpago. Durante el proceso de filmación un grupo terrorista asolaba Londres y Peck se salvó de milagro de morir en uno de esos ataques, pues su restaurante favorito fue objeto del estallido de un bomba horas después de que el actor cancelara su reservación para cenar. El especialista de efectos especiales, John Richardson, fue quien coordinó la escena de la decapitación en la película. Durante la post-producción del filme, su novia fue decapitada en un terrible accidente. Vale comentar que la trama de esta película se metía mucho con el hijo del diablo. Otro hecho que llama la atención es que un avión que iba a ser usado en el rodaje en 1976 se estrelló y todos sus ocupantes murieron. Durante el rodaje Gregory Peck sufrió la muerte de su hijo. 
El juego de la muerte (1978). Protagonizada por Bruce Lee, quedó registrada como una temible profecía que iría a cumplirse años después de su muerte. En ella, Lee hacía el papel de un actor famoso que sufría la persecución de una organización mafiosa y por tanto decide fingir su propia muerte. Fatalmente, muere antes de terminar la película, en circunstancias que dieron lugar a numerosas especulaciones. Una de ellas aseguraba que fue asesinado por las Triadas de Hong Kong: mafias chinas que se confabularon para acabar con su vida por no colaborar con ellas ni ceder a sus chantajes. Otra tesis plantea que fue envenenado por Los Maestros de las Artes Marciales, como venganza por haber revelado sus secretos. Bruce sigue siendo el ícono de las artes marciales. Mientras filmaba El juego de la muerte sufrió un fuerte dolor de cabeza por lo que una amiga le dio un analgésico. Bruce se tendió sobre la cama y nunca más despertó. La cinta fue terminada de rodar con imágenes de archivo y algunos dobles. Más tarde, su hijo Brandon corrió la misma suerte, en el mismo set de grabación. El Cuervo (1994).  Años más tarde, el director Robert Clouse decide terminar el film utilizando dos dobles de Bruce y algunas escenas de archivo. En 1994, Brandon Lee, hijo de Bruce, actor y practicante de las artes marciales, estando filmando El Cuervo, es herido de muerte durante un accidente de filmación. El círculo termina de cerrarse. La muerte de ficción ideada por Bruce Lee se vuelve real años más tarde en el cuerpo de su propio hijo. 
La trilogía Poltergeist (1982, 1986 y 1988).  Esta trilogía de fenómenos paranormales, repleta de efectos especiales, se llevó - entre otros - la vida de dos de sus actrices principales, las cuales descansan, una cerca de la otra, en el cementerio de Westwood, en Los Ángeles. En el primero de los films, la actriz Dominique Dunne interpreta a la hija mayor del matrimonio quien, junto a su hermano, es acosada por una horda de entes que se comunican a través del televisor. Luego del éxito de la película, Dunne trabajó en varios proyectos, con una perspectiva laboral brillante. Pero todo quedó en la nada, la noche que su ex novio, quien la maltrataba físicamente, se presentó en su casa y luego de una discusión y un posterior arranque de ira, la arrastró hasta la calle y la estranguló. Dunne permaneció cinco días con una parálisis cerebral (muerte cerebral) en un hospital, hasta que se decidió su desconexión. La saga continuó con su secuela en 1986 y con ella, la muerte del actor Julian Beck, de cáncer de estómago, que no llegó a filmar una sola escena. Llegado a este punto y sabiendo que varios de los esqueletos utilizados en algunas escenas eran reales, el equipo de filmación solicitó un exorcismo del set, el cual fue realizado. Para la tercera parte, rodada en un gigantesco edificio, las calamidades continuaron. Primeramente, la actriz Zelda Rubinstein (que hacía el papel de la médium), tuvo que abandonar el set debido a la inesperada muerte de su madre. En segundo término, seis años más tarde y a poco de finalizar el rodaje de Poltergeist III, Heather O’Rourke la pequeña protagonista de 12 años de edad, se levantó un día con un fuerte dolor en el pecho y poco después falleció en un hospital, con un diagnostico fatal: estenosis intestinal. Por dicho motivo, la película fue terminada con una doble.  La mala fortuna también causó desapariciones como la de Will Sampson, convocado para interpretar a un chamán con poderes curativos en Poltergeist II. Al terminar el rodaje fue diagnosticado con un cáncer que lo llevó a la tumba. Otro actor, Julián Beck, quien en la segunda parte encarnaba a un sacerdote malvado, al terminar el rodaje fue hospitalizado en una clínica de Los Ángeles y en 1985 murió de cáncer de estómago. 
Batman, el caballero de la noche (2008). ¿Acaso se trata de la película maldita más reciente? Desde que se terminó de rodar, episodios trágicos acosaron a tres de sus personajes. Primero, la muerte del actor australiano Heath Ledger, quien hizo el papel de El Guasón, apareció muerto en enero de 2008 en su habitación, tras haber ingerido una sobredosis de somníferos y ansiolíticos. Tiempo después, el británico Christian Bale fue arrestado por haber atacado a su madre y hermana en Londres. Finalmente, Morgan Freeman, sufrió un accidente automovilístico y, poco después de ser dado de alta, se divorció de su mujer.  En este recuento hemos hecho alusión sólo a algunas de las tantas películas malditas de Hollywood. Ahora queda que cada uno de nuestros lectores saque sus propias conclusiones sobre las misteriosas maldiciones que han propiciado que muchas de esas películas hoy se recuerden como producciones estrechamente ligadas a tragedias, accidentes, enfermedades o muertes.